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Paso a paso

El sistema política se está reconfigurando en función de un esquema tripartito: PRO, FpV y ECO. La doble ventaja de Recalde. 

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Las elecciones primarias de ayer en la Ciudad de Buenos Aires consagraron a tres fuerzas que, en conjunto, representan alrededor del 80% del electorado: el PRO, ECO y el FPV. Algo parecido, con otros protagonistas, ocurrió el domingo pasado en Santa Fe y también ayer, en Neuquén. Más aún, si se consideran los principales sondeos de cara a la sucesión presidencial, con porcentajes relativos ciertamente variables, se repite el mismo escenario. Primera conclusión tentativa de estas elecciones de abril: el sistema político argentino se estaría reconfigurando en función de este esquema tripartito. En los casos en los que esto no sucede, predomina el bipartidismo (Mendoza, Salta), aunque como resultado de acuerdos electorales tan amplios como contingentes, con grandes dudas respecto de su sustentabilidad.

El espacio liderado por Mauricio Macri obtuvo la ventaja más importante respecto de sus competidores en las cinco elecciones disputadas hasta el momento. Su desafío ahora es alcanzar el umbral del 50% de los votos y evitar una segunda vuelta. El PRO se encamina, si se mantiene la tendencia, a retener el distrito y a contar, por primera vez, con mayoría propia en la Legislatura.

La puja entre Mariano Recalde y Martín Lousteau por alcanzar el segundo lugar y pelear contra Horacio Rodríguez Larreta en un eventual balotaje será, sin dudas, uno de los grandes atractivos de los comicios del 5 de julio. Al margen del resultado de ayer, Recalde parte con una doble ventaja: los cuantiosos recursos que le aportará el gobierno nacional y el hecho de que, a nivel país, las fuerzas que integran ECO forman parte de la coalición que lidera Mauricio Macri, que se encamina a competir por la presidencia de la Nación. ¿Se puede ser parte de un mismo espacio nacional y, simultáneamente, oposición en la Ciudad? Será interesante comprobar si el electorado porteño preferirá ponerle límites al PRO o, por el contrario, demostrar su hartazgo con los métodos y las ideas impuestas por la dinastía K.



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