COLUMNISTAS

Palabras mentirosas

Cuatro ejemplos del uso tergiversado del lenguaje que sumergen a la Argentina en la desinformación y la confusión consigo misma. 

Es la historia de la Torre de Babel. Si las palabras nos confunden, si les atribuimos significados diversos y hasta contradictorios, lo que sigue es un galimatías caótico. Y ese galimatías caótico, en definitiva concluye en un apocalipsis de los sentidos. Tenemos un vocabulario, un lenguaje, unos idiomas, usados para cualquier cosa menos para lo que teóricamente deberían estar significando.

Quiero aportar, en esta ocasión, cuatro ejemplos tomados al azar durante las últimas horas, para postular esta idea de que desde el poder las palabras solo sirven para mentir o para encubrir.

  1. Hoy, 22 de octubre de 2014, se nos dice oficialmente que el año próximo, 2015, el ciclo escolar arrancará el 2 de marzo. Hace años que en la Argentina nos venimos engañando con los 190 días de clases, y de hecho, 2014 va a terminar con el mismo saldo pésimo de esta década: años escolares que arrancan –si es que arrancan, porque siempre hay huelgas primero– con la promesa de los 190 días y después terminan, con toda la furia, en 165, 168. He aquí un caso típico de palabra usada aviesamente. “Las clases van a comenzar” tendría que ser “las clases van a comenzar, sí o sí”. No es así en la Argentina. Es apenas un anuncio político que persigue estrictamente fines o propagandísticos, o por lo menos distractivos, o, en todo caso, producto de la negligencia de la burocracia.
  2. Ha vuelto a hablar, como lo hace todos los días, y en algún momento el agotamiento que tendremos con él hará arder al país, el señor Capitanich. Jorge Capitanich utilizó, una vez más, el escenario propicio del Congreso para denunciar el “terrorismo económico”. He aquí otro caso de malversación siniestra del sentido de las palabras. En materia de ilícitos, de operaciones que tienen de por medio dinero, hay alternativas diferentes que no creo que ignore Capitanich: malversación, fraude, estafa, robo, corrupción administrativa. Hoy, por ejemplo, en España se está viviendo una jornada intensísima desde el punto de vista de las revelaciones de hechos de corrupción no solamente en torno de quien era el presidente de la Generalitat catalana, Jordi Pujol, sino también en las filas del gobernante Partido Popular. He visto y escuchado por la televisión española denuncias, informaciones, revelaciones. Pero ni los socialistas ni ninguna fuerza alternativa a la derecha dominante hoy en España, habló de “terrorismo económico”. La Argentina, en ese sentido, es un lugar muy especial. Acá las palabras se utilizan para cualquier cosa. Tan devaluadas, tan hundidas en la banalidad, que nadie se pregunta cómo es posible asociar la noción de “terrorismo” a, por ejemplo, la cotización fluctuante del dólar. Sin embargo, no faltaron algunos exponentes de fuerzas supuestamente opositoras, uno de ellos adheridos a Sergio Massa, por ejemplo, que salió a defender la denuncia de Capitanich, sosteniendo que era muy corajudo haber denunciado al terrorismo económico. Palabras mentirosas, pero no por falta de vocabulario. No se trata de criaturas que no han ido a la escuela. Se trata de que la herramienta del lenguaje, que debería ser esencial para toda sociedad civilizada, en la Argentina se ha ido vaciando hasta un punto en que –con toda franqueza lo digo- no sé cómo lo vamos a recuperar.
  3. Para anunciar el nuevo Código Procesal Penal, la presidente de la Nación puso rostro y tono de firmeza inauditas para sostener que aquellos que hayan delinquido siendo extranjeros serán expulsados del país. No le han temblado las mejillas a la Presidente. Porque si esto lo hubiesen dicho Ernesto Sanz, o Elisa Carrió o Julio Cobos, la réplica del camporismo realmente existente hubiese sido devastadora. Hubiesen hablado de xenofobia, de mentalidad retardataria, hubiese salido el siempre predispuesto Raúl Eugenio Zaffaroni a denunciar esta postura como regresiva, anti popular y reaccionaria; pero lo dijo la Presidente, muchos años después de haber propiciado una estrategia de puertas abiertas absolutamente irresponsable en la Argentina. El Gobierno ahora quiere ganar puntos, porque el mercadómetro indica que la sociedad, entre otras cosas, rechaza la idea de que tengamos las puertas abiertas para las personas que tienen antecedentes criminales, o que sin tenerlos, vienen a acumularlos en la Argentina. De nuevo, palabras mentirosas. Porque esto no lo decía hasta hace dos años la Presidente. Lo vino diciendo, en soledad, Sergio Berni. Y ahora se advierte la verdad, cuál es la madre del borrego. El Gobierno ha cambiado de posición, porque con su habitual picardía, advierte que esto no es precisamente un postulado popular en la Argentina: defender a gente que habiendo nacido en el exterior comete ilícitos en nuestro país.
  4. La Cámara de Diputados de la Nación, en donde el látigo de la mayoría oficialista prevalece en cualquier circunstancia, terminó estatizando a mal llamada “Universidad” de las Madres de Plaza de Mayo. Esa “universidad” no es una universidad. Nunca lo fue, ni se propuso serla. Es una escuela de cuadros ideológicos que, encima, se complicó con una estafa de 200 millones de pesos de su momento, nunca investigada. Además, la noción de “madres” también ha sido malversada. Hay millones de madres en la Argentina, no hay “madres” a secas, como si ellas fuesen también las titulares de la maravilla de la maternidad. Palabras mentirosas: la “Universidad” no era una universidad, era una aventura financiera escandalosa y corrupta; y las madres son apenas un grupo muy selecto de señoras que han resuelto, hace años, perder toda autonomía respecto del estado burgués, para engancharse a cuenta de lo que ahora comenzará a fluir para sacarlas del pantano.

Palabras mentirosas, o la mentira con las palabras, un paradigma de la época. Un país que, si no remedia esta cuestión central que, créanme, no es un entretenimiento intelectual, terminará hundiéndose en la confusión consigo mismo, en esa siniestra Torre de Babel, en la que todo puede querer todo, y en donde todo termina queriendo decir nada.

(*) Emitido en Radio Mitre, el miércoles 21 de octubre de 2014. 



Pepe Eliaschev