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Prisioneros de los servicios y las policías

Peronistas, renovadores y Cambiemos tienen un enemigo en común: la corrupción en los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad, con sus tentáculos en el Poder Judicial.

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Cultura de la ilegalidad. Cómo se erradicó la Sicilia mafiosa.
Cultura de la ilegalidad. Cómo se erradicó la Sicilia mafiosa.
Foto:Cedoc Perfil

Continúa de ayer: Estado paralelo

La mayor ruta del dinero de la corrupción no es la del dinero K. Hay países con varios presidentes presos y la corrupción continúa más viva que nunca. Que vayan a la cárcel cinco o diez políticos importantes, aunque útil, podría terminar siendo una cortina de humo para tranquilizar a la sociedad si al mismo tiempo no se ataca la cuestión de fondo, que es la cultura de la ilegalidad, que atraviesa parte de las fuerzas de seguridad y la Justicia: no por casualidad miembros de la ex SIDE construyeron múltiples relaciones con jueces de todos los fueros.

Ilegalidad es todo: el cobro de peaje por protección a la venta de droga, el juego, la trata de personas y zonas liberadas para delitos mayores. Pero también los negocios legales realizados ilegalmente dejan ganancias astronómicas. Importar telas,  juguetes o la mayoría de los productos cuesta en promedio 50% de impuestos entre IVA, derechos aduaneros y otros aranceles. Hacerlo sin pagar impuestos es un negocio que en alta escala puede llegar a ser tan rentable como el tráfico de drogas.

Una pequeña muestra de la dimensión que tiene ese negocio ilegal cuando se hace “al por mayor” es que un tercio de todos los celulares habilitados por las compañías telefónicas en Argentina fue comprado en el exterior, donde valen la mitad. O las 14 horas de cola que hacen hoy los habitantes de la provincia de Misiones para ir a comprar desde electrodomésticos hasta nafta al Paraguay, donde cuesta mucho menos. Tener zona liberada en la Aduana es casi como tener la máquina de fabricar billetes o ser recaudador de los impuestos de la AFIP.

Tener zona liberada en la Aduana equivale a tener la máquina de fabricar billetes o ser el socio de la AFIP

No se trata de nada nuevo, la mafia en todo el mundo se construyó cobrando esos peajes a las actividades lícitas además de las ilícitas, y al recaudar sumas extraordinarias, comprar políticos y jueces. De la misma forma, en todos los países que tuvieron democracias débiles, sus fuerzas de seguridad fueron contaminadas por la ilegalidad. Por eso democracia y legalidad van juntas.

Leoluca Orlando fue el alcalde de Palermo, la simbólica capital mundial de la mafia, entre 1985 y 1990, y entre 1993 y 2000. Actualmente es el presidente del Instituto para el Renacimiento Siciliano, elegido por las Naciones Unidas como “modelo mundial del fomento a la cultura de la legalidad”.

Es que cuando Leoluca Orlando llegó al gobierno, en Palermo la mafia generaba  entre 240 y 250 homicidios anuales (los homicidios de Rosario actualmente, que tiene el doble de población) y los redujo a sólo ocho por año. En su libro Cultura de la legalidad. El papel de los medios de comunicación. El caso siciliano, escribió: “Así como es cierto que hay una relación entre democracia y paz, y es la paz demasiado importante como para confiársela sólo a los militares, Palermo recuerda que hay una relación entre democracia y legalidad, y que la legalidad es demasiado importante como para confiársela sólo a los policías y fiscales”.

Orlando agrega: “La mafia siciliana es de un tipo, la rusa de otro, la china de otro y la colombiana de otro, pero lo que las une a todas es la ilegalidad identificadora”. En cada país y en cada momento hay diferentes negocios ilegales más o menos rentables, pero su matriz es la ilegalidad.

El crimen organizado es un gran freno para el desarrollo democrático y económico de cualquier sociedad. La cultura de la ilegalidad es una forma de esclavitud social.

En el libro de Orlando se reflexiona sobre el papel de los medios  recordando cuando Nino Salvo, un capo mafia de los años 80, dijo: “Sabe, para mí los periódicos son como las máquinas de discos... Tocan la música que queremos, tocan la música de quien mete las moneditas”.

Cambian las épocas pero el uso de los medios de comunicación para instalar en la agenda pública temas que orienten el interés en función de sus necesidades es en la Argentina actual una característica de los servicios de inteligencia, que trafican con la información como si fuera una mercancía, la que retienen o difunden, no pocas veces falsa pero siempre verosímil y apetitosa, para llamar la atención de la audiencia. Como el audio del fiscal Marijuan diciendo que dejó a Cristina Kirchner al borde de la detención o los WhatsApp del juez Rafecas aconsejando a los abogados de Boudou en su momento.

Las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia aportan contenidos a la batalla de los K y los anti K, entreteniendo a muchos para que su ruta del dinero ilegal siga incólume.

La mayor agenda anticorrupción no surge de Comodoro Py sino de la corrupción, que es permanente

Aprovechan la grieta para seguir abasteciendo a los políticos de municiones (dinero para campañas que recaudan las policías, e informaciones comprometidas que brindan los servicios de inteligencia) a cambio de enriquecerse con el negocio de la ilegalidad.

Los motivos de la grieta que obnubila a gente tan inteligente y la vuelve ciega a los problemas comunes fueron explicados por Bertrand Russell en su libro Los caminos de la libertad: “... sus opiniones le parecen tan claras que cualquiera que piense y las rehúse cree que no es sincero y está, seguramente, animado por algún motivo avieso (...) llegará a colocarse en actitud de tolerancia filosófica frente a la apatía de la masa... pero a los que no  podrá perdonar es a los que proclaman aspirar al perfeccionamiento de la sociedad que él mismo defiende pero no acepta sus métodos para lograrlo”.

Peronistas, renovadores y Cambiemos tienen un enemigo en común: la corrupción en los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad, con sus tentáculos en el Poder Judicial. Al igual que contra la dictadura, todos los sectores políticos deben unirse para cerrar filas frente a esta forma de Estado paralelo.