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Obama y América Latina

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Los últimos dos años de un presidente en ejercicio en EE.UU. se piensan en términos del legado que dejará tanto en el plano doméstico como en el externo. En campaña presidencial, los republicanos atacan sus políticas e invalidan su legado, mientras que los demócratas muestran las virtudes de su antecesor, pero marcando sus diferencias con el actual jefe de la Casa Blanca.
Obama no está exento de críticas por su accionar en el mundo, sin embargo en relación con América Latina es posible encontrar un legado interesante para rescatar.

Primero, Obama finalmente ha producido más avances en la relación cubano-norteamericana que cualquier otro presidente después de la Guerra Fría, incluyendo Clinton. Su visita a La Habana será recordada, de manera similar a la visita de Kennedy a Berlín en 1963, dejando un impacto seguro. Ambos países están dispuestos a mirar al futuro, sin dejar de reconocer las tensiones del pasado. Realismo político puro.
Segundo, según el Congreso norteamericano, entre 2014 y 2015 se destinaron en dos programas, Ayuda al Desarrollo (AD) y Fondos de Ayuda Económica (ESF),  mil millones de dólares. Para 2016 se espera que el Congreso apropie una cifra similar. El desarrollo económico y la seguridad civil (policías y lucha contra las redes criminales transnacionales) son la prioridad norteamericana de asistencia a todo el hemisferio  consumiendo el 70% de todo el presupuesto, que sólo en el año 2015 rondó los US$ 1.500 millones.

Los fondos se destinan en función de las necesidades de EE.UU., ciertamente que la periferia “turbulenta” cercana –esto es México y América
Central– es de mayor prioridad, seguida por la región andina y finalmente el Cono Sur. Por ejemplo, en el último quinquenio Argentina fue recibiendo cada vez menos hasta llegar a la anodina cifra de US$ 550 mil. Colombia –que también ha ido descendiendo, pero como consecuencia de sus mejoras en el campo de la seguridad– recibirá en 2016 US$ 288 millones, Perú US$ 95 millones, México US$ 142 millones y Cuba en estos años recibió US$ 20 millones. Para quienes señalan que EE.UU. destina demasiado dinero en temas militares, lean los números: menos del 5% del total de la ayuda se destina a este rubro, los fondos para IMET y FMF en total no exceden los US$ 76 millones en total y se destinan principalmente a la asistencia a desastres naturales, problema común a todos los países de la región en virtud de las consecuencias que genera el cambio climático.

El jefe del Comando Sur, John Kelly, expresó en su última declaración al Congreso que la presencia de Rusia y China en la región es de naturaleza distinta. Rusia aparece decidida a socavar el liderazgo norteamericano mediante propaganda, ventas de armas, acuerdos de diverso tipo junto con un creciente interés para obtener accesos a infraestructura militar en Cuba, Venezuela y Nicaragua. China, en el mediano plazo, es vista como un problema de influencia comercial, aunque miran con cierta inquietud la existencia de infraestructura de uso dual en la región, en especial en el Cono Sur.   
La política exterior argentina está pensada mirando cómo mejorar la calidad de vida de la gente. Entre ambos países los puntos de contacto están muy claros: pobreza cero se relaciona con los fondos de asistencia económica para el desarrollo.

En términos de defensa, parte de la modernización de la cadena logística de nuestras FF.AA. puede provenir de retomar la iniciativa de lucha contra desastres naturales, que fue torpedeada por nuestro país en el año 2013. En materia de lucha contra el narcotráfico, el espacio de cooperación puede provenir a través del programa Incle. La visita de la ministra de Seguridad a Washington revela la necesidad de avanzar rápidamente en este espacio.   
Esto es relaciones maduras: encontrar el espacio de cooperación en aquellas áreas de interés común, todo lo demás es ruido.

*Director Carrera de Gobierno y RR.II. de Fundación UADE.



Juan Battaleme