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Pragmatismo y racionalidad

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El Gobierno ha logrado situarse nuevamente en el centro de la escena. Los cambios en el gabinete permiten oxigenar las expectativas que venían muy golpeadas por la falta de respuesta a los problemas más evidentes. La situación macroeconómica es la peor de los últimos años: a noviembre ya se perdieron casi US$ 12 mil millones de reservas, el saldo comercial cayó 30% en los primeros diez meses del año, los salarios apenas le ganan a la inflación y sigue aumentando el déficit fiscal.

Con el cambio de equipo, CFK despeja varios interrogantes. Detrás del discurso que sostiene la profundización del modelo, se esconde una lectura inteligente del resultado de las urnas. El giro hacia la moderación es necesario para administrar la transición y disputar una cuota de poder en 2015. Tal vez el rasgo más visible del  viraje es el desplazamiento de Moreno, un instrumento poco compatible con estos nuevos tiempos, en los que deberá primar la razón antes que la fuerza.

El nuevo tridente económico (Capitanich, Kicillof y Fábrega) exhibe mayor cohesión y autonomía, frente al equipo saliente. Estos atributos básicos son un punto de partida necesario para lidiar rápidamente con dos temas clave: la pérdida de reservas y la inflación.

La incertidumbre respecto de qué medidas se tomarán para frenar la caída de las reservas aumenta el incentivo a hacerse de dólares en el mercado paralelo o a través de retiros con tarjeta en el exterior, y a demorar la liquidación de las exportaciones. En consecuencia, el Banco Central se verá obligado a vender dólares a un ritmo cada vez más acelerado.

El desplazamiento de Moreno también abre un interrogante respecto de la dinámica de los precios. Los controles eran el único dique de contención activo, en un contexto de precios sin anclas significativas. Por caso, ¿cómo se comportarán las empresas en la transición hasta que los nuevos funcionarios retomen las riendas?

El Gobierno ya dejó trascender las pinceladas gruesas de esta nueva etapa impregnada de pragmatismo. Se buscará aumentar la oferta de dólares a través de nueva deuda para financiar inversión en infraestructura. Lejos quedó el discurso del desendeudamiento; ahora los capitales externos son el recurso necesario para evitar un estrangulamiento de la economía. También se buscará cerrar un acuerdo con Repsol y con el Club de París para apuntalar el financiamiento corporativo.

Para “ahorrar” reservas, se restringirán ciertos usos de las divisas. El turismo y la importación de autos de alta gama son un lujo, según la visión actual del Gobierno.

De cara al mediano plazo, hay convencimiento de que se deben apuntalar las exportaciones y que hay problemas de competitividad. Es un avance. Como el camino de la devaluación violenta no será transitado, el combo seguramente incluirá aceleración en el ritmo de devaluación e incentivos fiscales que permitan reanimar a las economías regionales.

En suma, el nuevo equipo económico tiene la capacidad y la voluntad de comenzar a realizar parte de los ajustes necesarios para mantener a flote la economía. Cuenta, además, con el voto de confianza de gran parte de la sociedad. No es poco. Las dudas se despejarán en el corto plazo, cuando comiencen a instrumentarse las nuevas medidas. No hay margen para la luna de miel en este contexto. El Gobierno deberá mostrar mucha capacidad de gestión para instrumentar de forma rápida y efectiva estos nuevos lineamientos.


*Economista de Analytica.



Rodrigo Alvarez