COLUMNISTAS ENTREVISTA A GUSTAVO GROBOCOPATEL

“No somos un país al que el mundo vea como algo serio”

El empresario conocido como “el rey de la soja” realiza un balance del estado del campo, donde los costos aumentan y no parecen detenerse. Anuncia que este año se va a sembrar menos mientras aumenta el déficit de tecnología. Vaca Muerta y la necesidad de crear las condiciones para atraer nuevas inversiones al país.

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Foto:Néstor Grassi

Mientras el calor agobia a los porteños observamos que no sólo los automovilistas pagan, entre nosotros, altos precios por la nafta y el gasoil pese a la caída de la cotización internacional del petróleo. También los productores agropecuarios están en una situación semejante.  

A punto de tomar un vuelo hacia los Estados Unidos adonde intervendrá en un evento organizado por la Fundación del ex presidente Clinton y el Banco Interamericano de Desarrollo, Gustavo Grobocopatel (el así llamado “rey de la soja” aunque le desagrada el título) confirma este escenario rural: —Sí, el gasoil tiene un impacto importante en las labores del campo; también importante en el flete. Impacta, por otra parte, en varios temas de costos. Y no es sólo por el problema del gasoil. Hoy, el campo tiene mucho mayores costos que cinco o diez años atrás, porque también la tecnología se ha hecho más costosa. Las semillas son más caras; hay que usar más cantidad de elementos sanitarios. Una de las cosas que ha ocurrido es que ha habido resistencia en las malezas al famoso glifosato y por lo tanto ahora se usan otros productos. Le diría que, en general, lo que ha ocurrido en el campo es una inflación de costos muy importante. Mientras los precios subían no había problemas, pero el tema es que ahora los precios bajaron muchísimo y emerge todo este problema de los costos y la gravedad que esto tiene. Hoy tenemos, repito, un grave problema de costos y el gasoil es uno de ellos.

—Las informaciones que se publican señalan que los que más han sufrido son los granos: ¿es así?
—Bueno, entre la suba del combustible y la baja en el precio de los granos esto se ve con claridad. Por lo menos se necesita un 70% más de granos para pagar una unidad de combustible.

—Y en cuanto a la soja, ¿es cierto que el Banco Nación les restringió el crédito y que el año que viene les cerrará definitivamente el financiamiento si los productores siguen almacenando granos?
—No sé exactamente si hay una disposición formal sobre ese tema. Creo que, si esto ocurre, lo que va a suceder es que se restrinja más la inversión. Es decir que los productores, al no tener acceso a esos créditos, no comprarán maquinarias ni renovarán el equipamiento… no creo que esta situación impacte sobre la dinámica de la venta de la soja porque la venta de la soja está vinculada con que el productor va vendiendo para vivir a medida que va necesitando el dinero. El productor prefiere quedarse “en soja” que quedarse “en pesos” y esto va a seguir ocurriendo haya o no
haya crédito.

—¿Es correcto el razonamiento según el cual, Estados Unidos, al ampliar muchísimo la superficie sembrada, ha hecho bajar los precios?
—Lo que ha habido es un poco de aumento. Más que nada un aumento de productividad. Los rendimientos han sido mayores y creo, entonces, que el problema es coyuntural. Hay un aumento de precios porque rindió mucho y en la medida que rinda menos o que haya alguna crisis (no por exceso, sino por defecto) los precios van a tender a ubicarse en un nuevo punto de equilibrio un poco más alto que el que tenemos hoy.

—¿Esto va a influir en que se siembre menos soja?
—Lo que estamos viendo este año son dos cosas: una, se va a sembrar menos. Le explico: en general a veces se siembra soja, pero se siembra menos maíz. En general, también, en Argentina la cantidad de hectáreas va a ser menor y lo que observé la semana pasada en una gira que hice, es la caída brutal en el uso de tecnología. La gente no usa el gas fertilizante (o muy pocos fertilizantes); las semillas que emplea son semillas viejas que ha ido guardando… Por ejemplo, ya no se usan inoculantes que es una cosa relativamente barata y muy obvio el impacto. Realmente este año hay una estrategia de ajustarse terriblemente en el tema de costos y demás. Tuve discusiones con algunos técnicos y con algunos empresarios y esto es bastante racional porque con la estructura de costos que tenemos ahora (costos altos con precios bajos) esto hace que la gente no invierta en tecnología porque en ese caso invertiría para producir mucho de algo que vale poco. Entonces esto no se justifica económicamente.

—Sí, usted lo explica claramente, pero ¿qué pasa, por ejemplo, con el maíz?
—El maíz es peor que la soja porque el maíz necesita más insumos, la semilla es más cara, hay que usar más fertilizantes… Mire, los cultivos son los que más se deterioran frente a esta estructura de costos y también impositiva (las retenciones impactan ahí). Le explico: impactan primero sobre el trigo y el maíz. Luego, sobre el girasol y por último sobre la soja porque es el cultivo que menos insumos necesita…

—¿Y el trigo?
—Para el trigo lo que está pasando ¡es una calamidad! El trigo es un cultivo fundamental que, además, se hace en doble cultivo con la soja. Hacer más trigo no significa hacer menos soja porque se hacen dos cultivos en el año. Podríamos estar exportando a Brasil. Equilibrando la balanza con Brasil… Tener el doble de producción de trigo seguramente abarataría el precio del trigo y, también, el precio del pan en términos proporcionales y lo que hay que solucionar es algo bastante simple que, a la postre, hace que uno no entiende ¡por qué se genera esta situación! Fíjese: lo que está sucediendo ahora es que el precio teórico al que debería pagarse el trigo es de 170 dólares por tonelada y se está pagando 120. Es decir que hay 50 dólares que se pierden en la cadena de valor, porque frente a estas situaciones en las que los mercados no pueden funcionar fluidamente (por estas restricciones que pone el Gobierno) hay gente obviamente, en la cadena de valor, que trata de aprovechar la situación… O, muchas veces, no es que trata de aprovechar la situación: ¡tampoco la aprovecha! Es que no puede comprar a más de 120 la tonelada porque, luego, no la puede vender ni a 170, ni a 150, ni a 140. En este caso la diferencia de precio está  vinculada con que, al no poder exportar no hay mercado donde vender el trigo y el trigo sobra. Al sobrar, nadie quiere comprarlo o espera a que la gente que esté apurada por vender tenga que hacerlo a 120 dólares. En ese caso, la falta de créditos del Banco perjudica doblemente al productor, porque el productor podría tomar un crédito para no vender el trigo y esperar, así, a que suba. También, cuando se le restringe el crédito el productor financieramente no tiene más remedio que vender ¡regalándolo!

—Volviendo entonces a lo que comentábamos recién: ¿habría una similitud entre las restricciones del Banco Nación a los productores de soja con la situación de los créditos a los productores de trigo?
—Sí. Uno toma crédito para la soja, pero digamos que va a una bolsa que generalmente es el capital de trabajo del productor. El productor hace soja, trigo, maíz…

—Y a propósito de combustibles: ¿cómo ven ustedes, productores rurales, el tema de Vaca Muerta? ¿Es cierto que el aumento de la producción en yacimientos no convencionales de Estados Unidos nos está afectando en cuanto a posibilidades de inversión?
—Yo no soy un experto en combustibles como para dar una opinión sobre este marco. Lo que sí es cierto es que, hace unos 15 días, estuve visitando Vaca Muerta y quedé impresionado con el potencial que tenemos allí. Evidentemente, si los precios bajan… no sé cuál es el valor, el equilibrio, a partir del cual se justifica, o no, económicamente. Pero creo que más allá de justificarse económicamente, en el caso de YPF que tiene integrada la distribución, la refinación y demás, yo creo que es una inversión estratégica y que si uno no explora esos recursos son potenciales. No son reales. Entonces, me parece que Argentina (por lo menos YPF) debería sostener una estrategia de exploración y poner en valores esos yacimientos que tenemos. Por lo que me explicaron, lo que se está explotando es el 3% del total y que, en ese 3%, si las inversiones vienen rápidamente en seis o siete años podríamos llegar a tener el autoabastecimiento. Así es que, Argentina, con esta puesta en valor de Vaca Muerta resolvería uno de los problemas que venimos arrastrando en los últimos años: me refiero al déficit energético.

—Bueno, siempre se dice que Vaca Muerta son las joyas de la abuela…
Grobocopatel contesta rápidamente: —La riqueza “está” en la medida en la que uno la explota. Y si no la explota ¡no son joyas de la abuela! No están disponibles. No son lo que se conoce como “una reserva”. Por ejemplo, las joyas de la abuela son las reservas del Banco Central o alguna empresa pública o algún edificio que posea la Nación. Esto no es una idea tangible: está si se invierte. Si no se invierte, no está. Y me parece fundamental que Argentina tenga inversiones en ese campo. No solamente en éste, sino también en las energías renovables. Creo que el petróleo es muy importante pero también lo es la energía eólica, la energía solar, hidroeléctrica. Nosotros “tenemos” un problema energético, un problema de déficit de energía.
Estamos importando. Y esto hay que resolverlo cuanto antes. Es una inversión prioritaria…

—Algunos sostienen que, por la situación argentina, bajó el interés de posibles inversores.
—Puede ser, pero nosotros tenemos una empresa nacional, que es YPF, que tiene que mirar un poco hacia el mediano y largo plazo y que debería hacer las inversiones necesarias desde el punto de vista estratégico. El precio del petróleo va a subir y va a bajar. Estoy seguro que, en esta baja del petróleo hay algunas cuestiones que no están vinculadas exclusivamente con el mercado, sino que tienen que ver más bien con la geopolítica, con Rusia, con los países árabes, con Estados Unidos… En fin… hay otro ajedrez. Digamos que son otras reglas de juego internacionales que se están empleando. Y Argentina no puede quedar presa de estos vaivenes internacionales. Tendríamos que valorizar por lo menos lo que sea necesario para el autoabastecimiento.

—Sí, tenemos un discurso de tono muy suficiente y altanero que ¡no creo que genere demasiadas simpatías ni confianza!
—¿Para que vengan inversiones?

—Sí.
—Bueno, no es solamente eso. No es un problema de discursos. Es también un problema de que si uno quiere sacar dividendos y los flujos de entrada y salida de capital no están abiertos hay temas de seguridad jurídica (justificadas e injustificadas). Pero, indudablemente, ha habido un tema de seguridad jurídica… digamos, lábil, en el país. Todo eso debería cambiarse a la brevedad para que vengan inversores. La realidad es que, también, hay inversores que van a países donde no tienen seguridad jurídica pero, por ahí, son inversores que exigen un tipo de beneficio y Argentina se va a ver obligada a dar beneficios extraordinarios (por sobre los normales) para que la gente venga a invertir en el corto plazo. Y esto, de alguna manera, va a estar afectando el interés nacional.

—Y afectando la conducta de un país.
—Bueno, a la conducta ya la tenemos afectada. Nosotros no somos un país al que el mundo vea como algo serio. Y hay una paradoja: nos ven también como un país occidental, filoeuropeo desde el punto de vista cultural y demás, pero no nos entienden muy bien. Y éste es el dilema argentino porque si éste fuera un país fuera del mundo porque culturalmente no seamos occidentales pero, no. Por un lado, nos ven como un país muy occidental y europeizado y, al mismo tiempo, con modales de otra cultura.

—A propósito: me impresiona la cantidad de viajes que usted hace y de los cuales ya hemos hablado largamente por televisión, por ejemplo, cuando fue a China y habló de nuevas tecnologías y formas de organización. Del nuevo requerimiento de la sociedad. El flujo de información es tan dinámico que se convierte en una especie de monitoreo del mundo. Como si quisiera explorar el pensamiento ajeno. Justamente al leer el informe que publicó cuando estuvo en Uganda, el lector termina preguntándose si Africa está lejos o está cerca.
—Bueno, ésa es la cuestión. Es el punto en el cual cabría preguntar “¿lejos o cerca del mundo”? Y me refiero a estar lejos o cerca del bienestar indispensable para una vida serena y no padecer los sufrimientos que los acosan desde hace décadas. De alguna manera son víctimas de guerras generales, de guerras internas, de distintas formas de colonialismo. En Africa no se han resuelto los problemas fondo. Es un continente dividido en forma tal que no representa los Estados-Nación. No representa unicidad, cultura, proyectos colectivos. Es un mosaico complejo y ahora, encima, ha aparecido toda esta avidez de distintos países del mundo por los recursos naturales. Ellos ven en Africa un potencial enorme, pero también a un ser inabordable.

—En su informe comentaba que cuando veía caminar a la gente por las rutas no cabía sino preguntarse “pero… ¿adónde van mirando sólo al frente y nunca a los costados? ¿De dónde vienen? ¿Adónde van?”
—Es como una metáfora: la imagen de un continente del que no se sabe muy bien hacia dónde va. ¡En Africa (y en muchos otros países de otras culturas) las cosas suceden al costado de las rutas! Entonces la gente camina por las rutas, comercializa allí sus productos y la vida social también ocurre allí. Anduve  miles de kilómetros viendo a multitudes que no se sabe de dónde provienen, por lo menos ésa es la imagen que surge cuando se ve a tanta gente distinta… pensé si no era una representación de ese enorme continente y de su gran desafío. Un continente que no sólo trae sus recuerdos y culturas, sino que hay que saber hacia dónde va. Me parece que el riesgo que hay en Africa es que surja una especie de colonialismo del siglo XXI donde estas inversiones de otros países por los recursos naturales impongan condiciones que no se relacionen con el respeto, los deseos y la dignidad de las personas.

—Usted teme que surja una combinación que consolide la pobreza y la falta de oportunidades. Como si hubiera visto allí algunas buenas intenciones, pero todas con el propósito de sacar alguna ventaja.
—En el caso de las ONG o de las multilaterales diría que no, pero me sorprendió mucho que el presupuesto nacional de Uganda está compuesto por un 35%  de donaciones. Esto no significa que los gobiernos donantes o las ONG tengan una intención compleja, sino que el problema consiste en que se va donando para que no ocurran transformaciones. Esas donaciones no generan transformaciones en la gente. Son para tapar problemas de corto plazo. Las empresas que invierten para sus intereses particulares, mantienen el statu quo pero ¡no transforman!
Es decir que todo se mantenga como está. Un dato más: son países que tienen un 30% de población con sida, pero también Africa tiene agua y
tiene tierras.



mguinazu