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Porteños, una sociedad resignada

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Contra lo que se podría suponer, la denuncia realizada por Jorge Lanata muestra una sociedad más desencantada con la justicia que con el Gobierno nacional. El estudio de opinión pública realizado por Raúl Aragón & Asoc. entre los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires revela este dato con total claridad.

Si bien un 36.3% de los consultados opina que esto afecta al Gobierno “mucho o bastante”, el 32.9% considera que lo afecto “poco o  nada”. Aún mas claramente, cuando se indaga a quien afecta mas “los Kirchner” solo reciben el 17.9% de las menciones y Julio DeVido 2.6%. Mientras, Leonardo Fariña es considerado por el 22.5% de los consultados como el más afectado seguido por Lázaro Baez con el 16.5%.

Pero, aunque el 70% considera que lo denunciado por Jorge Lanata es verdad también el 67.6% sostiene que, en caso de verificarse el ilícito, los culpables, sean quienes sean, no irán presos.

Así, el mayor nivel de descalificación lo recibe el sistema judicial y no el Gobierno Nacional. Esta percepción es más fuerte entre los miembros de la clase media. Entre estos, el 80% considera que no habrá condenas mientras que respecto de la veracidad de la denuncia del conductor PPT también es en ese segmento donde se registra el mayor porcentaje de credibilidad: 81.1%.

La idea de la corrupción en la política es un componente naturalizado en la conciencia de los argentinos que se la atribuyen a la clase política en general de manera automática. Algo así como la inversión de la carga de la prueba. Primero se los supone corruptos hasta que demuestren lo contrario. La novedad aquí es que ahora ha comenzado un proceso de naturalización de la ineficiencia del sistema judicial.

Terrible combinación esta que se da en el imaginario colectivo porteño. ¿Qué destino supone, qué vida social imagina una población que piensa corruptos a sus líderes e inoperante a su sistema judicial?

En última instancia, este supuesto implica que la sociedad se piensa a si misma ineficiente. Y quizás sea la percepción de esta ineficiencia, el rechazo a esta ineficiencia propia, lo que en el fondo de todos los reclamos motorice acontecimientos como el 18A.

Parecería que, finalmente, la aletargada clase media de las grandes ciudades ha comenzado a prestar un poco menos de atención a sus vidas personales y comienza a realizar aquel viejo mandato de Ortega y Gasset: “Argentinos, a las cosas!”

 

*Analista de opinión pública.



Raúl G. Aragón