COLUMNISTAS LECTURAS II

Nueva defensa de Borges

No me cuento entre los que asocian la propiedad intelectual con un sentido de propiedad burguesa. La concibo, por el contrario, como el derecho del productor (del autor como productor) a que se pague por su trabajo (y no hay nada más burgués que retacear o eludir ese pago). Mi postura, es evidente, excluye el concepto de herencia, pues ahí el que recibe el pago no produjo ni trabajó; pero esa discusión excede la cuestión literaria.

En El aleph engordado, ya lo he dicho la otra vez, no veo en absoluto un plagio. Pablo Katchadjian no se apropió de lo que era ajeno, no quiso hacerlo pasar por suyo. Además de dejar constancia expresa de que tomaba un texto de Borges para agregarle partes propias, decidió suponer, y con razón, dos cosas fundamentales: una, que los lectores no son idiotas, que no dejarían de advertir que El aleph es un cuento de Borges y por ende podrían con un simple cotejo discernir dónde y cómo Katchadjian lo había engordado; la otra, que Borges es un clásico de la literatura universal, que puede y debe ser valorado como tal y no como un escritor cualunque, que sus textos son conocidos y por lo tanto reconocibles, que propuestas como la de Katchadjian tan sólo funcionan si se retoma a grandes escritores, los textos clásicos.

Es difícil suponer que hubo dolo, voluntad de confundir y sacar provecho si se piensa que Borges es un clásico, si se considera que El aleph
es un clásico. Pero, extrañamente, parece que no todos tenemos a Borges en tan alto concepto.



mkohan