COLUMNISTAS BAUTISMOS

Prepararse para el olvido

Como cualquier fenómeno temporal, sobre todo aquellos afectados por la cercanía del fin o el cambio inexorable, el cristi-kirchnerismo aspira a proyectar la imagen de la duración. Heredero periférico o avatar de las representaciones de la totalidad que buscaron dirimir supremacías en la Segunda Guerra Mundial, ahora, en su inocencia postrera, pasa de las palabras a las cosas y funda retrospectivamente la patria y diseña metafísicos nudos concéntricos santacruceños en ballenas azules que pretenden surcar los mares de la memoria colectiva y terminarán cortejando a su manco Capitán Ahab. En ese anhelo de apropiación de todo se esconde lo efímero de la nombradía, lo perecedero de toda posteridad. Porque bautizar un centro o una calle o una avenida o un edificio con un nombre no equivale en modo alguno a recordar al hombre que habitó esa particular conformación de vocales y consonantes, sino a indicar que ya no está. La fe que repite “Kirchner” como quien arroja agua bendita en realidad siembra la sospecha melancólica del fin. ¿Extrañaremos a Cristina? Sin duda. Pero por contraste pienso y vuelvo a pensar en mi compañero de la escuela secundaria, un tal Beraldi, no en José, que sonríe desde los colectivos para conquistar el corazón boquense, sino en aquel que, satisfecho con su vida, en los tempranos días de la adolescencia me reveló el goce de ser para estar sencillamente en el mundo y prepararse para el olvido: después de todo, creo que ni siquiera se llamaba Beraldi.

dguebel