COLUMNISTAS

Opinar no es sólo escribir bien

PERFIL COMPLETO

Para este diario, el valor que se adjudica como política editorial a los espacios de opinión permanentes o circunstanciales es –por lejos– más importante que el que destinan al mismo fin otros medios similares, particularmente diarios generalistas. Esto hace buena parte de la diferencia (a favor, casi siempre) entre PERFIL y sus competidores, un detalle que los lectores valoran en sus cartas.
Esta favorable posición, sin embargo, suele empañarse en no pocos casos por el error en el que caen algunos columnistas, que confunden la nota de opinión con la diatriba (discurso o escrito violento e injurioso contra alguien o algo, según la Real Academia Española), el libelo (escrito en que se denigra o infama a alguien o algo, RAE), el panfleto (opúsculo de carácter agresivo, RAE) o la mera exposición de comentarios sin sustento informativo suficiente.
Una nota periodística de opinión no debe ser ninguna de estas cosas: cada afirmación contenida en ella tiene que estar fundamentada en información, porque de eso se trata este oficio. No basta con una verba florida, atrapante, bella en lo formal, si no tiene soporte en datos concretos. Definía un gran maestro con el que me tocó trabajar durante algunos años y que me enseñó buena parte de lo que sé de esta profesión, que está muy bien escribir bien (es indispensable hacerlo, porque la buena palabra hace a los buenos lectores), pero que el periodista no es sólo un relator calificado de lo que pasa, sino un custodio de la información como valor superior. He visto en los últimos años cómo este criterio se ha ido degradando, y lo atribuyo a dos razones: una, vinculada con las dificultades para acceder a fuentes confiables, en particular relacionadas con los sectores de poder político y económico; la otra, tal vez enferma del protagonismo excesivo de quienes ponen su firma y han logrado un conocimiento público importante, se funda en la certidumbre de que basta con ello para que el lector se vea atrapado por sus textos. Y éstos son, así, mera hojarasca.
Ni una ni otra justifican que no se cumpla una premisa central de cualquier artículo periodístico de opinión: que, al menos, cada dos o tres líneas ofrezca un dato, una información, una referencia concreta sobre el tema que con buena calidad de escritura se está desarrollando. Caso contrario, ese espacio sólo será una cáscara, un envase, un florido conjunto de palabras bien pegadas, hasta bellamente pegadas. Un hueso sin carne ni caracú.
Esto le cabe a todo periodista que tenga la responsabilidad de poner en páginas de este diario el fruto de su análisis de la realidad, se trate del editorial de la contratapa, los panoramas políticos, económicos o internacionales, o los artículos de opinión complementarios de notas en cualquiera de las secciones.
El lector, que no es un consumidor pasivo de lo que se le ofrece, sino un analista crítico de los contenidos, se verá gratificado si esto ocurre. Cuando no es así, le quedará la sensación frustrante de haber pasado algunos minutos leyendo bellas palabras, sólo bellas palabras.

Donantes. Volvió a escribir el lector Eduardo Gelfland, esta vez para agradecer la publicación de su carta la semana pasada con una crítica dotada de abundante humor a la promoción de PERFIL y Jumbo. Se considera “agradecido y reconfortado” por la difusión de su oferta de donar simbólicamente las copas que no logró obtener, y concluye: “No me equivoqué al elegirlos desde la primera hora”.
Otra lectora, María Cortez, también se refiere al tema y suma sus copas a la divertida propuesta de Gelfland.

Cal y arena. Una a favor y otra no tanto para la sección Ciencia. El sábado 1° de febrero, en la página 39, se publicó un buen informe –novedoso, interesante– según el cual los adultos mayores se han incorporado a Facebook en mayor proporción que los más jóvenes en los últimos dos años. Cita la autora de la nota como fuente principal al centro de estudios Pew Research. Lo cuestionable es su traslación lineal a la Argentina (22 millones de usuarios activos por mes), al decir que aquí “la tendencia se replica” sin aportar qué fuentes fueron consultadas para abonar tal definición. Se citan testimonios, pero con eso no basta para fundamentar el aserto.
Ayer, en cambio, la nota de Florencia Ballarino, titulada “As de corazones, el cóctel de drogas que mató a Hoffman”, nos permitió comprender mejor el drama del estupendo actor, muerto por una sobredosis en la semana que concluye. Una infografía muy clara que muestra cómo opera la mortífera mezcla de opiáceos que consumía el protagonista de The Master y un texto claro, sintético, directo y comprensible gratificaron el paladar del lector más exigente.

Error. El domingo 2 se publicó que cumplía 67 años la actriz Farrah Fawcett. Ella murió el 25 de junio de 2009. Gracias al buen ojo del lector Eduardo Gallardo



Julio Petrarca