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Polémica base espacial china en la Argentina

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Sin un contexto geopolítico adecuado la discusión acerca de la base china de seguimiento satelital –en construcción en Neuquén– queda en mera polémica. En mayo, el Ministerio de Defensa de la República Popular China publicó su primer libro blanco, llamado Estrategia Militar de China. Este tipo de publicación estratégica expresa aspiraciones, objetivos, escenarios de conflicto en los cuales los intereses del país se encontraran comprometidos. La política del “ascenso armonioso” ahora se complementa con la de la “defensa activa”.
Argentina, en dicho documento, tiene un rol secundario enmarcado en la política aeroespacial. Si bien Beijing se opone a la militarización del espacio exterior, no está dispuesto a quedarse atrás en su uso, lo cual implica explotar tecnologías que tienen tanto una finalidad civil como militar. Si además agregamos las cuestiones relacionadas con el ciberespacio y su vínculo con la infraestructura espacial, este tipo de instalación es clave para denegar la superioridad militar norteamericana, y el gobierno chino se ha comprometido a preservar su seguridad nacional.
Consecuentemente, es necesario no sólo preguntarse y, eventualmente, monitorear si dicha base tendrá la finalidad declarada o servirá a otros fines. Cabe destacar que chinos y americanos están probando de manera activa sus capacidades ofensivas y defensivas en una serie de escaramuzas que cada vez son más virulentas. Esta base nos acaba de situar “hábilmente” en el medio de un conflicto en el cual nuestro interés nacional se puede ver afectado por encima de los supuestos beneficios que su instalación pueda traer.
El Programa de Exploración de la Luna de China depende de la estructura militar, del equipamiento de la misma nada se informó más allá de que se corresponde a una red de estaciones de Comando, Telemetría y Control. Esta es la primera instalacion militar fuera de su región. Cabe destacar la empresa China Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC) fue establecida en 1986 para comandar y controlar las operaciones espaciales del Ejército de Liberación Popular (ELP). De hecho actualmente su director es el general Zhang Youxia, director del Departamento General de Armamentos (DGA); uno de los cuatro departamentos que constituyen al ELP.
El DGA tiene la responsabilidad primaria de identificar y cumplimentar las necesidades de armamento. Para hacerlo, se apoya en ocho subdepartamentos, una serie de fábricas, instalaciones para la prueba de armas convencionales y nucleares, institutos de desarrollo científico y centros de lanzamiento de satélites. Como responsabilidades secundarias, le corresponde el mantenimiento del ciclo de vida de los sistemas de armas, proponer políticas de modernización militar y también acercar los procesos de investigación y desarrollo con la cadena productiva. Cabe destacar que no obedece ni al jefe del Ejército, ni al Ministerio de Defensa, reportando directamente a la Comisión Militar Central (CMC), verdadera hacedora de la política militar y quien controla a las fuerzas armadas, y uno de los organismos más poderosos de China. Su importancia es tal que se considera a la CMC como uno de los “tres sombreros” que porta el presidente de China, siendo los dos restantes –lógicamente– la Presidencia de la Nación y la Secretaría General del Partido Comunista Chino.
Teniendo en cuenta la estrecha vinculación entre la CLTC y el ELP, el Gobierno argentino debería extremar medidas de transparencia y explicar cómo efectivamente se controlará la información que manejará la base y la oposición debería formar una Comisión Bicameral para el seguimiento de actividades científicas que podrían tener un uso dual. Finalmente, la realidad es que éste es un giro inédito de la política exterior argentina. Por primera vez se acepta que una base extranjera con potenciales fines duales se instale en nuestro país.

*Profesor investigador del Programa de Estudios sobre China, Rusia y Cuba, del Instituto de Ciencias Sociales de Fundación UADE.



Juan Pippia