COLUMNISTAS

No se lo merecía

A 40 años de su asesinato a manos de la Triple A, Silvio Frondizi también es víctima de la reescritura kirchnerista de la historia argentina. 

Quiero retomar ahora mismo una vieja costumbre. Nunca dije que mi comentario editorial cotidiano estaba directamente vinculado con los sucesos del día o de la semana. Por el contrario, a lo largo de tantos años en esta brecha, he perseverado una y otra vez en la idea de que un editorial, un comentario, una opinión, pueden ser perfectamente contra cíclicos. O sea, no tener aparentemente actualidad. Sin embargo, cuando uso la palabra “aparentemente”, estoy dando por hecho que lo que no parece demasiado vigente tiene mucha vigencia. Para hacerlo, en este preciso momento, me voy a tomar, solo como punto de partida, de un pretexto, una manera discursiva de hincarle el diente a la temática, en una fecha que se recordó esta semana, y es el 40º aniversario del asesinato del doctor Silvio Frondizi.

El hecho de haberlo conocido y tratado, siendo yo apenas un adolescente, y el hecho de que en los primeros años de la década del ‘70 volví a estar en contacto con él, en circunstancias personales muy importantes para mi vida, me dan no una autoridad, que nadie la puede tener, sino en todo caso un conocimiento de la familia Frondizi, y particularmente de Silvio Frondizi, a quien aprecié, estimé y reconocí durante toda mi vida, aún en la discrepancia y divergencia de opiniones. Pero claro: cuando yo conocí a Silvio Frondizi él tenía edad para ser mi padre; me llevaba 38 años. Pero este comentario no deriva sólo de la vida de Silvio Frondizi, sus ideas, su ideología, que nunca fueron un misterio para nadie, Silvio –como lo llamábamos a secas sus seguidores adolescentes-  nunca ocultó ser un socialista revolucionario, o un marxista a secas, aun cuando no creo que jamás se haya reconocido como marxista-leninista. Pero me inspira no este dato, que podría tener poco interés para la audiencia o para quienes me leen en www.pepeeliaschev.com todos los días, sino al hecho de que, cumpliendo con una especie de karma argentino, al recordarse el vil asesinato de Silvio Frondizi durante el gobierno peronista, se pretenda convertirlo en lo que no fue, o en lo que no fue solamente.

Silvio no fue solamente un fenomenal argumentador de las grandes cuestiones, un polemista colosal; no era sólo un “hombre de ideas”. Aún cuando yo era un devoto auditor de sus clases públicas cuando enseñaba Derecho Político en la Facultad de Ciencias Económicas y yo cursaba los primeros años de la secundaria. Sin embargo íbamos con un grupo solo a escucharlo, porque Silvio comunicaba no solo honestidad y honradez, sino una formidable versación y un apasionamiento poco habitual en el mundo de la política. Fue eso esencialmente, pero fue más que eso. Redactó algunos libros centrales para comprender el siglo XX argentino. El más importante de ellos, “La realidad argentina”, un libro que la vida ha sido tan generosa conmigo que me ha permitido recuperar y tener como uno de los objetos más preciados. La realidad argentina es un estudio en dos volúmenes sobre la estructura del capitalismo argentino y mundial, y su proyecto de revolución socialista.

Pero además hizo otros libros. Fue un hombre dedicado a la tarea académica, y yo fui uno de esos adolescentes trémulos, que colaboraba con la biblioteca de Silvio en la aún hoy existente casa, donde tenía su muy humilde departamento, en Cangallo 4474 (recuerdo con nitidez, sin haberlo escrito, esa dirección tan importante para mi adolescencia). En el departamento de al lado de su vivienda personal, donde vivía con su mujer Pura y sus hijos, Silvio Frondizi tenía una biblioteca y un archivo de ideas sociales, políticas y económicas, y yo colaboraba en el ordenamiento de ese archivo; por eso lo conocí y por eso tuve el privilegio del afecto de él.

Pero a medida que pasaban los años, Silvio Frondizi, que había fundado el Movimiento de Izquierda Revolucionaria Praxis, que se definía por un perfil marcadamente diferenciado y crítico de la experiencia soviética, a la que calificaba de dictadura burocrática, y que también se había diferenciado del trotskismo en boga, se fue incorporando casi inexorablemente a la pulsión militante. Y ya a fines de los años 60 fue uno de los fundadores, por no decir el inspirador, de las Ligas de Acción y Resistencia Popular, una organización vecinal que se desarrolló en algunos partidos del Gran Buenos Aires.

A medida que transcurrieron los años ‘70, cuando la oleada revolucionaria impactó de lleno en América Latina y en Argentina, Silvio Frondizi tomó partido. Y en la segunda etapa de la revista Nuevo Hombre, cuando el Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) se adueñó de la revista, luego de una primera etapa en la que supo ser  independiente de los partidos, Silvio Frondizi como figura emblemática -abogado, polemista, educador, catedrático, ensayista, defensor de presos políticos– asumió la dirección. Al momento de su asesinato, el 24 de septiembre de 1974, ejecutado por las bandas parapoliciales de la Triple A en pleno gobierno peronista bajo la presidencia Isabel Martínez de Perón, es absurdo negarlo, Silvio Frondizi había tomado partido. Había terminado alineado o simpatizando con las posiciones del PRT – ERP.

Por eso me parece sencillamente justo, en un país tan sometido a las deformaciones de la historia reciente, recuperar, incluso en sus errores, o en sus pasos en falso, o en sus exabruptos si se quiere, uno de los datos centrales de la historia política argentina. Porque, efectivamente, no se trataba solo de una lucha entre ideas diferentes. La vida política argentina se había polarizado y Silvio Frondizi había tomado posición. O sea que en el reconocimiento de su formidable labor intelectual, tan formidable como polémica, aún cuando él tuvo la lucidez y perspicacia de diferenciarse de manera tajante de la terrible experiencia soviética y de tener una mirada crítica, inclusive, de la China de Mao,  Silvio era algo más que solo un “hombre de ideas”, era un hombre de acción. Fue un hombre de acción vilmente asesinado por los criminales que ya estaban en la cresta del poder en septiembre de 1974.

Hay una tendencia en nuestro país, sobre todo en estos últimos años de reescritura del relato kirchnerista, de identificar del lado de la insurrección armada a gente que nunca habría cometido ningún episodio concreto de insurrección o ataque armado. No fue así. En la Argentina hubo guerrilla, hubo accionar armado, hubo también, en una etapa muy marcada y cruel, terrorismo puro y duro desde las organizaciones de izquierda y desde las organizaciones llamadas peronistas.

En el caso de Silvio Frondizi, negar ese perfil militante es una nueva hipocresía que él no merecía. Cayó como vivió: fiel a sus ideales, jugado absolutamente a su causa, dejando una invalorable obra intelectual para las generaciones venideras. Quienes lo conocimos, lo quisimos, respetamos su hombría de bien, su tajante conducta en defensa de los grandes valores, que lo llevó a ocupar la cátedra en las universidades nacionales de Tucumán y de Buenos Aires, debemos homenajear a Silvio Frondizi, sobre todo mirando al futuro, como lo que fue: un hombre que unía las ideas a la acción. Cualquier otra cosa sería una mirada cínica e igualmente impregnada de lo que hoy está en boga, cuando la reescritura del relato implica imaginar a la Argentina como una tierra de inocentes, en donde una de las partes encarnaba el Bien y la otra encarnaba el Mal.

No se reconocería en eso Silvio Frondizi, y me parece, en ese sentido, muy oportuno y actual decirlo frente a un micrófono.

(*) Emitido en Radio Mitre, el martes 30 de septiembre de 2014. 



Pepe Eliaschev