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Polarización

Cambiemos no capitaliza la crisis del PJ. Desorientaciones tras el acto de la CGT.

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María Eugenia Vidal
María Eugenia Vidal Foto:PABLO TEMES
Los índices de pobreza del Observatorio Social de la UCA añaden otro motivo de agitación al debate del Gobierno. Cómo capitalizar la extraordinaria contribución del peronismo a la victoria electoral de Cambiemos en cada ocasión que desnuda algo más que la falta de conducción: la crisis de representatividad que afecta a los actores involucrados en una meta en apariencias común. Superar el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.

Es el inesperado efecto del paro que analiza la CGT, una fuga hacia delante para disimular el riesgo de fractura. Amenaza latente desde la adhesión de la ex presidenta a la marcha: el inicio de los desmanes se atribuye a la disputa entre Pablo Moyano y Francisco “Barba” Gutiérrez por organizar las delegaciones regionales de esa central. El camionero y el de la UOM lo hacen en nombre del anticristinismo furioso. Franquicia que estimula la reyerta.
Gutiérrez sindica por la derrota en el municipio de Quilmes con Martiniano Molina a La Cámpora y a Aníbal Fernández, que no superó el filtro de la endeble seguridad cegetista para acceder al palco. Los intendentes del GBA asistieron con las mismas prevenciones adoptadas desde 2012 ante cada convocatoria de Cristina: delegación de protocolo para marcar presencia pero sin prestar número al sindicalismo con el que pujan por renovar el PJ.
Como consigna para ganar tiempo, la de la unidad parece haber agotado su ciclo esta semana. Esa convicción y la promesa oficial de liquidar los 30 mil millones de la Emergencia Social persuadieron a los piqueteros de suspender la asamblea pública para reclamarlos este lunes, promovida como extraño homenaje al cuarto aniversario de la conversión de Jorge Bergoglio en Francisco. 

Casi una bendición a las dificultades para silenciar el pedido de paro general entre los simpatizantes del Movimiento
Evita llegados desde el Conurbano a la marcha: un aprieto para los dirigentes que negocian ese desembolso. El Papa sigue de cerca el clima social en la provincia de Buenos Aires. Viene de dialogar con María Eugenia Vidal y Florencio Randazzo.

Ruptura. El ex ministro lidera el proyecto más ambicioso del Grupo Esmeralda: romper el piso electoral de CFK para librarse del techo impuesto a nuevas adhesiones. Antes deberá vencer la reticencia de Fernando Gray: tal vez permeado por la súbita devoción a la ex presidenta, el intendente de Esteban Echeverría temió ser víctima de un hecho de inseguridad al voleo en plena manifestación.

Vidal obtuvo aval ambiguo de la Iglesia en la paritaria docente. Eduardo Martín instó a las partes a acercar posiciones. El obispo de Rosario preside la comisión de educación del Episcopado. La huelga impactó en escuelas parroquiales del primer cordón del GBA. Lo contrario a la periferia. La gobernadora mina la base electoral de Roberto Baradel: el viejo argumento peronista de amortiguar a la izquierda radicalizada auxilia al titular de Suteba. En mayo la enfrenta en las urnas. Puede que termine aceptado como mal necesario.
La solución al conflicto condiciona la estrategia electoral y repercute en las candidaturas. La paritaria es tomada como caso testigo para la de los industriales, que piden tratamiento igualitario con el campo, donde la reactivación funciona. Eso alimenta versiones de cambios de gabinete que resiste la mesa chica del PRO. Apuntado para ser sustituido por Ernesto Sanz, a Marcos Peña lo defienden sus detractores: Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

Otra razón del jefe del gobierno porteño para resistir a Martín Lousteau en Cambiemos de la Capital, destino inevitable para Elisa Carrió como candidata. La venganza para que Jorge Macri no lo sea a senador bonaerense es una contribución involuntaria a Vidal, que no desea a ninguno de ellos e incomoda a Esteban Bullrich: obligaría al Presidente a romper la promesa de no postular ministros y al de Educación a serlo contra su deseo.

Carrió. Lilita impulsa a Mario Negri para presidir la Cámara de Diputados y a su titular, Emilio Monzó, como candidato a senador en la Provincia. A Vidal no le disgusta, aunque es difícil que trague el anzuelo: la titularidad de un cuerpo del Congreso por una banca. Por eso insiste en que Sanz sea quien lo reemplace. Antes debería ser elegido diputado por Mendoza.

El populismo que rechaza con fervor restringe opciones. Eduardo Duhalde declinó presidir la Unasur, como le dijo a Peña en la Asamblea Legislativa. El Gobierno pensó como alternativa en José Octavio Bordón, vetado por Venezuela, Bolivia y Ecuador por incumplir una formalidad no escrita en el reglamento: haber sido ex presidente o canciller.
Sanz se apresuró a anunciar el traslado de Bordón y a ofertar su puesto a Enrique Vaquié, superministro de Hernán Cornejo en Mendoza y enfrentado al gobernador, que precisa modificar la Constitución para ser reelecto. El día 7 Vaquié asumió como vice de Javier González Fraga en el Banco Nación.
Institucionalizar en la UCR que los votos perdidos están en Cambiemos es la idea que trabaja en silencio junto al puntano Walter Ceballos, viceministro de Defensa. Vidal ya envió a Manuel Mosca a dialogar con Gerardo Morales, que aspira a presidir el comité nacional: un acuerdo de cooperación entre legislaturas fue la excusa del titular de los Diputados en la bonaerense para visitar Jujuy.

A Duhalde lo desanimó la residencia permanente en Ecuador exigida por el cargo. Y la dificultad para presentar una colectora peronista añadida a los senadores de Vidal, que rechazó la gobernadora. Pena compartida el día 3 con Mario Ishii y Alejandro Granados en su oficina de Constitución. Los intendentes de José C. Paz y Ezeiza tenían dos motivos de asombro. Lo bien que mide en sus distritos Cristina y la dificultad de comprometer a Vidal en la fallida
aventura.
Hay un dato que quizás los alivie. Si es candidata, CFK lo sería en 2019. Quizás desde la cárcel. En eso trabaja Eugenio Zaffaroni, con cierta complicidad de Scioli: en las partidas de ajedrez recuperadas con Duhalde, le dijo que iba a descansar. Se rectificó en el acto de la CGT.