COLUMNISTAS

Penosa sobreactuación

Las amenazas del canciller Timerman al encargado de negocios de los Estados Unidos confirman la equivocada política exterior del oficialismo.  

Las novedades sobre el mal estado de las relaciones de la Argentina con los Estados Unidos en verdad no lo son: éste es, quizás, el aspecto más triste de la temática que en este momento me convoca. No hay nada novedoso: un llamado de atención a los Estados Unidos en Buenos Aires, es sencillamente la reiteración de lo que ha sido una conducta de años y que implicó, por ejemplo en los comienzos de la gestión de Néstor Kirchner, la realización en Mar del Plata de una denominada cumbre anti ALCA, organizada por Hugo Chávez, con la presencia estelar, en aquel momento, de Hebe de Bonafini y Diego Maradona.

Esa política de confrontación retórica y verbal con el país que, guste o no, el más poderoso de la Tierra hoy, ha continuado con altibajos, pero impertérrita. Los funcionarios, y en particular el paradigma de este perfil, Héctor Timerman, no se han mosqueado grandemente por sus sucesivas exhibiciones de chapucerías, improvisación y primitivismo ideológico. Basta recordar el sonado episodio de la detención en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza de un avión de transporte de las fuerzas de seguridad norteamericanas, que había llegado al país en cumplimiento de un acuerdo explícitamente suscripto por nuestro país con los Estados Unidos para prestar asesoramiento y entrenar a fuerzas policiales argentinas.

En aquella oportunidad, en un ataque violento de antiimperialismo, el ministro Timerman acudió raudamente a Ezeiza y, alicate en mano, abrió de manera forzada el embalaje en el que viajaban elementos a ser utilizados para la formación de expertos en seguridad un acuerdo explícitamente suscripto por su voluntad por el gobierno argentino. Se recordará que al forzar Timerman el cerramiento de seguridad, los funcionarios despachados por el gobierno de los Estados Unidos de aquellos elementos vieron expuestos los códigos de seguridad con el que, por rutina y protocolo indispensables en este tipo de temas, venían protegidos.

No hay gran distancia entre aquella cumbre de Mar del Plata, la irrupción de Timerman en Ezeiza proclamando que estaba llegando al país contrabando de drogas peligrosas, y que se trataba de una intromisión invasiva en la Argentina, y lo que pasó este martes 16 de septiembre. En un comunicado de la cancillería argentina respecto de unas declaraciones que hizo Kevin Sullivan, el encargado de negocios de los Estados Unidos, el canciller lo amenazó con declararlo persona non grata. Le aseguró a Sullivan que “de repetirse este tipo de intromisiones en los asuntos internos de la República Argentina, se adoptarán las más severas medidas estipuladas en la convención de Viena sobre la conducta de los representantes diplomáticos”. Lo citó en la sede de la Cancillería y le expresó su “profundo malestar”. ¿Por qué? Porque en la interpretación del Gobierno de Cristina Kirchner, los dichos de Sullivan sobre el default argentino, no tienen ningún asidero fáctico, sino que coinciden con la postura de los fondos buitre

Lo que está sucediendo, además de previsible y reiterado, deprimente y entristecedor, porque ratifica la continuidad con una política perfectamente estéril, es por otro lado, gravísimo.La Argentina no ha tenido una política internacional que pueda ser llamada de esa manera a partir de 2003. Ha tenido, en todo caso, una política defensiva, un zigzagueo, una búsqueda de amigos, socios y aliados que ha sido, en el mejor de los casos, errática.Todavía está fresca en la memoria aquella frase de la presidente Cristina Kirchner cuando dijo que el país paradigma al que ella quisiera que la Argentina emulara, como nuestro modelo, era Alemania. Hablaba de la Alemania que hoy conocemos: sólida, estable, previsible, seria, la Alemania de Angela Merkel, donde todos los partidos políticos participan de una estrategia de Estado.

Por eso en materia de política internacional es imposible creerle al gobierno argentino prácticamente cualquier cosa. Sus decisiones, opciones, favoritismos y entusiasmos, son erráticos y zigzagueantes. Puede tomar en casos determinados como paradigma a Alemania, ha tomado también a China, y también ha tomado a Rusia: en varias oportunidades el actual grupo gobernante claramente ha subrayado que la Rusia de Vladimir Putin y la República Popular China hoy un modelo que la Argentina mira con mucha simpatía y admiración. Se trata del mismo grupo gobernante que, como queda dicho, había dicho lo mismo de la Alemania de Angela Merkel. Esta Argentina de hoy, supuestamente indignada y ofuscada por la supuesta intervención norteamericana, suscita, en todo caso, sarcasmo internacional.

Debe quedar bien claro que la política exterior norteamericana, como sus diferentes incursiones militares, son cuestiones polémicas y materia opinable. Como también es un hecho la agresiva y belicosa política exterior de la República Islámica de Irán. Pero lo que en definitiva, si se analizan las frases desapasionadamente, dijo Kevin Sullivan, fue que los Estados Unidos aguardaban – como la mayor parte de la comunidad internacional – que la Argentina supere de una buena vez por todas esta historia de los llamados fondos buitre, y pueda reincorporarse como cualquier país normal, como lo son hoy Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile y Brasil, precisamente, a la normalidad institucional.

Sin embargo, la decisión del grupo gobernante es explotar el aparente y falso dilema, el engañoso “Patria o Buitres” hasta el punto de llevarse puestas las relaciones con los Estados Unidos, sin ninguna precaución, sin ninguna cautela, sin ninguna prudencia, sin siquiera pensar que para pelearse con un protagonista de la talla de los Estados Unidos hay que tener con qué y hay que poder defenderse diplomática, económica, política, y, por qué no decirlo, culturalmente.

Esas son preocupaciones que no afectan al Gobierno. No lo afectan, al menos, al señor Timerman, seguramente el ministro más desprestigiado y menos querido en esa cartera que ha tenido la Argentina en democracia.

En consecuencia: la citación a Kevin Sullivan es una ruda, cruda y pura exhibición de machismo pseudo nacionalista. No lleva a ninguna parte, ni permite ningún desenlace rico para la Argentina. Pero en definitiva, ¿qué les importa? Se trata, más que nada, de aparentar, y de que la Argentina se presente ante el escenario internacional, como el súper hombre de la defensa de sus intereses soberanos. En una palabra, una vez más: actuar para la gilada.

(*) Emitido en Radio Mitre, el martes 16 de septiembre de 2014. 



Pepe Eliaschev