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O rei Messi

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El Maracaná embanderado de celeste y blanco no es una cosa que se pueda ver todos los días. En el debut de la selección argentina en la Copa del Mundo 2014 los 74.738 espectadores, 40 mil de los cuales eran argentinos, batieron el récord desde su reinauguración (en la final Brasil-España de la Copa de las Confederaciones 2013 se pagaron 73.498 ingresos). Algo difícil de digerir para el público brasileño, que se volcó masiva y ruidosamente a alentar al equipo de Bosnia.

Cuando la Argentina convirtió el 1-0, apenas iniciado el encuentro, la fiesta en las tribunas fue total. Pero el pobre desempeño del equipo a lo largo del primer tiempo acalló las voces y comenzó a escucharse cada vez más fuerte el tradicional “Pentacampeón…” y a continuación otros dos gritos con que los brasileros respondían y provocaban a los argentinos: “Bosnia, Bosnia” y “Neymar, Neymar…”.

Fue justo ahí, a los 20 minutos del segundo tiempo, y mientras la “torcida” se adueñaba cada vez más del Maracaná con su grito, que Lionel Messi recibió la pelota casi en la mitad de cancha y armó esa enorme jugada que terminó en el segundo gol argentino. Explotó el Maracaná. Desapareció ese molesto “Neymar, Neymar”y los brasileros que alentaban a Bosnia volvieron a rendirse a los pies del mejor jugador del mundo. Como si se tratase de la ola mejicana, el estadio entero se unió para reverenciar al “Dios Messi” con los brazos extendidos arriba de la cabeza que bajaban junto con la mirada hasta el suelo como en un tradicional rezo musulmán. Fue mágico, casi místico.

No nos vamos a engañar, a los brasileros no les gustan los argentinos, muy especialmente cuando de fútbol se trata. Pero con Messi todo es diferente. Puede decirse que Leo y el papa Francisco son los únicos argentinos realmente queridos por los brasileros. “No parece argentino”, se escucha en las calles de San Pablo o Río donde la camiseta número 10 del Barcelona se ve en mucho mayor número que la 11 de Neymar. “Messi es tranquilo, humilde y nunca se muestra agresivo o sobrador. Y con la pelota en los pies… No hay otro igual”, decía Edú, un fanático del Santos (¡justamente el club que acogió a Pelé y a Neymar!) hace más de tres años cuando los hinchas argentinos todavía no lo reconocían ni le hacían sentir su cariño. Nos guste o no, debemos admitir que mucho, pero mucho tiempo antes de que los argentinos se rindieran a la genialidad de Messi los brasileros ya lo habían adoptado.

Pero la cosa va más allá. Los propios relatores y comentaristas de los canales deportivos de Brasil hablan de Messi con un respeto y una admiración que no tiene un correlato en la TV argentina. Emociona escuchar relatos en portugués de goles de Leo en el Barcelona. Elogios sin límite y emoción sincera suelen acompañar las genialidades que nacen de su pie izquierdo.

“El mejor del mundo es él”, suele repetir Neymar cuando surgen las comparaciones. “Me hubiera encantado jugar con Messi más que con ningún otro”, reconoce Ronaldo, el hasta hoy mayor goleador de la historia de los mundiales. Y siguen las firmas: Kaká, Ronaldinho, Daniel Alves y muchos otros cracks brasileros lo idolatran. Y nadie, absolutamente nadie, lo quiere enfrentar en una hipotética final del Mundo.

El primer gol convertido en el Maracaná fue de Didi (mediocampista del Fluminense) durante un amistoso entre paulistas y cariocas el 16 de junio de 1950. Para Pelé su “primera vez” en ese estadio llegó el 29 de mayo de 1957, durante el 4 x 0 del Santos contra el América. Las 20.20 hs. (segundos más, segundos menos) del domingo 15 de junio de 2014 quedarán registrados como el momento exacto que Lionel Messi entró en la historia de uno de los estadios más emblemáticos del mundo. Lo gritó con fuerza, casi con bronca, mientras 74.738 espectadores hipnotizados le daban gracias a Dios por estar ahí en ese momento. Fue la confirmación de un amor a primera vista para unos y la desconfiada aceptación de un amor que comienza a ser incondicional, para otros.
 
*Corresponsal en Brasil.



Claudio Gurmindo