COLUMNISTAS RIO REVUELTO

Preverdad

Es posible que la justicia sin verdad, la educación sin verdad, la distribución sin verdad se terminen llevando, de verdad, nuestra libertad.

"Va a llover", nos dice el meteorólogo desde la radio, la TV o la aplicación, y aun así dudamos de llevar paraguas. Es que no son pocas las veces que tuvimos que portar el piloto o la campera inútilmente.

El pronóstico del clima es, de algún modo, una “preverdad”. Basada en el estudio de fenómenos de la naturaleza, esta ciencia arriesga una predicción presumiblemente veraz.

Hasta unos cuatro siglos antes de Cristo, la humanidad creía que la Tierra era plana, otro tipo de preverdad, ya que luego la verdad iría asomando de la mano de los que se permitieron dudar de aquella “pre”. Aristóteles (S IV a.C.), Eratóstenes (S III a.C.) y Ptolomeo (S II d.C.) fueron dando pistas de una Tierra esférica, sentando las bases de la astronomía moderna.

El “te voy a querer para siempre” es una frase preverdad que al emitirla, probablemente, estemos deseando que eso suceda.

Nos dicen, y debe ser así, que la posverdad ha sido la palabra símbolo de 2016, por efecto de nuestro comportamiento ciudadano.

Si nos remitimos a la lengua española, posverdad sería lo que viene después de la verdad, pero la palabra proviene del inglés post truth, cuya interpretación es que la verdad se ha vuelto irrelevante, que la verdad no importa.

Son tiempos en los que deja de tener valor la verdad demostrada, carecen de importancia la historia documentada y la noticia cierta y lo que cuenta es aquello que pone en marcha emociones y reacciones inmediatas.

A la generación de estas conductas han servido, como nunca, las redes sociales. Esto lo expresa muy bien Katharine Viner, editora de The Guardian, al decir: “La nueva medida de valor para demasiados medios es la viralidad en lugar de la verdad o la calidad”.

La opinión pública, en esta era posverdad, se va sosteniendo sobre emociones y creencias personales más que sobre hechos objetivos. Es algo así como llevar el fanatismo futbolístico a todos los órdenes de la vida ciudadana. El golpe que aplica un jugador de nuestro equipo al de otro no es medido por nosotros, como hinchas, con igual vara que si el que pega es el jugador rival. Exigimos al árbitro más dureza en la sanción hacia este último.

Nadie, en el gobierno anterior, ni ciudadanos, ni políticos, ni dirigentes, creía que las mediciones del Indec eran ciertas o precisas; sin embargo, a muy pocos parecía importarles ya que el Indec sobrevivió, en la mentira, durante muchos años.

De algún modo vamos buscando las noticias, aunque sean falsas o incomprobables, que confirmen nuestro modo de pensar, y por eso elegimos y propagamos medios que vayan en el sentido de lo que pensamos. No es que la verdad haya desaparecido sino que es objeto de deliberada distorsión y confrontación.

Es factible que una encuesta nos asevere que los argentinos creemos que la mayoría de los políticos miente y hasta, por costumbre, aceptamos que se comporten así. Pero, ¿qué ocurre si la verdad, de la mano de la política, abandona la justicia, la educación, la distribución?

Es posible que la justicia sin verdad, la educación sin verdad, la distribución sin verdad se terminen llevando, de verdad, nuestra libertad.

En medio de este río revuelto aparecen los pescadores que, aferrados al populismo, pretenden convencernos de soluciones sencillas a situaciones complejas y ponen la génesis de los problemas en el afuera: los inmigrantes, los medios, la ignorancia, los vecinos.

Veamos la verdad en algunas frases y actualicémoslas: “Sólo la (pos) verdad nos hará libres”, “nunca es triste la (pos) verdad, lo que no tiene es remedio”, “nadie se animó a decir una (pos) verdad, siempre el miedo fue tonto” y la que a vos te venga a la cabeza.

Va siendo hora de preguntarnos, con honestidad, si la verdad nos importa, si la verdad tiene relevancia para nosotros, tanto en nuestra vida personal como en nuestro accionar ciudadano.

Volver a ese estado de preverdad, aquel momento en que la verdad había que buscarla, que ir a su encuentro, un largo camino en el que nos puede acompañar la poesía de Yupanqui: “De un sueño lejano y bello soy peregrino”.

*Secretario adjunto de APOC. Secretario general de la Organización de Trabajadores Radicales CABA.