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¿Qué nos hace humanos?

Somos los grandes colonizadores en nuestro planeta desde hace unos cuantos miles de años.

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Somos los grandes colonizadores en nuestro planeta desde hace unos cuantos miles de años. Ningún otro animal ha podido desarrollar unas capacidades cognitivas que lo hayan llevado a adaptarse y dominar el terreno como nosotros.

Eso sí, ha sido la tecnología desarrollada, y no nuestras capacidades, la que nos ha hecho adaptarnos de tal forma. Gracias a ella somos capaces de vivir en un gran número de espacios para los que nuestro organismo no está preparado. Además hay que aludir a la encefalización, que ha posibilitado el desarrollo de determinadas capacidades que nos permiten actuar con un alto grado de planificación.

La unión de estos factores, tecnología, planificación y capacidad de adelantarnos a los acontecimientos, es lo que nos ha convertido en los grandes pobladores del planeta. Pero ¿qué nos ha llevado a ser como somos, es decir, humanos? Las características que nos han hecho humanos son el hecho de tener un esqueleto que nos permite caminar erguidos, la expansión cerebral y la capacidad tecnológica. Cambios que han experimentado otras especies, pero que en nuestro caso el grandísimo desarrollo tecnológico del que gozamos es consecuencia del lenguaje articulado. Es verdad que otros animales son capaces de emitir sonidos, pero no dejan de ser meras repeticiones sin sentido. Los humanos somos los únicos que gozamos de un lenguaje articulado y eso, indudablemente, ha repercutido favorablemente para el desarrollo de otras facetas, como son la acumulación de información y el desarrollo de relaciones sociales, causas fundamentales de nuestro avance. Caminar erguidos y con la única ayuda de nuestras piernas llevó consigo la adaptación de otras zonas del cuerpo.

El proceso evolutivo de la columna, el enderezamiento que sufrió, se aprecia en fósiles como los Australopithecus. En los Homo sapiens –así como en los anteriores integrantes del género Homo–, después del proceso evolutivo la columna ya presenta la ondulación en forma de S que la caracteriza. El hecho de caminar erguidos hizo que las extremidades superiores se liberasen y pudieran realizar otras funciones. Otra consecuencia de ir erguidos es un campo de visión mucho más amplio y alto, con la posibilidad de otear el horizonte con mayor efectividad, advirtiendo los peligros mucho antes que los cuadrúpedos. Ir erguidos también trajo consigo algún inconveniente indirecto. La pelvis, a diferencia de la de los grandes simios, es ancha y corta. Por las modificaciones de la pelvis y las necesidades mecánicas para desplazarnos, el glúteo mayor se convirtió en uno de los músculos más grandes de nuestro cuerpo, y adquirió una función fundamental para la estabilización. El inconveniente fue que la pelvis se estrechó en su parte inferior –el canal pélvico–, lo que dificultó la salida de los recién nacidos y el parto se hizo peligroso a causa de la torsión del neonato. ¿La solución? Los bebés nacen mucho menos formados que los de otras especies. La infancia y el período de aprendizaje serán de más duración en comparación con el resto de los animales.

De la misma forma, se creará un vínculo de dependencia de la madre con los hijos mucho mayor. De ahí el complejo fortalecimiento de la familia y el surgimiento de vínculos entre los miembros del grupo. Al caminar erguidos hay ahorro energético. Con respecto a los cuadrúpedos, los bípedos ven disminuida la superficie corporal expuesta a la acción de los rayos del sol, protegiéndose de esta forma de un sobrecalentamiento. Así se explicaría la pérdida de pelo de la mayor parte de nuestro cuerpo, excepto de la cabeza. Además habría que añadir la existencia de un sistema de glándulas sudoríparas que autorregulan la temperatura de nuestro cuerpo mediante la sudoración.

En las manos apreciamos otro de esos importantes cambios evolutivos que nos ha marcado sobremanera. Así como en los pies hemos perdido la opción de oponer el dedo gordo –éste se alineó con los demás, lo que favoreció el desarrollo de los arcos plantares que nos harán más eficaces en la locomoción bípeda–, nuestras manos se convirtieron en una pinza de precisión que nos permitió un gran desarrollo tecnológico mediante el manejo de diferentes objetos con ellas. Las manos perdieron capacidad prensil en favor de la pinza que nos permite oponer el pulgar. De la misma forma, las extremidades superiores han perdido longitud. El cráneo y el cerebro han variado ostensiblemente hasta alcanzar el punto de evolución actual. Evidentemente, la capacidad craneana es importante, pero habría que hacer una salvedad: Homo neanderthalensis tiene una capacidad similar, incluso mayor que los humanos modernos. En este caso lo importante no es el tamaño del cerebro sino su complejidad, las conexiones neuronales, lo que permitió a los humanos desarrollar unas capacidades cognitivas que hicieron posible nuestro avance tecnológico. Otro asunto muy debatido a lo largo de los años es dónde se encuentra la barrera de lo humano.

¿En qué momento de la evolución consideramos que un ejemplar es humano o no lo es? Hoy por hoy, la barrera está marcada por el desarrollo tecnológico. Consideramos a Homo habilis el primero capaz de desarrollar toscos instrumentos que le permitieron golpear y obtener algún tipo de provecho. Aun así, se trata de una barrera meramente “humana”, artificial y forzada, que utilizamos para periodizar la Prehistoria y la evolución de nuestra especie. De todas formas, ¿a qué le debemos que nuestro cerebro creciera y ganase en complejidad? Sin duda la alimentación fue una de las grandes culpables. La introducción de una dieta carnívora provocó cambios importantes en el organismo.


*Autor de Historias de la Prehistoria, El Ateneo. (Fragmento).



David Benito