COLUMNISTAS REFLEXIONES

Pequeños hurtos

Una cosa es el comentario sobre la inseguridad, y muy otra es toparse concretamente con ella. No, no me asaltaron toco madera vade retro cruz diablo. Pero vea, querida señora, la escena en una concesionaria de autos. Una está hablando con el señor que atiende. Más allá otro señor atiende a otros clientes. Entra un matrimonio con un chico de 10 o 12 años. Nada de particular. El hombre lleva traje gris y abrigo al brazo, la mujer pollera y suéter, el chico jeans y una campera liviana. Se paran ahí cerca. Dan unos pasos para un lado y para el otro; tal vez estén impacientes pero los dos señores que atienden siguen ocupados. Ahora están cerca del escritorio. Esperan otro rato y finalmente enfilan a la puerta y se van.

Pasa un ratito. El señor que me atiende llama al otro: “¡Gustavo! ¿Me alcanzás la tablet?”. Gustavo contesta: “La tenés vos”. El que me atiende dice: “¡Pero no!”. Gustavo insiste: “¡Sí! Está sobre el escritorio”. “No, no está”. “Sí, sí está”. “Te digo que no”. Y de repente hay un silencio y los dos se miran y por un par de segundos el silencio es atroz. “Ya te llevo la grabación”, dice Gustavo. Y nos acercamos todos y vemos lo que grabó la cámara de seguridad y ahí estamos, mejor dicho vemos el escritorio y están ellos, los que se fueron. Se acercan los tres, la mujer sostiene al chico por los hombros y lo pone pegado al escritorio. Se le acerca, lo empuja un poquito, va detrás de él, alarga la mano y levanta la tablet. Se la da al marido que la pone bajo el abrigo que lleva al brazo. Dan unos pasos, los tres dan unos pasos, se dan vuelta, miran, enfilan a la puerta y, sí, usted ya sabe: se van.

Nos quedamos como de piedra. Calculo, y supongo que los demás también, que ya están fuera del alcance, que tal vez tuvieran un vehículo esperándolos. O no, pero la cosa es que se fueron con la tablet.

Le dejo a usted las reflexiones, querida señora. Ya sé que en lo primero que usted va a pensar es en el futuro del chico. Sí, tendrá 10 o 12 años. Dentro de otros diez, digamos a los 20, usted está segura y yo también, va a salir con un arma oculta bajo el brazo. Sabe que es más fácil vivir así, de pequeños hurtos ahora, de robos más importantes, de asaltos nocturnos, de coches robados, de tiroteos con los que se retoban y no quieren largar la guita, de un par de muertes, y no con un laburo en el que hay que cansarse, ponerse de mal humor, ¿y todo para qué? Para nada, para un sueldito miserable, menos que nada.



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