COLUMNISTAS NUEVA ETAPA

Qué le pasa a CFK

Hay nuevos rumbos políticos, además de los cambios de hábitos por su salud y el fin del luto. Efecto Pichetto.

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Foto:PABLO TEMES

“Señora Presidenta, le quedan diez minutos”, es la frase con la que uno de sus colaboradores le informa a Cristina Fernández de Kirchner que el tiempo máximo de duración de las reuniones permitido por sus médicos estaba a punto de expirar. La jefa de Estado se comporta como una muy buena paciente y su observancia de las indicaciones médicas es total. El hematoma subdural crónico y la operación la impactaron. Algo le ha sucedido personalmente. El abandono del luto es un dato más. Políticamente, también le están sucediendo cosas tanto a ella como al kirchnerismo. La causa de esos sucesos es el resultado electoral del 27 de octubre pasado.

Cuando el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria, Miguel Angel Pichetto, dejó sentado públicamente su voto a favor del cuestionado y peligroso proyecto de reforma del Código Civil y Comercial, no cometió un sincericidio sino que expresó su hartazgo con un estilo de conducción que está agotado: el de la obediencia debida. Este ha sido uno de los peores males impuestos por el oficialismo. Eso de que los proyectos que van al Congreso deben aprobarse contra viento y marea, sin cambiarle ni un punto ni una coma, ha significado una verdadera humillación no sólo para muchos legisladores K que debieron callar sus discrepancias sino también para la República. Los legisladores también son genuinos representantes del pueblo elegidos por el voto popular. Una cosa es compartir un proyecto; otra muy distinta es no poder expresar puntos de vista diferentes. La misma Fernández de Kirchner denunció valientemente esto durante el menemismo cuando, siendo senadora, se opuso a votar bajo la orden de la obediencia debida. “No soy la recluta Fernández”, dijo antes de dar el portazo e irse de ese bloque, en un acto de dignidad política que le valió elogios. Pichetto, que aspira a ser finalmente gobernador de Río Negro, está harto del ninguneo al que lo ha sometido siempre la jefa de Estado. Encima, debe aguantar a Amado Boudou, al que no tiene empacho en dedicarle calificativos denostadores, entre los que cuesta encontrar alguno más o menos elegante.

El giro copernicano dado por el Gobierno en el caso YPF ha dejado boquiabiertos a más de uno dentro del oficialismo, sobre todo en el kirchnerismo duro. Dentro de aquella militancia que se llena la boca con la palabra liberación, hay sorpresa, azoro y una incipiente decepción. Escuchar al mismo Axel Kicillof, quien promovía que a Repsol no había que pagarle nada, decir que ahora no pagar una indemnización sería un acto ilegal –verdad de Perogrullo– ha descolocado a más de uno. En verdad, nada que sorprenda: el kirchnerismo ha sido siempre así. En la City porteña se reconoce que, por primera vez en años, el Gobierno ha comprendido que su preocupación debe estar puesta en favorecer la entrada de dólares más que en luchar infructuosamente contra su salida.

El nuevo jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich, se mueve con una soltura que nunca llegó a tener su predecesor, Juan Manuel Abal Medina. Capitanich trabaja en pos de su proyecto presidencial. Esto, naturalmente, inquieta mucho a Daniel Scioli, cuyos últimos movimientos –los acuerdos con Sergio Massa y Francisco de Narváez, la defensa del vapuleado Martín Insaurralde– lo han vuelto a distanciar del kirchnerismo, en donde nunca lo quisieron. Hay una realidad que indiscutiblemente favorece al jefe de Gabinete: la imposibilidad de llevar adelante el proyecto “Cristina eterna”. Una de las consecuencias de ese futuro sin posibilidad de re-reelección son las modificaciones que se habrán de producir en el Fútbol para Todos, que terminó siendo un instrumento de propaganda política de la más baja estofa, absolutamente inútil como herramienta electoral. Como a la Presidenta ya no le sirve para nada, ha llegado la hora de decir basta con el proyecto que, tal como se implementó hasta ahora, le ha costado al país cientos de millones de pesos que pudieron haber tenido un mejor destino y ha profundizado la bancarrota de muchos clubes. Por otra parte, en las cercanías de la Presidenta señalan que los cambios que viene produciendo en su gobierno son producto no tanto de sus convicciones sino, más bien, de sus temores a una progresiva pérdida de poder. En lo inmediato, una de sus mayores preocupaciones son los saqueos que generan un estado de alerta en las proximidades de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Los hechos del sur de Rosario acaecidos en la semana encendieron luces amarillas.
Hubo poca –muy poca– gente en la despedida de Guillermo Moreno. En esas horas finales al frente de la Secretaría de Comercio Interior –en la que La Cámpora se propone realizar una auditoría–, Moreno les aseguró a sus tres colaboradores más cercanos que no se preocuparan por su futuro. “Los llevaré adonde yo vaya”, dijo el ahora ex secretario. “¿A Roma, Guillermo?”, se apresuró a inquirir Ana González, una de las secretarias asignadas a escuchar el ruego de los empresarios que reclamaban por sus importaciones. Entonces Moreno la miró con un dejo de sarcasmo y sonrió, lo cual dejó intrigados e inquietos a muchos hombres y mujeres de negocios que supieron la anécdota.

Mientras esto sucede en la superficie, en la trastienda Fernández de Kirchner avanza en asegurar la impunidad judicial que libere de amenazas la vuelta al llano de muchos de sus funcionarios. He ahí, pues, la propuesta de designación de conjueces para la Cámara Federal de Casación Penal. Seis de los diez candidatos tienen una marcada y manifiesta afinidad con el kirchnerismo. El colmo lo representa el doctor Martín Magram, que fue abogado defensor de Amado Boudou en 2010, en una causa abierta por la posesión de un automóvil con papeles falsos. Es realmente descarado proponer para esa Cámara, que será tribunal de alzada en el caso que involucra al vicepresidente, a su abogado. Tanto como eso, lo es el impresionante nivel de enriquecimiento que exhiben algunos de los ex secretarios de la Presidenta. “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, famosa frase de Lord John Emerich Edward Dalberg-Acton, es en la Argentina una penosa y cruel realidad.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.



Nelson Castro