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Por un gran pacto educativo

Se necesita definir unas pocas políticas a trabajar en el mediano plazo, de acá a 10 años.

Se debe confiar en los datos y utilizarlos para mejorar
Se debe confiar en los datos y utilizarlos para mejorar Foto:Cedoc Perfil

En 1939 José Ortega y Gasset nos decía desde una conferencia en La Plata: "¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal"

Dejar la postura a la defensiva. A todos nos cuesta ser evaluados y más aún si los resultados no son favorables. Naturalmente surge la tendencia muy humana y natural a descalificar a los evaluadores e instrumentos antes que aceptar humildemente las correcciones sugeridas. Veamos cuatro escenarios posibles. Sin dudas la mejor postura es la de confiar en estos datos y poner manos a la obra. Si estamos en crisis, tal como expresa Aprender 2016, entonces estaremos actuando rápidamente para salir de la misma. Si hubiera errores en el instrumento y/o metodología y la realidad no fuera tan desastrosa, entonces estaríamos en el sendero de la mejora continua de la calidad. Por el contrario si no confiamos en los datos, los criticamos y no los atendemos pero son ciertos, estaremos en el camino de la decadencia. Finalmente si criticamos los datos permaneciendo en una suerte de piloto automático del sistema educativo, pero la realidad no fuera tan terrible, entonces estaríamos perdiendo una oportunidad magnífica de emprender la mejora. Conclusión: conviene atender estas llamadas de alertas especialmente si consideramos que al triangular con anteriores operativos internacionales, nacionales y provinciales la radiografía es siempre parecida.

“De los laberintos se sale por arriba” significa en este caso apostar a la transformación de unas pocas políticas de educación en políticas de estado. Es imposible el avance en educación sin continuidad ni tiempo. Nuestros hermanos chilenos han conservado ciertos ejes educativos en su historia reciente más allá de los cambios de gobierno. Este camino parece ser el que intenta emprender el Gobierno Nacional con el denominado plan Maestro. Que características debería tener un plan de esta índole:

  • Amplia participación en la elaboración. Muchos para hacer un documento simple, y no pocos para hacer un documento complejo. Ministros de educación, ex – ministros, sindicalistas, supervisores, directivos, docentes, alumnos, padres, empresarios, académicos, universitarios, pedagogos, diputados y senadores, burocracias estatales, periodistas, tercer sector, etc.

  • Un gran pacto educativo de unas pocas políticas a trabajar en el mediano plazo, de acá a 10 años. Para poner un ejemplo: no creo que sea viable un trabajo serio y profundo en las aulas de primaria abordando a la vez capacitaciones en matemática, lengua, naturales, etc. La maestra es la misma. Todo no se puede. Paso a paso.

  • Plan que incluya, al mejor estilo de cuadro de mando integral, no solo los indicadores y metas, muy valiosos por cierto para su monitoreo y evaluación sino además las preguntas fundamentales para su ejecución: responsables, tiempos, espacios, recursos, acciones. Sin esto todo quedará en lindas intenciones.

  • Finalmente fuertes campañas de difusión a lo largo del año poniendo el tema en la agenda. Alianzas estratégicas con agentes como el Consejo Publicitario por ejemplo, son fundamentales.

(*) Profesor de la Universidad Austral.  



Joaquín Viqueira (*)