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Otra fecha patria sin moneda

La divisa argentina no se usa como reserva de valor aunque mantiene su capacidad de unidad de cuenta y de cancelar de deudas. Sólo en lapsos limitados se ahorra en pesos.

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Como en gran parte del siglo pasado y lo que va del actual, nuestro país se apresta a celebrar las fechas patrias, como la de hoy, sin el símbolo económico más importante, una moneda soberana.

En efecto, el peso argentino no reúne plenamente las cualidades para ser considerado una moneda soberana. Mantiene, es cierto, su capacidad de unidad de cuenta y de poder cancelatorio de las deudas, aunque con límites. Pero, al perder poder de compra a un ritmo superior al 25 a 30% anual, no es considerada una moneda para “reserva de valor”, para ahorrar.

En ese sentido, el peso es “una moneda de tránsito”. Sólo por lapsos muy pequeños y por montos limitados, se ahorra en moneda local.
La paradoja, sin embargo, es que nos hemos quedado sin moneda, mientras los discursos y relatos, a lo largo de las décadas, invocaban la “soberanía monetaria”, para justificar políticas que, claramente, implicaban la destrucción del valor del peso.

Es dentro de este panorama de políticas inflacionarias de décadas, con un Banco Central  a merced de las necesidades de financiar el gasto público del Gobierno, y los variados e inútiles intentos de “pesificar a la fuerza”, que tenemos que analizar lo sucedido esta semana con el peso argentino.

La desastrosa política monetaria de los últimos años (insisto, salvo “momentos”, no se diferencia de las políticas monetarias de las últimas décadas), basada en la idea de que “la emisión no genera inflación” (nunca nadie, de los que sostienen esta idea me pudo explicar para qué pagamos impuestos, entonces, en lugar de financiarnos totalmente con el Banco Central), que la tasa de interés negativa alienta el crédito y el crecimiento económico, y que las restricciones administrativas y legales bastan para mantener la demanda de pesos en el nivel que se quiera, llevó a que el flujo de dólares hacia las reservas del Banco Central, terminara siendo negativo.

En otras palabras, el Banco Central se empezó a quedar sin reservas en su activo por la brutal expansión de su pasivo y por el uso que se hizo del precio del dólar, como mecanismo antiinflacionario y estimulante del ahorro en pesos. (La tasa fue negativa por mucho tiempo en pesos, pero con el tipo de cambio relativamente congelado, resultó muy positiva en dólares).

Dada la también desastrosa política agropecuaria, industrial y energética, que redujo la oferta de dólares de la exportación, la única forma de frenar la caída de las reservas, es limitar la demanda de dólares en el mercado oficial. Para ello, la medida más efectiva es reducir el poder de compra en dólares de los pesos para que importemos menos, es decir, caída del valor de nuestros ingresos en dólares, y menor nivel de actividad. El encarecimiento del dólar de más del 55% en el último año, tuvo ese objetivo. Complementariamente, la suba de la tasa de interés en pesos, ayudó a que, siempre transitoriamente, se mantuviera el ahorro en pesos, dado que, con el dólar “anclado” en $ 8, el premio de corto plazo fue extraordinario.

Sin embargo, en la medida que el Banco Central siguió expandiendo su pasivo, para financiar al Gobierno, ahora colocando deuda a interés, y emitiendo pesos para comprarle los dólares a los exportadores, queda claro que, si no se vuelve a encarecer el dólar, el poder de compra en dólares de los pesos vuelve a subir, y el Central se queda sin reservas.

Dicho de otra manera, después de las paritarias y dado el ritmo de expansión del gasto público, el dólar de $ 8, quedó “barato”, y no alcanza para frenar la demanda de reservas, dados los pesos y las expectativas de inflación, más si se intenta bajar la tasa de interés, es decir el premio “transitorio” a quedarse en pesos.

Previendo que si no se consigue algún “regalo” (endeudamiento) para las reservas que no implique emitir pesos, tarde o temprano habrá que volver a subir el precio del dólar para reducir la demanda, los tenedores de pesos se anticiparon y están demandando dólares “antes que suba”.

Por supuesto que ese anticipo puede resultar “exagerado”, y todavía pueden verse bajas transitorias en el precio del dólar informal, pero las señales que surgen del Gobierno resultan preocupantes.

Pretender recuperar nivel de actividad, financiar gasto público con emisión y que, simultáneamente, las reservas no caigan, fue lo que se intentó entre el 2012 y 2013, y así nos fue.



Enrique Szewach