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Publicidad oficial antes y durante el Mundial

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La publicidad que exalta las obras de este gobierno se está repitiendo en las transmisiones del Mundial. De manera reiterativa y con toda la intencionalidad política. Allí vemos un país idílico y realizado que entra en contradicción, para los que viven en la Argentina, con el país real. Por supuesto esta esquizofrenia viene repitiéndose desde hace tiempo y es una metodología usada en Fútbol para Todos, en el canal estatal y en los medios de comunicación amigos.

Los últimos datos completos de la publicidad oficial, los del 2012, indican, según la Jefatura de Gabinete, que se invirtieron en ese no tan pequeño ítem 1.409 millones de pesos. Pero esa cifra no muestra toda la verdad. En aquel primer rubro no se imputa Fútbol para Todos, donde se depositan millonadas a la AFA. En el mismo 2012 Fútbol para Todos se llevó 1.287 millones de pesos. De allí que la inversión total rozó los 2.700 millones de pesos. En 2013 se calculaba, sólo de publicidad oficial, más de 1.300 millones de pesos, sin contar el fútbol.

Hay algo más: el día que la Presidente informó acerca de la creación del rating de audiencia a cargo del Estado también ofreció a los grupos comunicacionales que cargan encima deudas previsionales (los hay) canjearlas por publicidad de la actual administración oficial. Para todo suceso o acontecimiento donde la Presidenta los necesite, allí estarán para promocionar lo que se les ocurra a los creativos gubernamentales. El Estado se queda sin cobrar a cambio de publicidad gratuita. Negocio redondo, pero muy  irresponsable.

Para el Mundial los publicitarios de la Casa Rosada han generado una asociación peligrosa. Quieren identificar al mismísimo Gobierno con la Selección triunfadora.

El resto de los spots son de no creer.

“Somos campeones” es el centro del objetivo. A partir de allí festejan la “soberanía económica” de la actual gestión oficial. Más:  “A esta Argentina no la para nadie; tenemos patria con una juventud comprometida” agregan. Para sumar: “Nadie gana un Mundial solo. Lo gana un país”. Y después algunos hechos: 7.500 matrimonios igualitarios; miles de chicos conectados: soberanía energética”.

La pregunta es: ¿a qué nación se refieren? Porque soberanía económica no tenemos. Las reservas han caído estrepitosamente y rondan los 28 mil millones de dólares mientras los compromisos externos que se ha decidido cumplir hasta ahora (Club de París, Repsol) nos compromete hacia futuro, innegable y tristemente. Los gobiernos que vienen tendrán que hacerse cargo de la mala praxis del actual. Falta cumplir con los houldouts y nadie sabe, con certeza qué estrategia tendrán para parar la voracidad de los fondos buitre. Y compramos energía por 13 mil millones de dólares por año.

Siguiendo con la tradición populista con toques fascistas que este gobierno adopta, asimilan pueblo, patria y fútbol  triunfalista. Mussolini, que también se aferraba a la comunicación de masas y por eso creó Cinecittà, solía repetir desde los balcones: “El fascismo es todo el pueblo italiano”.

Al desmenuzar el populismo, en su muy reciente libro, el historiador Loris Zanatta reflexiona: “Dado que la idea de ‘pueblo’ es abstracta, es natural que el populismo ‘invente’ su pueblo… Perón decía a sus partidarios: la verdadera democracia es aquella en la que el gobierno hace lo que el pueblo quiere”.

Las similitudes históricas son temibles. Quizás no sirvan en este caso, pero es bueno recordar. Stalin ordenó, en tiempos difíciles, producir películas donde las campesinas, los niños y la gente sonreían y mostraban felicidad, desde el Koljos y en las ciudades. Publicitaba su crecimiento industrial, mientras llenaba de opositores el Gulag. Goebbels tenía en la directora de cine Leni Riefenstahl una propagandista del abigarrado pueblo alemán detrás de su líder. Su admirable película –porque la Riefenstahl mostró talento– La fuerza de la voluntad es una muestra palpitante de cómo se construye la imagen de un país imbuido de totalitarismo.

*Periodista y escritor.



Daniel Muchnik