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Obama, Macri y la memoria

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El 24 de marzo de 2016 –a mi juicio– no será un aniversario más del golpe de Estado producido hace cuarenta años. El contexto que lo acompaña será el que determinará su recuerdo para las generaciones futuras.

En primer lugar, digamos que ocurrirá lo de todos los años: al declararse feriado el Día de la Memoria por el presidente Néstor Kirchner en 2005, un sector de la población llenará la Plaza de Mayo, coreará los cánticos tradicionales, esta vez mixturados con los insultos al gobierno de Mauricio Macri, y un festival artístico culminará la jornada entreteniendo a las densas columnas allí congregadas. El resto de la población permanecerá en otra cosa, muchos en lugares de veraneo para conmemorar también la Semana Santa o simplemente divertirse. Es curioso que esta situación haya sido provocada por el gobierno de los Kirchner, el cual siempre se ocupó del sector de los convencidos y poco o nada de los no informados o indiferentes. Algún día habrá que pensar que la polarización política no resuelve el tema de la ignorancia o indiferencia de las grandes mayorías de nuestra población. Es en tal sentido, es evidente que la presencia de un gobierno de signo contrario amerita pensar también que a grandes sectores del país les importa poco o nada la política de derechos humanos desarrollada por el anterior gobierno.

Y acá viene el segundo tema. Lo que diferencia esta conmemoración es la presencia de un nuevo gobierno en la Argentina y del presidente de los Estados Unidos de visita en el país. De ambos aspectos sólo podemos decir –ya mirando la agenda– nuestro sentimiento de repudio a la hipocresía, a la profanación y al revanchismo que se percibe en la misma.

Hipocresía porque ni Barack Obama ni Mauricio Macri forman parte de la lucha por los derechos humanos. En el caso del visitante extranjero, representa al país más violador de los derechos humanos en el mundo (más allá de algunos hombres rescatables). En el caso de nuestro presidente, el tema es una retórica vacía que no siente ni le importa. Forma parte de los discursos de campaña tan exitosos de su carrera política. Todos sabemos qué postura ideológica tuvo y –con adaptaciones de la época– sigue teniendo.

Profanación porque se ha anunciado que el presidente Barack Obama visitará el Parque de la Memoria. ¿Quién que esté en su sano juicio puede aceptar que los victimarios homenajeen a sus víctimas sin el menor arrepentimiento, más allá de los discursos y la promesa de liberar los archivos? El pragmatismo parece no tener límite. Todos sabemos que el presidente norteamericano viene en realidad para firmar acuerdos que significan venderle a la Argentina armas, asesoramiento costoso y otros elementos que signifiquen mayores ingresos y poder para ellos. ¿Alguien estudió en serio la necesidad de comprar radares, know how americano, aviones, armas y satélites para combatir el narcotráfico? La otra pregunta: ¿ésa es la solución para dicho combate? ¿Macri cree que la postura de buen alumno nos traerá en el futuro el desarrollo económico?
Finalmente, digamos que abrir el Centro Cultural Néstor Kirchner para utilizarlo como restaurante del ilustre visitante parece una provocación revanchista hacia el kirchnerismo. Mucho más por estar hablando de un Centro Cultural cerrado y que en los pasados meses fue escenario de cientos de despidos. ¿Así se piensa cerrar la grieta?

En definitiva, un alto nivel de confusión, ignorancia, militancia e hipocresía sellará el quadragésimo aniversario del golpe de 1976. Como siempre, la historia castigará tanta impunidad, tanto absurdo moral, tanta corrupción. Parece una fotografía de lo que somos: una nación que a fuerza de no buscarse ya no se encuentra.

*Profesor de Historia e historiador.



Luis Fernando Beraza