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Por una cerveza

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La prostitución es –entre las actividades humanas– la que más eufemismos genera. Como hablar de ella es bestial, el rubro se escuda en la nebulosa de una miríada de palabras para abordar lo inexplicable: la relación entre deseo, negocio, poder y esclavismo. Nótese, por ejemplo, que todos los prostíbulos son “presuntos”. Desde que la romántica prostitución decimonónica (un invento literario) cedió paso a la brutal trata de personas (otro eufemismo), las definiciones propias de este crimen de género se han puesto especialmente neblinosas.

Carlos Villalba, intendente de Salvador Mazza, es sorprendido por la AFIP en un “presunto” prostíbulo; dicen que desnudo y en compañía simultánea de dos damas. El manifiesta que estaba en casa de una familia amiga tomando una cervecita. O en un bar. En todo caso, lo de la cerveza es lo único que parece un hecho comprobado. Agrega que era una casa de amigos, pero que él no sabe a qué se dedican. Y que con tanto lío como se armó, los iba a llamar para ver qué es lo que hacen en su casa, bar, prostíbulo, qué tanto.

El pueblo pide su destitución y la Legislatura le aprueba una licencia de noventa días, supongo que con goce de sueldo. La ciudadanía llama a movilizarse. Pero atención: las marchas son dos. Así como hay una para denunciar la vileza, otros llaman a una marcha en su favor. La duda me corroe: ¿con qué pancartas, con qué argumentos se moviliza a la gente para apoyar este desliz? ¿Denunciarán una emboscada para destituir a un noble? ¿Quién redacta los cánticos de esta marcha? ¿Quién asiste?

Todo esto es más triste que el desastre.



Rafael Spregelburd