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Paenza debió enterarse antes

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Es probable que del “programa de resistencia” de Paenza sólo nos quede la frase “yo me entero ahora”. Frase que se le cayó cuando Ceccatto lo dejó en offside al aclararle que los subsidios que deberían haber recibido los investigadores estaban impagos desde 2013. Se volvió meme y el hashtag #MeEnteroAhora amenazó con trending topic cuando los usuarios de Twitter hicieron un picnic. El caso es que debajo de la superficie de la grieta científica hay un mar de fondo que conviene desentrañar.
Cuando Paenza decidió iniciar su nuevo ciclo pausando el formato acostumbrado con una cruzada en defensa del presupuesto científico destapó una olla que se viene cocinando a fuego moderado desde que Lino Barañao asumió en 2007 y a fuego lento desde el gobierno de Menem. Paenza y los 22 científicos-panelistas no sólo se limitaron a denunciar el ahogamiento presupuestario. La resistencia fue frontal al señalar que “Las corporaciones toman decisiones en vez de la política”, dejando entrever su desconfianza sobre la importancia que el Gobierno le asigna a la inversión estatal. Y fueron a fondo con “la ciencia no es un power point” y “es imposible llegar a la ciencia aplicada sin ciencia básica”. Como ellos mismos dijeron la “ciencia no es neutra”.
Aunque se note más ahora el ministro viene haciendo equilibrio desde que asumió, él sabe bien de qué se trata. Si bien afirmó en 2007 “la ciencia y la tecnología definen la economía de una nación” o “el conocimiento es la fuente de riqueza más importante”, al gobierno anterior sólo le importó distribuir la riqueza de los porotos de soja. Por eso no hubo la suficiente inversión estatal en la “creación de empresas de base tecnológica, especialmente de software, nanotecnología y biotecnología, básicamente en sus aplicaciones agrícolas”. Por eso Paenza era el telonero de Kicillof.
A pesar de los esfuerzos del ministro a favor de aplicar el conocimiento para generar riqueza, la fuente de legitimidad de la ciencia siguió siendo cultural. En el programa de Paenza se mezclaron grandes investigadores con jugadores de básquet y famosos conductores de radio. El poder científico de los últimos años no se basó en la generación de empleos de calidad mediante la tecnología ni en evidencia concreta acerca de que la inversión pública en ciencia y tecnología redujo la pobreza estructural, fue tan sólo una fuente de prestigio para la ex presidenta. El ministro le enseñaba los avances del conocimiento científico a ella en privado y ella nos lo enseñaba a todos los ciudadanos por cadena nacional. Se trató de un poder cortesano. La pregunta es si el financiamiento de la ciencia y la tecnología seguirá la lógica de mecenazgo anterior.
El tema es quién defiende como se debe a la tecnología. El BioPower científico pierde precisión cuando habla de tecnología y prefiere mitificar la historia. En el programa de Paenza la defensa de lo hecho en la última década en cuanto a radares y satélites prefirió olvidar que Invap se creó en 1976 y que gran parte de los méritos incluido los avances en tecnología espacial se lo debemos a tecnólogos como Conrado Varotto y no a los políticos que aprobaron sus planes. Puso a Invap en un plano de igualdad con la decadencia misérrima en la cual quedó la fábrica de aviones de Córdoba (Fadea) luego de 12 años de gestión K. Y no explicitaron la situación de YPF e Y-Tec, reivindicando la figura de Galuccio cuya indemnización “paracaídas de oro” es igual de corporativa que la rescisión del contrato de Osvaldo en Boca.
Nada dijeron sobre las tecnologías que explican gran parte de sus sueldos, como la siembra directa y el silo-bolsa, o la labor de miles de ingenieros agrónomos que investigan día a día en el campo argentino. Tampoco fue de la partida ningún ingeniero de software o emprendedor de las tecnologías de la información creadores de los empleos de calidad en los últimos años. Entre los 22 convocados por Científicos industria argentina no hubo ni un informático y un solo tecnólogo. Tuvimos que esperar una semana para que fuera el presidente del Conicet quien pusiera las cosas en su lugar. Afirmó “Hay que balancearlo en el sentido de que la T de tecnología ha sido poco considerada dentro del Conicet”, “sólo 3% son tecnólogos”. Y ahí va otro tuit #MeEnteroAhora.

 

* Director del Laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje de la Universidad de San Andrés.



Alejandro Artopoulos