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Presidente en remera

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Lideres. El G20 y la política como espectáculo.
Lideres. El G20 y la política como espectáculo. Foto:Cedoc Perfil
Afuera, una batalla extrema y larga entre los manifestantes, todos ellos contra la policía alemana. En el escenario, Shakira, con un peinado mucho mejor que el del casamiento de Messi, presentaba a Mauricio Macri en remera y feliz, contento, haciendo unos chistes repetidos sobre finales de la Copa del Mundo de fútbol. A Angela Merkel la invitaba a hablar de lo mismo en su visita a la Argentina, exactamente el mismo chiste, es decir dos veces el mismo chiste: resulta que llegan dos países a la final de la Copa del Mundo y uno le gana al otro; mientras en el Paseo de la Memoria la canciller alemana escuchaba atenta a una madre de Plaza de Mayo rogar por justicia. En este desacople, entre la tensión del mundo exterior y la vida social pública en forma de espectáculo, está el riesgo mayor del presidente Macri.

La multiplicidad de escenas dispares y simultáneas es lo que da forma al funcionamiento del mundo moderno. En un escenario parecido al de la entrega de los premios Grammy, y con rostros felices, se permiten hablar sonrientes de tragedias globales como el hambre, la educación y el calentamiento global, porque en el show y la teatralidad está el secreto de la expansión de la noticia. El público que observa está señalado con una intensa luz roja que lo decora, mientras a Macri le entregan una bandera como si fuera la sede de los próximos Juegos Olímpicos. Todo en un espectáculo que culmina en sí mismo, cuya única misión es ser un espectáculo. La pantalla detrás de Shakira, la remera de Macri, el look de Awada y la calidad del sonido y la transmisión no hacen que los niños vayan a la escuela, sino que logran que sea transmitido a varios países y que Macri sea famoso. Afuera de ese estadio el mundo sigue funcionando, y en algunos países y regiones, hacia el aumento de sus problemas: hambre, guerras civiles y otras tragedias.

Los límites entre la realidad y el espectáculo son complejos pero tentadores para el sistema político. El allanamiento a la villa 1-11-14 no es solo un allanamiento en busca de drogas, es todo un espectáculo digno de ser televisado. El movilero de TN Sebastián Domenech avanza junto con los policías en el mismo momento de la requisa, y luego informa a través de Twitter la ministra Bullrich con un hashtag #barriosseguros sobre los resultados del operativo. La gestión, y el espectáculo sobre la gestión, se van separando de manera creciente y se asumen tan importantes uno como el otro.

La gestión sería asumida como la “realidad” y su comunicación como la representación ficticia o exagerada de una situación real o inventada. En el spot del Gobierno que titula “Haciendo lo que hay que hacer”, no aparecen locutores ni música, es solo la imagen cruda de la obra pública y su sonido asumiendo el rol de ser la realidad. En esa comunicación de gobierno se expresan obviamente elementos de crítica a la vieja política y a la gestión anterior e inaugura un criterio estético diferente, que se basa en la negación supuesta de la propaganda política, haciendo justamente propaganda. Allí la obra pública es el espectáculo, es lo que se monta en el escenario de lo que se expone.

En las elecciones, Cambiemos asumió un riesgo basado más en la posibilidad de la expansión del espectáculo que en el peso real de la figura. Con Esteban Bullrich hay que recorrer un camino importante para hacerlo real en la gente, y aquí real quiere decir conocido, como existencia, como un ser. Su elección como candidato contra Cristina Kirchner y Sergio Massa y Margarita Stolbizer parece entre audaz y un salto al vacío. Bullrich casi no habla, no aparece más que en fotos expuesto al espectáculo masivo de los candidatos de Cambiemos y, por ahora, no queda del todo claro si “está haciendo lo que hay que hacer” o si esperan que el conjunto lo ayude a que su individualidad cobre valor. Mientras Macri se luce en Hamburgo y su perfil se hace cada vez más grande como espectáculo político, sus candidatos, igual que sus ministros, tienen cada vez menos lucimiento personal.

Las campañas electorales se bañan en ficción; el resultado de las elecciones en realidad. En ese camino hacia la verdad del resultado, todos asumen riesgos y juegan sus aventuras. Tanto Cristina como Massa son figuras amenazantes y no deberían dar lugar a la celebración y el festejo. La elección no está definida y es probable que los candidatos de Cambiemos estén algo preocupados, mientras Macri flamea la bandera del G20 con su esposa siempre bien vestida y ante un público feliz. Qué linda es la ficción, sobre todo como protagonista.

*Sociólogo. Director de Quiddity.