COLUMNISTAS

Pero si sale en televisión

PERFIL COMPLETO

Foto:Dibujo: Pablo Temes

Marcelo Tinelli fue distinguido como Personalidad Destacada del Ambito de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. La mención se otorgó de manera más transparente que premios menos cuestionados como el Martín Fierro o el Konex. La Legislatura elegida por los ciudadanos de Buenos Aires votó, y así Tinelli se unió a otras personalidades destacadas, como el historietista Liniers, el actor Guillermo Francella, el cantante Horacio Fontova y el conductor Daniel “Tota” Santillán. El premio no conlleva mayores honores que la entrega de un diploma, ocasión en la que Tinelli declaró que era un día especial para él y se sentía orgulloso. Las distinciones a Liniers, Francella, Fontova y Santillán no causaron grandes controversias, pero el caso de Tinelli motivó discusiones sobre si era correcto considerarlo miembro del ámbito de “la cultura” o si el problema era señalarlo como “destacado”. Incluso algunos se preguntaron por el estado de “la cultura” porteña para que Tinelli recibiera el premio.

¿Qué es “cultura”? En 1952, los antropólogos estadounidenses Alfred Kroeber y Clyde Kluckhohn encontraron 162 definiciones diferentes de “cultura”. Hay, por lo menos, tres acepciones que son relevantes para esta discusión. Para la antropología, la cultura de un grupo humano está compuesta por sus creencias, comportamientos y artefactos. Hay una segunda que iguala la cultura a la “alta” cultura, es decir, los productos artísticos valorados por la élite: ópera, pintura, teatro, arquitectura. La alta cultura se opone a la “cultura popular”, que incluye los consumos e intereses de la mayoría de la población.

Alta cultura y cultura popular han estado siempre en tensión. La primera goza de legitimidad, mientras que la segunda ha sido señalada por bastardear la cultura de élite, corromper a su audiencia y poner en riesgo la sociedad tanto por causar la decadencia en los gustos del público como por estupidizarlo hasta hacerlo más proclive a aceptar el totalitarismo. Como señala Herbert Gans en Popular Culture and High Culture, si bien es cierto que la cultura popular toma prestados elementos de la alta cultura, el fenómeno se da también a la inversa: Béla Bartók incluyó melodías folklóricas en sus obras y Roy Lichtenstein se apropió de la historieta en sus cuadros. La acusación de la cultura popular como corruptora de la sociedad está basada en la teoría de aguja hipodérmica. Según esta formulación, los consumos culturales tienen efectos directos, automáticos y, en la mayoría de los casos, negativos en el comportamiento de la audiencia. Sin embargo, ningún estudio ha demostrado que estos efectos existieran y la teoría ha sido descartada hace más de cincuenta años por quienes estudian comunicación.

Aunque alta cultura y cultura popular tienden a converger en algunos casos (¿Mad Men es cultura popular o alta cultura? ¿Y House of Cards?), los dos polos han estado asociados a diferentes estratos socioeconómicos, según señala Pierre Bourdieu en su libro La distinción. El capital cultural, que incluye prácticas como el acento al hablar y los gustos artísticos y literarios, refuerza y reproduce las diferencias de clase. La crítica al premio otorgado a Tinelli como Personalidad Destacada del Ambito de la Cultura puede estar relacionada con el deseo de marcar una cierta “distinción” por parte de los indignados.

Tinelli es parte de la cultura popular porteña y, en ese sentido, es difícil de cuestionar el premio. Pero si también lo pensamos desde la acepción antropológica del término, el programa de Tinelli es, sin dudas, un artefacto de nuestra cultura, y el consumo casi ritual de ShowMatch forma parte del amplio rango de comportamientos de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. Si alguna vez desapareciera nuestra civilización por una catástrofe nuclear o climática, una antropóloga llegara a lo que era la orilla derecha del Río de la Plata y viera la cantidad de bits, centímetros de cinta magnética y hojas de papel destinadas a Tinelli, concluiría que era una personalidad destacada de nuestra cultura. Y no estaría equivocada.

*Profesora de Comunicación en la Universidad de San Andrés, Master de Comunicación por la London School of Economics.



Eugenia Mitchelstein