COLUMNISTAS

Pregunta para 2016

La vida de las naciones tiene a veces recodos insospechables: derivaciones que nadie podría haber imaginado. Mientras en este preciso momento, ahora mismo, les estoy ofreciendo mi editorial cotidiano en Esto que Pasa, millares de argentinos se han congregado para expresar, de manera explícita, clara y rotunda, su indignación ante la manipulación y la torpeza de un Gobierno que quiere sacrificar en el juez José María Campagnoli la posibilidad de que haya una justicia verdaderamente independiente de los poderes políticos actualmente vigentes.

¿Y cuáles son esos recodos? ¿De qué derivaciones hablo? Casualmente, a estas mismas horas, el Gobierno de nuestro país ha chocado con una piedra que por el momento es irreductible, y que lo seguirá siendo, no solo por la personalidad de Thomas Griesa, sino porque efectivamente,al sistema gobernante de nuestro país le cuesta entender y asumir, que exista tal cosa como una justicia independiente, un poder de la Constitución verdaderamente separado y autónomo del Poder Ejecutivo.

Justamente por estos días tuve oportunidad de ver, como parte del descanso obligatorio que estoy tratando de cumplir, sin que esto me impida comunicarme con ustedes todos los días, una película maravillosa que dramatiza lo que fueron los históricos reportajes del periodista británico David Frost al ya ex presidente Richard Nixon. Una película notable, de un enorme valor periodístico, se llama Frost/Nixon: la entrevista del escándalo  y que recomiendo calurosamente a los periodistas jóvenes y a los que quieren aspirar a serlo.

En el curso de la dramatización, cuando este hombre aparentemente frívolo y superficial, David Frost, un individuo exitoso en la conducción de programas ligeros, de interés general, se pone frente a frente a lo que había sido un verdadero coloso de la política norteamericana – coloso del mal, por cierto – para tratar de indagar qué pasó con Watergate, se encuentra, en definitiva, apela a una infraestructura de valores e instituciones políticamente válidas que permitirán que en el momento de la verdad, ese periodista, Frost, le haga confesar a Nixon todo el daño que le hizo a su país y al mundo.

¿Por qué hago esta comparación? Porque, precisamente, así como se habla del juzgado de Thomas Griesa, convertido hoy en protagonista cotidiano de la vida de los argentinos, la trayectoria de las justicias autónomas del poder político, en algunas naciones están no solo consolidadas, sino que son intocables. Paradójicamente, la gente que está ahora congregada, esos millares de compatriotas que le están dando el respaldo emocional al doctor Campagnoli, expresan un mundo de valores y un universo de posiciones éticas que fueron precisamente las que permitieron que Nixon fuera el primero y por ahora único presidente de la historia norteamericana, que se vio obligado a renunciar cuando su situación ya era legalmente indefendible.

Ese común denominador es precisamente la creencia de que existen valores y puntos de vista que no pueden ser arrasados, como el actual Gobierno argentino lo hizo, ya no solo con Campagnoli, porque hay que tener en cuenta que la situación de Amado Boudou implicó, en un primer momento, que una serie importante de funcionarios como Esteban Righi y jueces como Daniel Rafecas y Carlos Rívolo, fuesen descartados, dejados de lado y marginados por necesidad política del Gobierno. Lo que se expresa hoy en la calle en el caso de Campagnoli, es la supremacía de la sociedad civil versus la prepotencia de los aparatos.

Pero si de aparatos hablamos, hoy, una vez más, y hasta hace muy pocos minutos, las calles de Buenos Aires, pero sobre todo, la ya putrefacta zona del Congreso Nacional – y me hago cargo de mis palabras – revelaron el rostro contrario: el rostro del aparataje ideológico que lleva de la mano a centenares de indigentes que de alguna manera, sin ninguna espontaneidad de base que así lo permita acreditar, son el juguete de los aprietes político–ideológicos de estos grupos marginales. Una vez más, la zona de Congreso, por Callao y hasta la avenida Corrientes, es el escenario de una precariedad argentina. Millares de vehículos, decenas de miles de personas con sus tardes laborales arruinadas, y la absoluta, completa y poco menos que agraviante ausencia de la policía, con la solo presencia de dos motos, sencillamente patéticas, que solo se dedicaban a decirle a la gente que no se podía pasar.

También hay que decir que la ausencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no deja de ser culposa, por no decir responsable; aun cuando conozco perfectamente que la Policía Metropolitana no tiene los recursos logísticos ni cuantitativos para poder asegurar en toda la ciudad todo lo que debería ser asegurado, ya sería buena hora que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires asumiera que el eje Callao–Corrientes–Congreso es auténticamente patológico, porque se genera allí la mayor cantidad de dificultades. El Congreso Nacional, las casas provinciales (como las de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, entre otras) y la existencia de juzgados laborales, convierten esa vía en un sitio elegido permanentemente por estos grupos para torturar la vida de la gente.

Sin embargo, la anomia es tan total que ya ni siquiera aparecen en la pantalla del radar mediático estos episodios. Nadie termina de registrarlos, porque ya son poco menos que normales, con lo cual el famoso argumento de “visibilizar los conflictos” también se ha vaciado. Es solamente un puro apriete.

Esto es así y viene siendo así hace más de once años: por un lado, la espontaneidad de la sociedad civil diciendo presente junto al juez Campagnoli, aun cuando esto suponga, por un rato, el corte de la Avenida de Mayo; por otro lado, los aparatos, los aprietes, las estructuras ideológicas y un gobierno que cree que de esta manera se aseguran las libertades públicas.

¿Cómo será a partir de 2016? ¿Cómo asegurará la transición democrática que el país lentamente recupere su normalidad y se respete de manera sacrosanta el derecho a la libre circulación de los ciudadanos?

(*) Emitido en Radio Mitre, el miércoles 18 de junio de 2014. 



Pepe Eliaschev