COLUMNISTAS REPORTAJE A JUAN JOSÉ ARANGUREN

“Que Kicillof sea director de YPF está reñido con la ética”

El próximo miércoles se cumplen cien años de la petrolera anglo-holandesa en la Argentina, y su presidente analiza los problemas de la matriz energética. El precio del dólar que impacta en los combustibles. Inversiones y el tesoro de Vaca Muerta. “Recién en una década podremos recuperar el autoabastecimiento”, advirtió.

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Foto:Marcelo Aballay

Llovizna sobre Buenos Aires, y mientras la Diagonal Norte exhibe su tumultuoso tráfico de siempre, en un piso alto del edificio construido por Shell de acuerdo con las exquisiteces del art nouveau en el siglo pasado conversamos largamente con el ingeniero Juan José Aranguren, presidente de esta petrolera que hoy cumple cien años en la Argentina. Y, lógicamente, tenemos una pregunta de rigor: ¿qué se puede decir de Shell en la coyuntura que vive el país en este centenario?
—Bueno, uno puede quedarse justamente en la coyuntura y observar lo que está ocurriendo y lo que hemos vivido en los últimos años así como lo que puede pasar en los próximos cien años. Tal vez ésta es la mejor manera de celebrar, el 10 de septiembre, el centenario de Shell en la Argentina. Más allá de los problemas que tenemos hoy (vinculados principalmente al déficit energético que vive el país) nosotros creemos que se presenta una oportunidad para la Argentina porque, justamente, el país tiene recursos (como el petróleo y el gas natural) como para poder resolver y recuperar el autoabastecimiento a partir de inversiones que permitan transformar esos recursos en reservas. O sea que la coyuntura no es buena. Tiene un déficit energético que nos absorbe entre 12 mil y 13 mil millones de dólares por año (dólares que, por otra parte, están escaseando) pero la Argentina tiene, en cambio, riqueza como para recuperarse y salir de esta situación.

—Usted es muy diplomático, ingeniero. Según datos publicados y no desmentidos, la nafta común muestra una suba del 60% en lo que va del año… El dato es correcto, ¿no?
—Aproximadamente. Puede haber alguna diferencia entre una u otra compañía. Al día de hoy se está comparando el precio actual con el de septiembre del año pasado y esto revela, más o menos, el precio de los combustibles, que reflejan principalmente la variación del tipo de cambio en la Argentina porque el principal insumo que utilizamos para producir naftas y gasoil es petróleo crudo que, a su vez, se comercializa en dólares, más allá de que luego se pague en pesos conforme a lo que es la evolución del tipo de cambio oficial y, en este período, el precio en pesos del petróleo crudo, una vez que se aplica el tipo de cambio oficial, se ha incrementado 55%.

—Si no me equivoco, ingeniero Aranguren, a fines de julio las petroleras pidieron levantar los precios por el incremento en los costos derivados de la suba del dólar y ustedes (Shell) estaban evaluando el escenario, ¿es así?
—En primer término, me gustaría evitar el plural –interviene rápidamente Aranguren–, porque las decisiones de precios son unilaterales, no se respeta la ley vigente que plantea que las decisiones de precios sean compartidas y, por otra parte, también me gustaría utilizar el “pedir”. Hoy el marco vigente hace que las compañías tengan la libertad de aplicar precios o decidir cuáles serán los niveles de precios del mercado, empezando por las compañías productoras de petróleo crudo que están en el mercado y la negociación entre productor y refinador para ver a qué precio se efectúa la compra y la venta. Y luego las empresas que refinamos el petróleo crudo tomamos decisiones unilaterales (según lo considere cada compañía) a los efectos de definir a qué precio se va a vender no el combustible en el surtidor sino el combustible a las estaciones de servicio. También debo decir que en aquellas empresas en las que estamos en un esquema de reventa el precio al público lo define el estacionero, es decir, el dueño de la estación de servicio. Solamente en las compañías que operan con el sistema de consignación los precios son definidos por la compañía petrolera…

—Sí, recuerdo muy bien cuando quisieron paralizarle las bocas de expendio a Shell.
—Sí, esto estuvo motivado por situaciones vinculadas con el supuesto fenómeno del desabastecimiento. En los últimos años ocurrieron varias cosas…pero al día de hoy… bueno, ésta es la consecuencia de que estamos recuperándonos de un atraso. No tenemos que olvidar que el año pasado, previo a las elecciones de medio término, el secretario de Comercio Interior de ese entonces –Moreno– emitió dos resoluciones: en primer término la número 35, que establecía que durante seis meses hubiera un tope para el precio de los combustibles. Y luego (como terminaba justo antes de las elecciones) se extendió por 45 días más en la resolución 108. También, durante el año pasado, hubo una regulación ilegítima (porque no está conforme a derecho) para ponerle un techo al precio de los combustibles. Hoy se está recuperando ese atraso y, en las últimas oportunidades (creo que es vox pópuli) no fue Shell la que tomó la decisión de incrementar primero los precios.

—¿Cuál va a ser el escenario en el que se mueva Shell? ¿Se unirá a la suba?
—El 1º de septiembre hubo un incremento de precios decidido por la compañía más grande que tiene el mercado de combustibles, que es YPF, y nosotros al día siguiente tomamos la decisión de acomodar nuestros precios conforme a los valores del mercado. Alguien puede decir: ¿por qué tienen que aumentar todos juntos? En un mercado chico como éste donde las diferencias de precio existentes generan un probable corrimiento de la demanda de una marca a la otra, si alguien queda en un nivel de precios que no es el de equilibrio automáticamente recibe una demanda que no puede satisfacer o tiene que hacerlo a partir de importar producto a pérdida y, por lo tanto, cada cual quiere más o menos mantener la cuota del mercado que puede producir a partir de lo que refina en su refinería.

—¿Es cierto que Kicillof le pidió paciencia a la industria petrolera?
—A mí no me consta –contesta rápidamente Aranguren–. Yo puedo hablar por lo que le corresponde a Shell… El doctor Kicillof es director de un competidor nuestro. Es director de la compañía YPF. Cosa que, desde nuestro punto de vista, está reñido con la Ley de Etica Pública (Nº 25.188) en su artículo 13. Por lo tanto, a lo mejor lo hizo con YPF (me refiero al pedido de paciencia) pero seguramente no con Shell.

—¿Hasta cuándo vamos a seguir importando gas?
—Esa es una buena pregunta. Va a depender de que se den las condiciones para poder recuperar la producción de gas natural en la Argentina que, desde el año 2004, viene en franca caída. Obviamente tenemos una situación donde la matriz energética está dominada por gas natural, que representa casi el 53% de toda la energía primaria que se consume, y el 34% de petróleo. Por lo tanto, tenemos que generar condiciones para que se pueda volver a producir gas para satisfacer la demanda interna y, si tuviéramos la oportunidad, de generar divisas a partir de dar satisfacción a la demanda de otros países de la región, vecinos al nuestro, que también son importadores. Ahora bien, esto requiere que la geología esté a nuestro favor. Hoy tenemos recursos en el país. Hay evidencias (y se está explorando) de que esos recursos puedan estar aquí. La tecnología que se necesita también está. En el mundo existe el capital (tanto financiero como humano) para hacerlo, los niveles de precios van en camino a obtener una recuperación que sea económica. Un elemento fundamental para que esto ocurra y recuperar confianza es tener un marco regulatorio y una seguridad jurídica que sean previsibles. Que tengamos la oportunidad (frente a aquellos que van a tomar la decisión de invertir) de que, durante el período que esa inversión sea amortizada, puedan mantenerse reglas de juego absolutamente claras.

—Si YPF no mantiene su ritmo de inversión, ¿se seguirá importando gas?
—Aunque YPF mantenga el ritmo de inversión y otras compañías se agreguen a YPF (como en el caso específico de Shell que hoy está en etapa exploratoria en la famosa Vaca Muerta), los procesos de inversión en el sector petrolero o hidrocarbonífero no son de un año para el otro. Aunque hagamos las cosas bien cumpliendo con el autoabastecimiento que, a partir de la Ley 25.471 es de interés público, a nosotros, como país, va a tomarnos entre cinco y siete años recuperar el autoabastecimiento. A principios de la próxima década recién estaremos en condiciones (¡y haciendo las cosas bien!) de poder recuperar el autoabastecimiento. ¡Decir otra cosa es engañarnos a nosotros mismos!

—¿Se esperan más subas en lo que queda del año?
—Ayer me preguntaron lo mismo, y yo tengo que contestar con otra pregunta. ¿Qué va a pasar con el tipo de cambio? Si en la Argentina el tipo de cambio se queda en el valor que tiene hoy, es decir 8,41, la respuesta es: “No veo demasiado movimiento en el precio de los combustibles salvo que el productor de petróleo crudo quiera aumentar en demasía el precio en dólares del crudo que nos vende”. Ahora, si el tipo de cambio evoluciona… (insisto: desde el 1º de enero de 1991, cuando se desreguló el mercado petrolero, el petróleo crudo en la Argentina se comercializa en dólares) tendremos que poner cada vez más pesos para pagar el barril de crudo que luego vamos a procesar y eso, luego, se traslada al precio de los combustibles.

—¿Es cierto que los nuevos aumentos (hablo de cifras oficiales) han hecho que el despacho de combustibles líquidos al público retrocediera en julio un 6,47% comparando con la misma fecha del año pasado?
—Vamos a hacer una distinción entre naftas y gasoil. Normalmente cuando se habla de combustibles se menciona a las naftas, ¿no? El gasoil es un tipo de combustible que está más vinculado con la actividad económica del país, del agro, el transporte, etc., y ese sufre más variaciones en función de cómo se mueve la actividad en la economía del país. Es decir, cómo se dan las cosechas. Si hay buen tiempo o mal tiempo para producir la siembra o la cosecha; si hay cosecha retenida que no llegó a los puertos, etc. En el caso del gasoil el acumulado a julio de este año en el mercado está 3,7% por debajo de lo que era la demanda en julio del año pasado…

—¿Y la nafta?
—En este momento, el acumulado a julio contra el acumulado hace un año está en equilibrio. Es la misma venta que el año pasado. Pero hemos visto que desde enero a junio, mes por mes, hemos pasado de tener una mayor venta en el mes de enero de este año hasta tener 6% por debajo en el mes de julio pasado. También tenemos que decir que en los últimos años la demanda de nafta en la Argentina ha crecido a un ritmo realmente interesante: 8% anual en promedio en los últimos seis años. El año pasado en la Argentina se vendieron 954 mil vehículos que consumen principalmente nafta. Ahora es evidente que el incremento del precio en pesos tiene un impacto a través de la disminución de la demanda que estamos experimentando en los últimos meses. Pero también es importante señalar un punto: por cada litro de nafta que se vende (o por cada peso que puede llegar a aumentar el litro de nafta) el 49% son impuestos. O sea que cuando uno va a cargar nafta y, obviamente, le llama la atención que cada vez tiene que sacar más dinero de su billetera para llenar el tanque, la mitad de lo que está sacando no queda para satisfacer el negocio de la compañía comercializadora o de la compañía que produce petróleo crudo para después refinarlo. Va, en cambio, a contribuir a las arcas fiscales de la Nación (en impuestos como el IVA o el impuesto interno y la tasa hídrica). Lo que ocurre es que el combustible es un impuesto de fácil recaudación: usted lo paga en el momento, no tiene que hacer ninguna declaración jurada y los que recaudamos somos las compañías petroleras que actuamos como agentes de recaudación y todos los meses tenemos que pagar un anticipo de algo que, luego, vamos a cobrar. Por lo tanto, hay que tener cuidado cuando hablamos del aumento de los combustibles porque cuando aumenta el combustible también se beneficia (en la mitad del incremento) el fisco.

—Por ejemplo, ¿qué nafta carga el usuario de Shell? ¿premium, súper?
—Vamos a explicarlo así: el usuario de Shell es un consumidor, un cliente que está acostumbrado a valorar la calidad de los combustibles, a proteger su vehículo, a proteger su inversión, y Shell es reconocida en el mundo y principalmente en la Argentina como una marca que produce combustible de muy buena calidad, con un nivel que mantiene limpio el motor por los detergentes que hay en el combustible y que permiten hacer uso del motor y eliminar los depósitos de carbono que se forman en los motores. Con el mismo criterio, cuando uno ve cuál es la proporción de combustible premium sobre combustible súper a esto le llamamos penetración y, en nuestro caso, está en el 30% porque, comparada con la competencia, nuestra penetración es más alta que la de otras marcas que también operan en el mercado.

—¿Los aumentos de precio se sienten más en el interior del país?
—Bueno, existe una situación natural: gran cantidad de las refinerías están situadas cerca de donde se encuentra el mercado más importante, que es la Capital y el Gran Buenos Aires. Es nuestro caso, nuestra refinería está ubicada en Dock Sud, en el partido de Avellaneda, y cuando tenemos que llevar el producto al interior debemos incurrir en un costo para el transporte, ya sea por barcos, hasta los tres depósitos que tenemos en Arroyo Seco, en la provincia de Santa Fe o Puerto Vilelas en el Chaco. Allí hay dos depósitos: uno de YPF y otro nuestro. También, y no voy a negarlo, muchas veces las mismas compañías petroleras sienten temor frente a los incrementos de precios que puede haber en el mercado, y en los lugares donde se produce la mayor concentración de volumen y donde los precios saltan más a la vista de los periodistas a veces generan una distorsión y venden más barato en la Capital Federal o en el Gran Buenos Aires que en el resto del país. Es una distorsión que provoca un mercado que no tiene toda la libertad que se puede imaginar. O sea que hay más opciones para comprar y vender en los mercados cercanos a Buenos Aires que en el interior del país, donde hay estaciones de servicio con dos marcas, cuando aquí, en Capital, tenemos para elegir hasta cuatro o cinco marcas en la misma estación de servicio.

—¿Nuestros precios están alineados con una economía petrolera internacional competitiva?
—Todavía no. Hay que pensar también de dónde venimos y dónde estamos. Cuando salimos de la ley de convertibilidad (en la crisis económica de 2001) hasta mediados de 2002, el precio del combustible en el mundo estaba en 20 dólares el barril. ¡En la Argentina 20 dólares eran 20 pesos! Ahora, el petróleo en el mundo está en 100 dólares el barril (de 20 dólares pasó a 100, o sea que aumentó cinco veces) y el tipo de cambio de 1 a 1 aumentó a 8,40. Aumentó ocho veces. En ese ínterin, en la Argentina, se implementaron ciertas regulaciones como, por ejemplo, retenciones en las exportaciones con el objeto de aislar al mercado argentino del mercado mundial y todavía (en algunos sectores más que en otros) los precios en la Argentina están desconectados de los precios del mundo. Es decir hoy, en nuesto país, el crudo de mejor calidad se vende en 84 dólares el barril cuando en el mundo está en 100 y el gas se vende a un promedio de 3,50 dólares por un millón de BTU cuando en el mundo está en un promedio de 4 dólares en Estados Unidos y 10 dólares en Europa. En la Argentina los precios están mucho más desfasados con respecto a los precios internacionales, como una política (desde mi punto de vista no del todo acertada) de subsidiar la oferta en lugar de estar subsidiando la demanda. Mucha gente que en los últimos años ha tenido un poder adquisitivo razonable ha sido beneficiada por pagar tarifas de gas y de electricidad que no estaban acordes con la realidad. Y esto, después, redundó en una caída de la inversión y una pérdida del abastecimiento que trajo como consecuencia la necesidad de importar, obviamente a precios más altos. Lo cual hoy provoca que tengamos que ajustarnos el cinturón porque aumenta el gas, y es probable que aumente la tarifa de electricidad y los combustibles.

—Hablemos de las joyas de la abuela, Vaca Muerta.
—En primer lugar, si bien hoy tenemos un problema en el sector energético vinculado con ese déficit que nos lleva 12.500 millones por año en importaciones...

— Perdón, ¿se refiere al gas licuado que viene en barco?
—Sí, e importaciones de gasoil que estamos haciendo en parte para el mercado automotor y para generar energía eléctrica (o sea para quemar en turbinas de ciclo combinado), fueloil que también se importa para generar energía eléctrica y hasta algunas importaciones de nafta que se han hecho, y este año una importación de petróleo crudo para poder suplir el crudo de la cuenca neuquina que está en caída y esa importación permite optimizar la capacidad de refinación que existe en las refinerías del país. Este es un problema pero, al mismo tiempo, a partir de la posibilidad de que en algunos lugares del país tengamos acceso a una explotación no convencional de formaciones rocosas como Vaca Muerta en la provincia de Neuquén, en esas formaciones existirían recursos suficientes para no solamente detener la caída en la producción sino recuperar el nivel de autoabastecimiento a los tiempos que mencionaba antes. Esto nos puede llegar a costar seis u ocho años pero, en principio, si se dan las condiciones para que el capital de riesgo que se necesita venga al país esos recursos podrán ser transformados en reservas y volveremos a tener una situación de autoabastecimiento.



Magdalena Ruiz Guiñazú