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Promesas, ilusiones y desencantos en la política

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Algunos teóricos del marketing suelen decir que éste, fundamentalmente, trata sobre el arte de propiciar el encuentro entre la oferta y la demanda. Desde una mirada psicológica se argumenta que eso resulta posible cuando las promesas convergen con las ilusiones. Así, no existirían productos si no existieran compradores capaces de percibirlos como promesas (verdaderas o imaginarias) que podrían hacer realidad sus ilusiones. Curiosamente, tal definición desborda el ámbito del marketing para incluir otros dominios como la religión, las relaciones interpersonales y la política.
Aunque las metáforas más recurrentes sobre la acción política tengan inspiración bélica, también existen otras. Por ejemplo, a veces la relación entre líder y pueblo suele pensarse en términos de amor y seducción. Desde esta perspectiva, la necesidad ciudadana de aspirar a una vida mejor propicia la emergencia de líderes capaces de elaborar y materializar promesas que generen ilusión. Recíprocamente, la clave para conquistar el poder radica en tocar las ilusiones ciudadanas a través de promesas creíbles.
Como en otros órdenes de la vida, tarde o temprano las luminosas promesas de antaño suelen horadarse por el peso de la agobiante realidad. Lo cual propicia el áspero desencanto.
Las razones de esos desencantos pueden ser múltiples y variadas. Quizás alguno (o ambos) de los partenaires haya cambiado. Quizás las promesas no pudieron cumplirse, tal vez porque nunca tuvieron sustancia. Quizás alguien advierte haber sido engañado o que todo fue un malentendido. Quizás los espléndidos líderes de ayer hoy sólo pueden verse como grotescos vendedores de fantasías.
Durante la última semana las acciones y omisiones de Cristina Kirchner fueron similares a las de otras épocas. Apareció en un acto público transmitido por cadena nacional donde, luego de anunciar un insuficiente aumento a jubilados, se concentró en denostar con firmeza las supuestas mezquindades de empresarios, sindicalistas y ahorristas. En contraposición, luego de las trágicas muertes de los bomberos que cayeron en el ejercicio de su deber, la Presidenta no realizó ninguna manifestación pública al respecto.
La misma clase de discursos que durante los albores del kirchnerismo habría producido encendidos aplausos, hoy –lamentablemente– sólo produce hartazgo y decepción. En cambio, las omisiones que antes podrían haber pasado inadvertidas, hoy son figura.
Los analistas políticos discuten si el kirchnerismo está o no terminado. En la política, como en la vida, hay un punto en que el retorno resulta improbable. Como en la vida, en la política hay hechos cuya inexorabilidad se intuye, aun cuando no pueda demostrarse de modo inequívoco

*Director de González y Valladares consultores.



Federico Gonzalez