COLUMNISTAS GONDOLAS

Pongan un coto

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Yo me detendría un rato más en la esposa de Coto, que ejemplifica cómo se puede recortar la realidad y hacer aparecer una verdad, un fulgor, que se acomode a cada mezquindad.
Gloria Coto, desatada, se queja de la herencia recibida: “Antes [supongo que se refiere al menemismo], de un cadete sacaba un gerente; ahora de un cadete no saco un cadete. Falta educación, la gente tiene que tener ganas de trabajar. Es muy difícil que la gente tenga ganas de hacer las cosas cuando alguien le regala. Hay que volver a la cultura del trabajo, los planes arruinaron a mucha gente”.
El razonamiento amasa una verdad vista desde un solo ángulo. La política de planes sociales es desesperada y precaria, poco deseable, sí, pero los comentarios resultan hipócritas cuando tantos planes han ido a parar a las cajas del Coto, en un consumo básico pero perenne, ahora vedado a mucha gente. Si un sueldo allí es tan magro como un plan social, muchos optarán por el plan y no por dejarse explotar en un régimen poco amable. Coto fue denunciado ahora por fraude: es por la campaña para comprar camionetas y cámaras en Malvinas Argentinas a través del vuelto que les pedía a los clientes. Ese dinero no sale del CUIT del consumidor; Coto lo dona desde su CUIT, con plata de la gente. Doña Coto esgrime su credo como verdad, junto a un sector poco afecto a relacionar causas y efectos y bien dispuesto a creer que la empresa no es responsable de la formación de precios.
Otro provocador de la talla de Gloria Coto sostuvo que “la verdad es un tipo de error, sin el cual una determinada especie de seres vivos no podría vivir. Lo decisivo en último término es su valor para la vida”. Fue Nietzsche, iluminando el valor de casi todo enunciado político que justifique el saqueo de hoy. Esa determinada especie de seres vivos se está intoxicando en champán sin retenciones y en sus verdades de góndola recién lustrada.

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