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Nuevos deseos

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Otra vez sopa. Estoy profundamente decepcionado: ni para Navidad ni para Reyes recibí los regalos que había pedido. Y aquí estoy, promediando enero, con las manos vacías. ¿Existe Papá Noel? ¿Melchor, Gaspar y Baltasar leyeron mi cartita? El año pasado tampoco se me cumplió nada, y eso que no había solicitado demasiado. Solo pedí tener un programa en el cable, para poder, al final, levantarme, caminar unos pasos, recibir un primer plano, y con hueca gravedad decir frases como: “Señora Presidente: acepte que está completamente loca”, “Señora Presidente: reconozca que tiene un cáncer en el cerebro”, “Señora Presidente: admita que murió hace meses y que la que hace de usted es un travesti con peluca”. Pero nada. Aquel 2013 empezó sin un ápice de mis deseos. Dispuesto a ir por todo, reconozco que para 2014 pedí más cosas, aunque tampoco demasiadas. Solo quería, por unas horas, dirigir un canal de cable que pase todas las noticias. De solo pensarlo, ya me excito: hay levantamientos policiales, saqueos, el Gobierno perdió por completo el rumbo –si es que alguna vez lo tuvo– y la oposición es incapaz de conducir hasta un karting a pedales (la guía por walkie talkie Bergoglio y el inefable Señor M.) luego hay apagones terribles, protesta social, inflación desatada… ¿y yo que hago? ¡Tiro aceite al fuego! Ah, el poder fascista de pudrirlo todo, eso quiero. ¿Seis personas cortan una calle en Flores? ¡Mando a hacer un plano bien cerrado, como para que esas pocas personas ocupen toda la pantalla y parezca que son seiscientas! ¿Nicolás Caputo, el mejor amigo de Macri  –con muchos más intereses en común que una amistad– es uno de los accionistas de Edesur? ¡No lo menciono y lo encubro! ¿La situación mejora, al menos parcialmente? ¡Sigo diciendo que nadie tiene luz! Me imagino mi dedo enrojecido de tanto apretar el botón de “Último momento”, “Emergencia”, “Esto pasa ahora mismo” y ya me enrojezco todo… Pero no. No es para mí. Ninguno de esos deseos me ha sido concedido, y aquí me encuentro entonces, escribiendo en la última página del último suplemento. Por algo será (algo habré hecho). Escribiendo sobre el deseo, por supuesto, porque de esto se trata esta nota. Mientras tanto, partí a unas merecidas vacaciones en Valizas, Uruguay. Y en la mesita de luz de la cabaña, encontré abandonado un libro de Lacan –el Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis– hecho que no me asombró en absoluto. El texto va y viene sobre el tema de la mirada, la esquizia del ojo, y lo que Lacan, en una bella fórmula, llama “el instante de ver”. ¿Es posible todavía pensar la tensión entre deseo y mirada, en la época de las imágenes audiovisuales y virtuales? En algún lado, Lacan escribe otra gran frase: “En la dialéctica del ojo y la mirada, vemos que no hay coincidencia alguna, sin un verdadero efecto de señuelo. Cuando, en el amor, pido una mirada, es algo intrínsecamente insatisfactorio, y siempre falla porque –Nunca me miras desde donde yo te veo. A la inversa, lo que miro nunca es lo que quiero ver.”

Volví meditabundo y pensativo, aunque optimista, incluso para la Navidad de 2014, porque ya se qué voy a pedir, esta vez es algo bien fácil: irme de vacaciones a Río de Janeiro a un hotel cinco estrellas con Echegaray y sus amigos. Seguro que la voy a pasar bomba. Aunque tal vez dudo que se me cumpla.


Damián Tabarovsky


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