COLUMNISTAS MODELO SIN FILTRO

Peronismo para millennials (y economía para veteranos)

Ahora que el gobierno de Mauricio Macri está lanzado a diagramar su propio modelo y ve factible quedarse hasta 2023 para llevarlo a cabo, todo lo que está enfrente se reparte entre dos grupos que le dan una ventana de tiempo inmejorable a la agenda de reformas del oficialismo.

Icono. El PJ de Perón hoy es como un iPhone, con versiones nuevas todo el tiempo.
Icono. El PJ de Perón hoy es como un iPhone, con versiones nuevas todo el tiempo. Foto:cedoc

Ahora que el gobierno de Mauricio Macri está lanzado a diagramar su propio modelo y ve factible quedarse hasta 2023 para llevarlo a cabo, todo lo que está enfrente se reparte entre dos grupos que le dan una ventana de tiempo inmejorable a la agenda de reformas del oficialismo. Por un lado, están los que consideran que alguna forma de ese Gollum que es el peronismo va a volver a mutar para  volver a conseguir el poder, y por otro, los que van anotando en una libreta todas las inconsistencias de la gestión económica con la tristísima esperanza de que, como les ha enseñado la historia, todo termine volando por el aire y eso los traiga de nuevo arriba de la lona.

Los muchachos. El primer grupo está en pleno reseteo. Mientras Macri usa Snapchat y destina montañas de guita para propagar videos de obras en redes sociales frente a un 40% del padrón que nació después de 1983, los dirigentes del peronismo alternan esa disciplina incomprobable de ver quién tira un nuevo “como dijo Perón” con disputas por la liturgia de los símbolos y discusiones en torno de un calendario histórico que siguen cuatro. 17 de noviembre, Día de la Militancia. Carteles en la calle y reivindicaciones. 17 de octubre, Día de la Lealtad, cruce de declaraciones. Un par de meses antes, ¿Cristina le va a dar el sello del PJ a Randazzo? Seguido: ¡Cristina le dejó el sello del PJ a Randazzo! Más tarde, Dady Brieva se va al pasto y dice que que no se olvida del bombardeo de la plaza y de los que no hicieron el duelo con Eva Perón. Mi viejo lo hubiera entendido, pero se murió hace un mes.

La historia es importante, quién lo duda, para construir futuro, pero te puede condenar si ordenás tus próximos pasos sólo según lo que hubiera hecho o dejado de hacer un chabón hace setenta años. Imaginate, además, explicarle el peronismo a un millennial. ¿Qué le vas a decir? ¿Que el #díadelalealtad fue un hashtag que se viralizó cuando muchos obreros fueron a pedir la libertad del líder que había sido confinado a un lugar sin celulares, es decir, una cárcel? ¿Les vas a decir que Perón likeaba tanto a paramilitares como a guerrilleros? ¿Que se sacaba selfies con todos? ¿Que es una especie de Steve Jobs que a pesar de que se murió sigue marcando la actualidad? ¿Que el PJ es como un iPhone, que tiene versiones nuevas todo el tiempo? Ya que está, podés decirles también que su última versión, el kirchnerismo, es como Facebook:

nació en 2003 y se convirtió en una máquina de hacer dinero, que arrancó con ideas hermosas y terminó a pura fake news. Nadie sabe si esto bastaría para rejuvenecer a esa fuerza que hoy trata de sobrevivir a Macri, mientras le acompaña el grueso de las medidas. Tal vez, como le pasó a la UCR, que terminó enyesada dentro de Cambiemos, al peronismo lo estén, como mínimo, mandando un tiempo a Megatlon, a ponerse en forma, para volver al ruedo. Hay que ver de cuánto tiempo será el abono.

‘Momento guarda’. El otro grupo sí está más activo. Primero porque la mayoría son veteranos que se dejan llevar por el instinto histórico de “¿cuándo explota todo?”, y segundo, porque el Gobierno le da material a rolete para ir llenando hojas de la libreta de las advertencias: la última medición mostró que la indigencia subió en el Gran Buenos Aires; los intereses de la deuda crecen al 70% interanual; las exportaciones que fabrican dólares para pagarlos no levantan y el déficit comercial es récord; la producción de petróleo y gas cae y así se tardará más en dejar de importar combustible; la inflación no abandona los niveles Kicillof y eso que recién ahora vienen los aumentos de tarifas; al Banco Central no les dan las metas y Federico Sturzenegger se va de mambo con las tasas de interés y la pelota de Lebacs ya hace tragar saliva fuerte.

Crucen los dedos. Ante esto, en el Gobierno pisan el acelerador y van. Reforma impositiva. Reforma previsional. Reforma laboral. Suba de tarifas. OCDE. Su estrategia, por lo pronto, es que se extienda en el tiempo la muerte y resurección de los nostálgicos del primer grupo, y que pifien por mucho los agoreros del segundo porque, según creen, no se dan cuenta de que todo ese diagnóstico la Casa Rosada lo tiene presente y no sólo eso, lo irá corrigiendo de manera gradual gracias a una variable tan simple como inverosímil para la historia reciente: que la economía crezca al 3% por varios años.



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