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Presente ausente

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Pasado - presente. Unos, degradaron las instituciones, otros, exhiben torpezas.
Pasado - presente. Unos, degradaron las instituciones, otros, exhiben torpezas. Foto:Cedoc Perfil
Algo curioso ocurre con el fluir del tiempo en la Argentina. Quienes gobernaron hasta 2015 degradando las instituciones republicanas, corrompiéndose y corrompiendo, mintiendo, ocultando, complicándose en operaciones delictivas de variada gama, prometen volver y tratan de hacerlo. Para ellos el futuro es el pasado. Por otra parte, quienes gobiernan desde 2015 exhibiendo torpezas de todo tipo, insensibilidad social, sospechosos y nunca aclarados grises en materia de ética e ineficacia surtida desarrollan un limitado lenguaje en el cual el pasado aparece como excusa para sus errores y el futuro, como una utopía que una y otra vez se disuelve en el aire. Por diferentes vías, ambos escapan del presente. Unos por apremiantes razones judiciales, otros porque los pone ante una realidad con la que no habían contado en su ilimitado optimismo.

Para los populismos, la recuperación de un pasado mítico, de epopeya e improbable es, en tiempos de crisis y miserias, un argumento convocante y unificador. Resulta su punto de fuga. A su vez, para el eficientismo que se pretende apolítico (y termina cayendo en lo peor de la política), el punto de fuga es el futuro. El Presidente, sus ministros, funcionarios y miembros del “mejor equipo de los últimos cincuenta años” (un dream team que no termina de salir a la cancha) hablan siempre en tiempo futuro: las inversiones llegarán en algún trimestre, los piquetes se disolverán pronto, la pobreza se erradicará, la inseguridad menguará, la Argentina será líder mundial, habrá felicidad para todos. Según el tema del que se trate o sobre el que se pregunte (en discursos, entrevistas o comparecencias legislativas), la respuesta elude el presente y se dispara hacia un porvenir venturoso y tan incomprobable como aquel pasado legendario.

A todo esto, es en el presente en donde ocurren las cosas. En donde se cuecen imputaciones, indagatorias, aparición de nuevas pruebas sobre la corrupción más obscena, la intolerancia, la violencia. Es en el presente en donde la inflación de la vida real (supermercados, verdulerías, carnicerías, comercios, servicios, etcétera) no cede, en donde se vacían locales y aulas, en donde se pierden trabajos, en donde se postergan pagos y proyectos personales, en donde coluden intereses públicos y privados que deberían marchar claramente por rieles separados.

¿Qué es el presente? En una muy valiosa colección de ensayos sobre filosofía política titulada Entre el pasado y el futuro, Hannah Arendt (1906-1976) lo describe como el punto en el que se enfrentan el pasado, plantando un legado para la construcción del futuro, y el futuro, impulsándonos hacia el pasado para poder erigirse con fundamentos y raíces. Anclarse en esa convención llamada pasado detiene el tiempo y el devenir. Dispararse hacia el futuro (otra convención) montado en un optimismo casi maníaco equivale a desertar de la única experiencia cierta y comprobable, la que ocurre ahora.

Atribuirle al pasado las imposibilidades del presente es pretenderse recién nacido, ajeno al devenir del tiempo y las circunstancias. Anunciarse como el mesías que inaugurará un tiempo nuevo. Pero, como señala Arendt, el tiempo es uno, es una continuidad sin rupturas, hay que incluirse en él con todo lo que lleva y trae. Sin embargo, existe un hiato, dice la filósofa alemana, entre aquello que fue y lo que aún no es. Es ahí donde existimos y donde soma la verdad. Y no es amarga la verdad, cabría recordar con Serrat, sólo que no tiene remedio. No lo tiene para quienes quieren abandonar las sombras del presente mintiendo, embarrando y tergiversando como hicieron en el pasado al que sueñan regresar. Ni lo tiene para quienes, incómodos porque la realidad presente se rebela a encajar en moldes prefabricados, rígidos, volcados en planillas, anuncian un futuro de probeta, siempre en fuga. Desde el presente en el que vivimos, determinamos un pasado y un futuro. Vale para la vida personal, vale para la política. Quien quiera eliminar un componente de esta trinidad tendrá un duro despertar. Es que el tiempo no se acomoda a nosotros, sino al revés.

*Escritor y periodista.


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