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Perdió el gradualismo

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El modelo, a fuerza de parches sucesivos, está agotado. Todos saben esto. Los que lo quieren cambiar  y los que lo quieren reeditar.
Ojalá, ambos deseos que se enfrentaron en las elecciones de ayer, no nos devuelvan a la Argentina pendular: esa que era un jolgorio aperturista en los 90 que nos sometió a la más dura crisis jamás sufrida a la salida de la convertibilidad. O la otra, que ha creído que permanecer en distribuciones sociales significaba cepos a todo lo que no se podía resolver.
Hay que producir cambios, y la discusión no es por afirmativo o negativo, sino por el hecho de cómo y cuándo. Aún con ballottagge, los destinos no cambian, y las “facturas” hay que “pagarlas”.
Al respecto, en mi particular visión, no hay lugar para gradualismo. Suena imprudente la frase, y parecería que nos podría llevar al caos.
Pero no lo veo de esa manera, si se hacen las cosas desde los anuncios del primer día: seguridad para inversores (proyecto de ley al Congreso el día 1), exteriorización de capitales (blanqueo), incentivos fiscales, recorte de subsidios obviamente por sectores, derogación del impuesto a los autos, motos, barcos, etc., y liberación a la flotación “sucia” del valor de la divisa.
En materia impositiva, nítidamente reducción de retenciones, evaluar la disminución o eliminación de ganancias de cuarta categoría, mediante la suba del minimo no imponible, o admitiendo deducciones lógicas (salud, educación, etc.). ¿Se pincha la recaudación? Depende del nivel de actividad, entrará recaudación por el blanqueo, y también se podría elevar el impuesto a los débitos, pero totalmente a cuenta de Ganancias o IVA. El impuesto debitado es una excelente trampa para evasores e incumplidores impositivos. Esto sólo para comenzar. La tarea posterior es aún más grande: una moderna reforma fiscal.
Obviamente, todo ello debe cuidar a las distintas clases sociales, y defender el trabajo, el cual si se cumple lo que ahora todos dicen (invertir en infraestructura) no debería ser el problema

* Presidente de FIRST.



Miguel Arrigoni