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Qué pasa con el empleo, qué podemos esperar

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Los relatos o los mitos suelen surgir a partir de hechos concretos. En el caso del empleo, lo concreto es que en los primeros años de salida de la crisis, desde mediados de 2002, se vivió un proceso en el cual la recuperación de la dinámica económica a partir de la gran devaluación que modificó drásticamente las condiciones para producir internamente en lugar de importar y, además, volver a exportar dio origen a una gran demanda de puestos de trabajo. En esas condiciones propicias, la preocupación oficial por la calidad del empleo facilitó que la mayor parte de los nuevos puestos fueran protegidos. De allí que el gran salto fue el de los asalariados privados “en blanco”, aunque el volumen de empleo precario –pese a bajar su proporción– mantuvo su volumen absoluto durante varios años.
Ese relativamente acotado período inicial que se extendió hasta 2007 aproximadamente fue continuado por unos años en los que ya se habían agotado los efectos de la salida de la crisis, asomaban de manera creciente y peligrosa las tensiones inflacionarias, había preocupación por los efectos posibles sobre nuestra economía de las complicaciones financieras en los países más desarrollados. De ese modo, durante 2008, 2009 y 2010 la creación de empleo privado asalariado protegido se mantuvo en una meseta. Por entonces, dada la ausencia de una política efectivamente de desarrollo, sólo asomó la demanda laboral proveniente del sector público.
Luego de un perceptible aumento del empleo privado en 2011, asociado con los múltiples mecanismos ensayados desde el Gobierno para apuntalar la reelección de la presidenta Kirchner, se inicia la etapa en la que aún estamos. En ella hay declinación neta de asalariados privados –tanto los precarios como los protegidos– y un visible dinamismo en dos componentes que, por lo general, no asocian su desempeño con los mejores momentos del ciclo económico y menos aún del desarrollo: ellos son el empleo estatal y el empleo por cuenta propia.
Esas son las características que asoman del gráfico adjunto en el que se aprecia, por ejemplo, que el volumen del empleo asalariado protegido en 2015 es menor que en 2011. Dada la endeblez de la información estadística provista por el Indec y habida cuenta de manejos no claramente explicados en materia de volumen poblacional de referencia, en este caso hemos desestimado los ajustes que se hicieron en la EPH desde fines de 2013.
Con la información graficada, el aumento del empleo en los aglomerados cubiertos por la EPH fue de medio millón entre 2008 y 2011 y nulo desde entonces para aquí. (Para llevar estos valores al equivalente del total del país hay que agregarles un 60% aproximadamente).
En rigor el saldo casi nulo se compone de un aumento de 300 mil entre cuenta propia y asalariados públicos compensados por una caída similar de asalariados privados (200 mil) y patrones (100 mil). Es decir,  no sólo estamos lejos de la dinámica económica y ocupacional pujante de los primeros años posteriores a la crisis, sino que se ve que el modelo industrialista con inclusión queda sólo en un título muy atractivo pero sin soporte perceptible.
La tarea que tiene por delante el próximo gobierno, cualquiera sea el triunfador en el ballottage, es enorme pues hace falta recuperar el crecimiento económico –lo cual requiere cambios sustantivos en varias áreas, que faciliten e impulsen el regreso de la inversión productiva– y que dicha recuperación incluya en su definición el componente relevante de la demanda laboral. Las normas protectoras del sector del trabajo deberán integrar los nuevos planes oficiales recordando que resguardar al trabajador es algo que se logra, más allá de las palabras de ocasión, con acciones integrales. Claro que esto alude a las cantidades, como les gusta decir a los economistas. Falta discutir la cuestión de los precios, en este caso, la remuneración del trabajo. Y esto se vincula con otro tema pendiente: la sociedad requiere mejorar su capacidad productiva (obtener más bienes y servicios con similar esfuerzo) pero ello se conecta con la necesidad de mayor equilibrio en la apropiación de tal mejoría. Ya tuvimos períodos en que la mayor productividad quedó sólo en manos de los empresarios y eso no se tradujo en crecimiento a mayor escala ni en desarrollo. Es hora de que estos temas nos convoquen de verdad

*Director del Ceped/UBA e investigador del Conicet.



Javier Lindenboim