COLUMNISTAS

Periodismo de anticipación

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Así como los periodistas y políticos de la oposición (valga la redundancia) hace ocho años que pronostican que en un año cae el Gobierno, yo también hago periodismo de anticipación: pienso hablar de la próxima edición de la Feria del Libro, a realizarse dentro de cincuenta semanas. Según se ha anunciado hace unos días, el año entrante San Pablo será la ciudad invitada a la Feria. Es una muy buena noticia, más allá de los detalles que desconozco: ¿vendrán sólo escritores y editores paulistas? ¿O San Pablo es una excusa para hablar de Brasil en general? No lo sé, y todavía falta mucho para saberlo. Sé, en cambio, un par de cosas. Primero, que este año al fin se pudo comprar libros en portugués en el stand de Brasil en la Feria. Cierto es que eran pocos, en su mayoría de autores mainstream y casi todos de la misma editorial (Companhia das letras). Pero quienes recorrieron los anaqueles posteriores se habrán encontrado con un par de buenos títulos (yo compré los Cuentos completos de Lima Barreto, en una hermosa edición de más de 600 páginas). Es de esperar que el año que viene el stand persevere, y comiencen a encontrarse libros de bellas editoriales brasileñas como Cosac & Naify, Azougue, Editorial 34, Estaçao Liberdade, o Iluminuras, entre otras. Más conocidos son los autores brasileños que vienen siendo traducidos en castellano: Milton Hatoum y Luiz Ruffato estuvieron este año en la Feria, y ya habían estado en Buenos Aires en eventos como el Filba. Lo mismo que Sérgio Sant’Anna, Joao Gilberto Noll, Daniel Galera, Bernardo Carvalho, entre muchos otros, en años anteriores. Sin mencionar las traducciones más o menos recientes de autores como Clarice Lispector, Dyonelio Machado, Joao Guimaraes Rosa, o el propio Lima Barreto. La presencia de escritores brasileños traducidos al castellano en Argentina creció notablemente. Pese a eso, aún quedan muchos buenos escritores sin traducir. Ya que nunca pude cumplir mi sueño de convertirme en editor (oficio demasiado glamoroso para mí: para ejercerlo hay que ser delgado, lindo y saber andar en moto) escribo este articulín como una botella al mar, para que alguna editorial tome en cuenta tres de esos buenos novelistas brasileños inéditos. Uno es Joca Reiners Terron. Nacido en 1968, perteneciente a la muchas veces llamada “generación 90” (categoría bien fallida) su estética entrelaza géneros narrativos, influencias del pop y el cómic, y un cierto gusto por la experimentación heredera de la mejor tradición brasileña de los 70. Creó también la editorial Ciência do Acidente, donde publicó a Marçal Aquino, de quien prefiero un libro editado por Companhia, llamado Eu receberia as piores notícias dos seus lindos lábios, en la que se cruzan el bajo mundo, la pasión por la fotografía y el mito brasileño de la fiebre del oro.

Aquino nació en 1958, y comparte con Reiners Terron el mérito de ser demasiado adulto como para aparecer en el número de Granta dedicado a los jóvenes escritores brasileños nacidos a partir de 1972, tan poco interesante como la anterior edición de autores en castellano. Sin embargo, en ese Granta hay un cuento de Emilio Fraia, quien había escrito en colaboración con Vanesa Barbara, O verão do Chibo, linda novela de aprendizaje sobre el mundo de la infancia. Hay otros escritores, pero me quedé sin espacio.



Damián Tabarovsky