COLUMNISTAS HAZAÑAS

Oscura e invisible

PERFIL COMPLETO

ArteBA sorprende por esa fuerza oscura, insondable, que ha reemplazado al aura (falseada) de la pieza de arte de otrora. Yo provengo de la actuación, cuyo paisaje –si bien artístico– es muy distinto y muy poco amigo de la producción de objetos mercantilizables. Tal vez por ello, ArteBA siempre me resulta un divertido Italpark de falsos signos venideros. Como museo abierto, goza de espíritu burgués y democrático: curado por mil galeristas, la suma de objetos a la venta es también –para quien no quiere comprar nada– un parque de obscenidades y rarezas. Advierto que el mundillo va a la feria a renovar sus quejas. Poco importa: ArteBA es un vampiro negro que sabe el arte marcial de convertir las quejas en virtud y torna “funcional” cada intento por desatar el nudo que une arte y mercado. Capítulo aparte merecería (espero encontrar más espacio) la magnífica muestra Dixit, curada por Andrea Giunta, en torno a la pregunta: ¿cuándo empieza el arte contemporáneo?

Este año fui obra de exposición: los curadores Federico Baeza y María Fernanda Pinta ganaron el prestigioso premio del Banco Ciudad. Su obra consistió en ubicar en el corazón de la feria una breve comedia en la que mis actores y yo desgranamos un episodio de la historia del arte reciente: la desafortunada aventura de Cecilia Giménez, una anciana en Borja, Zaragoza, que, intentando “conservar” una imagen de un Cristo sin gran valor artístico, acabó por transformarlo en art brut, vanguardia y escandalete. La gente peregrina a ver este Ecce Mono, la han nombrado directora creativa en una agencia publicitaria y el párroco –se dice– se fugó con las ganancias del museo improvisado. Nos sedujo montarla en la feria, pero queriendo cuestionar críticamente el concepto de valor, de error, de vandalismo visual, sólo hemos amenizado la festichola y propuesto la amable pausa en la compraventa de mercancías de lujo.

Sí, ArteBA se rige por una fuerza oscura, innombrable, que todo lo devora. Pero ese es su enorme mérito, su hazaña.



Rafael Spregelburd