COLUMNISTAS BUITRES

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Sabía decir Raúl Scalabrini Ortiz que cuando a usted le explican una cosa y no la entiende, se la vuelven a explicar y no la entiende, se la explican una tercera vez y sigue sin entenderla, es muy posible que estén intentando engañarlo.
No es un juego de izquierdas y derechas. Es una discusión que se reduce a considerar si el capital debe estar al servicio de la gente o la gente al servicio del capital.
La gobernabilidad a la que el peronismo es convocado como garante tiene un límite: que no sea a costa de avalar un endeudamiento que condena el futuro de los argentinos. No existe oposición dócil ni hay lugar para posturas intermedias.

La propuesta macrista es reemplazar el ciclo virtuoso del superávit fiscal, el comercial y la acumulación de reservas del primer kichnerismo, por un endeudamiento de 15 mil millones de dólares de los cuales ninguno será utilizado para mejorar la calidad de vida de los argentinos.
Toda la ideología que sostiene el pedido de aprobación del proyecto de ley podría resumirse en aquel eslogan de que “pertenecer tiene sus privilegios”. En nombre de la previsibilidad y el retorno a la prometida tierra global se invoca al pensamiento mágico: ese que supone que por acceder a las demandas de los fondos buitre van a llegar las inversiones a nuestro país.       

El sacrificio esconde además otro riesgo: que el 93% de los bonistas que cerraron sus acuerdos invoquen la cláusula pari passu (de trato igualitario), argumentando que este beneficio que reconoce a los fondos buitre el 1.200%, está muy por encima del que habían alcanzado con el gobierno de Néstor Kirchner.
Desde la implementación de la Ley de Pago Soberano los bonistas renegociados no pueden recibir lo acordado. Lo sospechoso es que ni siquiera lo reclaman. ¿Serán los buitres los nuevos dueños de esos bonos? ¿Estarán a la espera de que la derogación de la Ley Cerrojo les permita alterar los términos de la quita en su beneficio?

La propuesta presidencial parece estar más cerca de ser burlada por el conocido mecanismo de la promesa callejera del “Efectivo ya” que por la sofisticada expoliación de la Baring Brothers.
Macri es fiel a su vieja idea de “hay que pagar lo que Griesa diga”. El no cambió. ¿Quién cambió entonces?         
Si la variable de ajuste de la gobernabilidad es la pérdida del futuro, lo que hay que cuestionar es el costo de la institucionalidad, que nunca puede lograrse en perjuicio de las conquistas alcanzadas. Y recordarle al Gobierno, y a la oposición, que los muertos no pagan.
El próximo paso de nuestros legisladores es central para interpretar cómo piensan construir el futuro de los argentinos. Si obedecen al formalismo institucional que disfraza la demanda buitre o accionan en defensa de los intereses del pueblo y de la soberanía nacional.

El pueblo trabajador no espera y ya decidió. Lo que resta saber es si los representantes serán leales a la voluntad popular o le darán la espalda.
El siguiente paso baraja y da de nuevo todo lo realizado. Sin importar las posiciones que cada quien haya tomado en el pasado, hoy toda la ideología se resume en la opción Patria o deuda.
Y deja claro quiénes son los compañeros.  

En la opción de estar incluidos o excluidos del modelo global se intenta revivir la discusión de “civilización o barbarie” con la que el imperio reclamaba subordinación en el siglo XIX. Alberdi, al respecto, aconsejaba al aclarar que “si sospechara Sarmiento que toda la naturaleza del poder político reside en el poder de las finanzas, no perdería su tiempo y sus frases en las tontas y ridículas teorías de civilización y barbarie”. En la raíz de estos opuestos están los intereses.  

Las posiciones que asumamos en este desafío definirán las condiciones de nuestro futuro. Las acciones se definen por los intereses que defienden. Yo elijo construir con los que tienen claro qué es lo que está en juego.

*Diputado Parlasur por la provincia de Buenos Aires. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales-UNLZ.



Gabriel Mariotto