COLUMNISTAS COMERCIO EXTERIOR

No siempre lo nuevo es tan nuevo

PERFIL COMPLETO

La creación de la Agencia de Promoción de Inversiones y Comercio culmina el proceso iniciado por Guillermo Moreno en 2011 para apartar a la Cancillería de los temas económicos y comerciales con la designación de Beatriz Paglieri como secretaria de Comercio Exterior. El ex secretario nunca confió en los funcionarios diplomáticos y calificaba como “blandas” sus posiciones en las negociaciones internacionales. El ascendiente político del secretario de Comercio influyó para que el entonces canciller Héctor Timerman no pusiera objeciones al desmembramiento de su ministerio.
El Decreto 13/2015 del nuevo gobierno que fija las competencias de los ministerios otorga la prioridad de las negociaciones económicas y promoción del comercio exterior al Ministerio de la Producción, en cuyo ámbito funcionará la Agencia. El ministerio tendrá a su cargo los aspectos político-económicos, la conducción de los órganos comunitarios surgidos de los procesos de integración, la definición, ejecución y promoción de la política comercial incluyendo las negociaciones internacionales “así como en la conducción del servicio económico y comercial exterior” (punto 27). La administración de la Fundación ExportAr estará también a cargo de este ministerio.

La Cancillería incorporó el Servicio Exterior Económico en 1991 por iniciativa del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Domingo Cavallo, para centralizar las negociaciones económicas y aprovechar las estructuras de las embajadas para la promoción comercial. El proceso de fusión de ambos servicios no estuvo exento de conflictos, que se fueron diluyendo con el paso del tiempo. El Instituto de Servicio Exterior modificó sus planes de estudio para incluir los temas económico-comerciales y camadas de diplomáticos egresaron con conocimientos en la materia. Las posiciones en las negociaciones eran consensuadas y compartidas siempre con la Secretaría de Comercio Exterior. El punto crítico de este proceso apareció con la irrupción de Guillermo Moreno y luego con el ministro Axel Kicillof. En términos teóricos, este cambio podría explicarse por la decisión política de fortalecer el mercado interno aislando la economía del mercado internacional. Era la Argentina del superávit comercial basado en los altos precios de las exportaciones de soja y minerales mientras el Mercosur languidecía concentrándose en las declaraciones políticas.
El Mercosur renunció también a tener una mayor participación en negociaciones económicas globales. Las tratativas con la Unión Europea se encaminaron hacia un callejón sin salida y tampoco se formularon opciones con otras regiones para intentar ampliar los mercados de exportación. La prioridad era contener las importaciones sin pensar en nuevas alternativas para las exportaciones.

Los planes de crear la Agencia de Promoción aparecen en una nueva coyuntura donde está desapareciendo el superávit comercial y se necesita mejorar la competitividad para poder competir en los mercados internacionales. La ubicación dentro de la estructura del Ministerio de la Producción parecería buscar la coordinación entre cambios productivos internos y facilitar al mismo tiempo el acceso a los mercados externos. Pero la creación de una nueva estructura demandará tiempo y capacitación; la implementación difícilmente pueda hacerse en el corto plazo. La Argentina ya recorrió esa experiencia con la fusión del servicio exterior con el servicio económico y sabe que no siempre lo nuevo es tan nuevo y muchas veces el cambio de forma o personas no implica el cambio del contenido.
Desde 2002, los ministros de Relaciones Exteriores tuvieron una escasa formación o interés en la economía delegando en las segundas líneas el manejo de esas áreas. Esta falta de atención por un área sensible en las relaciones internacionales ha sido un incentivo para el desguace del ministerio. Pero difícilmente constituya una solución generar estructuras alternativas sin contar con una definición política de los objetivos nacionales. La nueva ubicación en la estructura administrativa corre el riesgo de malgastar un tiempo que la Argentina no puede perder ante los cambios que se están manifestado en las negociaciones económico-comerciales internacionales.

*Embajador.



Felipe Frydman