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A las angustias económicas, Kicillof responde como siempre. Inquietud por futuro judicial.

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Foto:PABLO TEMES

Uno de los hechos relevantes de la semana fue la reunión entre el ministro de Economía, Axel Kicillof, y la directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA). “Coman que ahora hablo yo”, les dijo a sus invitados –a la manera de un patrón de estancia– el ministro, que se sintió como si estuviera dictando una clase de historia de la economía argentina en la facultad. De las dos horas y cuarto que duró la reunión, la insoportable perorata de Kicillof (abundante en reproches hacia sus invitados) ocupó una hora y media, durante la que no hubo ninguna alusión al problema de la inflación. De eso no se habló.

En ese sentido, el ministro es un buen discípulo de la Presidenta. Precavidos, los empresarios habían llevado un documento en el que exponían los problemas más acuciantes de distintos sectores de la industria. En dicho documento, cuyo contenido ya es conocido, se exponen una serie de pedidos. Nadie sabe si Kicillof se tomará el trabajo de leerlo y si, en caso de hacerlo, se ocupará de estudiar posibles soluciones para superar las demandas enumeradas, entre las que sobresalen las siguientes:
Agilización del mecanismo de autorización de las importaciones. Esa es la ya famosa Declaración Jurada Anticipada de Importación (DJAI).
Ajuste por inflación en los balances de las empresas.
Apertura de líneas de financiamiento más accesibles para nuevos emprendimientos.
Apuntalamiento y estímulo del federalismo económico.
Mantenimiento y renovación de la red ferroviaria y mejoramiento del servicio.
Agilización de los mecanismos de devolución del IVA.

No había alegría entre los empresarios que participaron de la reunión. Sin embargo, a algunos de ellos les quedó la impresión de que el ministro intenta encontrar algún tipo de cercanía con el sector. ¿Será así?

El fin de semana largo vino cargado de aumentos: la nafta, 3,8% y el ferrocarril San Martín con aumentos del 100%. Respecto de los trenes, la contradicción del kirchnerismo afloró en toda su dimensión: cuando la administración de Mauricio Macri decretó el aumento del viaje en subte, desde la Casa Rosada se deleitaron criticándolo sin piedad por hacer lo mismo que ahora hace el Gobierno.

La caída del 6% del índice de la construcción en marzo habla del escenario de desaceleración paulatina e imparable de la economía. Hoy, por fuera de la obra pública, los proyectos de construcción más importantes provienen del plan Procrear. Lo demás está total o parcialmente paralizado. Esto es producto directo de la mala praxis con la que vienen actuando quienes han ocupado la poltrona del ministro de Economía.
En el sector automotriz, que fue un protagonista fundamental para mantener la actividad industrial el año pasado, la desaceleración se ahonda día a día. A Kicillof no le fue bien en Brasil. En el gobierno de Dilma Rousseff se lo quiere poco al ministro. El comunicado de sinuosa redacción que se emitió al término de la reunión conjunta entre funcionarios de ambos países es un indicio claro de las dificultades existentes. Como se ve, la buena química existente entre las dos presidentas no alcanza para derribar las barreras que complican mucho a la industria argentina. La inexorable dinámica del fin del ciclo K pone al Gobierno frente dos situaciones que lo preocupan: la elección de un candidato que sea leal a Cristina Fernández de Kirchner –un subordinado, para decirlo con todas letras– y la situación judicial de algunos de sus funcionarios.

Encontrar un candidato leal será una tarea difícil para la Presidenta. El único candidato con chances que tiene el kirchnerismo es Daniel Scioli. Es muy poco probable que de aquí a un año aparezcan otros que le puedan hacer sombra. Quienes dentro del Gobierno analizan los hechos con apego a la realidad reconocen esta realidad. Si llegara a la presidencia, Scioli no traicionará a Cristina, pero tampoco será su súbdito. Y eso no es lo que ella quiere porque su proyecto –el de volver al poder en 2019– exige que, a quien gobierne a partir del 10 de diciembre, le vaya mal. Si eso le sucediera a alguien del mismo palo, ese proyecto se complicaría. Distinto sería, en cambio, si al que va mal fuera Macri.

El asunto judicial cobra mayor relevancia para el oficialismo. Son varios los funcionarios que temen por su futuro. Por ello hay una ofensiva pertinaz orientada a concretar el nombramiento de decenas de conjueces que sean afines al Gobierno. Esto constituye un verdadero escándalo.

El nicho clave de corrupción del kirchnerismo pasa por la obra pública. Por ello, para quien el futuro no luce promisorio es Julio De Vido. En la semana que pasó hubo un hecho que lo inquietó: el pedido realizado a la Cámara Federal por dos fiscales para que se proceda a la revocatoria de su sobreseimiento y el de su esposa, Alessandra Minnicelli, en una causa por presunto enriquecimiento ilícito. Casi nadie se acuerda ya de que, durante el gobierno de Néstor Kirchner, Minnicelli fue la Síndica General Adjunta de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), que tiene, entre otras tareas, las de control sobre las contrataciones de obra pública. Es decir que los contratos que aprobaba De Vido eran “analizados” por el organismo que tenía, entre sus autoridades, a su esposa. ¡Un disparate!
De Vido no es el único. Por eso, a la hora de volver al llano, no son pocos los funcionarios que necesitarán de muchos Oyarbide para hacer frente a un futuro que les depara un prolongado peregrinaje por los pasillos y salas de audiencia de los tribunales de Comodoro Py.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.



Nelson Castro