COLUMNISTAS

Ratificaciones y comparaciones

Análisis de las elecciones presidenciales del último fin de semana en Brasil y Uruguay. 

Aunque las magnitudes son absolutamente incomparables - la República Federativa de Brasil es un verdadero continente y la República Oriental del Uruguay es un país de tamaño demográfico pequeño, hay un dato en común que tienen las elecciones presidenciales que ayer tuvieron lugar en esas dos naciones. La de Uruguay no ha concluido porque, este domingo 26 de octubre, en la primera vuelta, pese a que el candidato del oficialismo, del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, estuvo muy, muy cerca de ganar, no llegó al 50 más 1 que necesitaba. Voy a ofrecerles un panorama de las elecciones, pero quiero encabezar este panorama con este primer postulado: Uruguay ha votado de manera conservadora. No es necesariamente una palabra que merezca un juicio peyorativo. No es negativo. Al cabo de los dos mandatos, el inicial de Vázquez y el segundo mandato del Frente Amplio, con José Mujica, resulta evidente que la sociedad uruguaya todavía le sigue abriendo un importante crédito al Frente Amplio y, desde luego, a Vázquez, que no es un hombre ciertamente de escasa edad: va a cumplir los 80 siendo presidente del Uruguay.

En este punto hay una intención de preservar lo que en estos diez años se ha hecho en Uruguay. En tal caso, y de tal medida, esto hay que tomarlo como lo que es, la resolución de un pueblo. Más allá de los análisis ideológicos y de los debates sobre izquierda y derecha, un millón 108.527 votos del Frente Amplio significan un 47.9%. Este casi 48% en primera vuelta lo deja a apenas dos puntos de haber ganado sin necesidad de balotaje. El Partido Nacional, que llevaba como candidato a Luis Lacalle Pou, tuvo 716.527 votos, casi el 31 % (30.96%). Mídanlo ustedes: 48 para Tabaré Vázquez, 31 para Luis Lacalle Pou. El semi moribundo Partido Colorado agravó su pendiente hacia la irrelevancia política con su peor resultado en democracia. No llegó a los 300 mil votos ni al 13%. Pedro Bordaberry, que era el candidato presidencial, hijo del ex presidente José María Bordaberry sacó el 12.92%, y 299.062 votos. Hay un cuarto candidato, el Partido Independiente, que aun cuando es pequeño (3.07% de los votos) puede desequilibrar la balanza y evitar algo que es imposible que el Frente Amplio pierda la mayoría en el Congreso uruguayo.

¿Por qué digo que es un voto poco conservador? Porque analizando los datos de 2009, es impresionante la similitud. Cuando Mujica fue candidato del Frente Amplio en 2009 sacó prácticamente lo mismo que Vazquez en esta ocasión. Contra un millón 108.000 votos de Vazquez es domingo 26 en la primera vuelta, Mujica había sacado en la primera vuelta de 2009 – donde también hubo balotaje -, un millón 105.000.Vazquez obtuvo en esta ocasión el 47.9% y Mujica sacó en 2009 el 47.9%, lo mismo. Es algo francamente llamativo. Luis Alberto Lacalle, el candidato del Partido Nacional en 2009, que ya había sido presidente de Uruguay – obtuvo en 2009, en la primera vuelta, el 29.07%, mientras que su hijo Luis Lacalle Pou obtuvo el domingo 26 el 30.96%. Prácticamente resultados similares. En cambio, en donde se advierte una caída muy importante es en el Partido Colorado, del que ya había sido candidato Pedro Bordaberry en 2009, con 392.307 votos, sin pasar, desde luego, al balotaje, y ahora cayó a menos de 300 mil. En ese sentido, es un voto conservador, que para nada asombra tratándose de una sociedad como la uruguaya, muy inclinada a la prudencia, a la cautela, a la serenidad y a la preservación de lo obtenido.

El gobierno del Frente Amplio es un sistema político creado en 1971. Acá se ha adoptado la palabra “Frente Amplio” en Argentina con absoluta banalidad, tratándose de cosas completamente diferentes. El Frente Amplio uruguayo fue, desde el comienzo, una coalición de partidos de izquierda, de la que durante muchos años no formaron parte – porque estaban en la clandestinidad o despreciaban las elecciones - los Tupamaros. La incorporación de los Tupamaros se produjo años más tarde, en democracia, y el frenteamplismo no ha dejado de ser una fuerza claramente definida como de izquierda. En cambio, en la Argentina tenemos un Frente Amplio UNEN, que pretende copiar la convocatoria de esa marca política uruguaya, pero desde una realidad completamente diferente. Porque muy poco tiene que ver Proyecto Sur o Libres del Sur con lo que representan, por caso, Ernesto Sanz o Julio Cobos.

En Brasil, si bien no ha sucedido exactamente lo mismo, hay un par de conclusiones que me importa subrayar. Primero: habiendo ganado un cuarto mandato para el Partido de los Trabajadores  - fueron dos de Lula y uno de Dilma Rousseff, que va por un nuevo mandato, por cuatro años más - los números están mostrando una caída en el apoyo del PT y un aumento en la fuerza de la oposición concentrada en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).Sin embargo, tanto la caída del PT como el aumento del PSDB, no alcanzan para desequilibrar los resultado de 2010, cuando, en la primera vuelta, Rousseff logró casi el 47% de los votos. En la segunda vuelta logró el 56%. Su rival de entonces, José Serra, del PSDB, consiguió en primera vuelta el 32.6% y en la segunda el 44%. ¿Qué pasó este domingo 27? Rousseff, que había acumulado el 41.5% en la primera vuelta, sacó ahora el 51.64%, cinco puntos menos que en la primera vuelta de 2010. Le alcanzaron para superar a Aécio Neves, el candidato del PSDB, que había acumulado el 33.55% en la primera vuelta, y ahora logró el 48.36%, cinco puntos más de los que había sacado su compañero Serra hace cuatro años. Esto revela que, hasta ahora, la sociedad brasileña, pese a la importante caída de la voluntad de apoyo al gobierno del Partido de los Trabajadores, le ha votado un crédito de  cuatro años más. Brasil seguirá gobernado por una fuerza política que ha realizado profundos cambios socio-económicos, pero que también es perseguida, justamente, por el fantasma de la corrupción y el uso del Estado para fines políticos.

Una vez más, para la Argentina -atrasada, anacrónica, papelera, retórica, discursiva-, Brasil muestra un ejemplo de pureza comicial admirable. Los resultados finales en una votación en la que participaron nada menos que 105 millones de ciudadanos, se conocieron prácticamente una hora después de que habían terminado los comicios. La explicación es muy simple: Brasil, ese país que los argentinos (o algunos de ellos, al menos), siguen denominando como de bananas, cocoteros y monos, hace ya largos años ha instalado el voto electrónico, y el recuento se realiza con una pureza y una rapidez asombrosas, considerando qué es lo que sucede en la Argentina.

Respecto del uso y abuso de las encuestas electorales, en el caso uruguayo, el fracaso de las encuestadoras fue calamitoso. No tuvieron nada que ver los resultados que ellos daban con los que terminaron obteniendo los ganadores, porque hay que admitir que los números de Vázquez son admirables, con ese 48% que lo convierten de hecho en el presidente electo. Pero siendo una sociedad democrática y muy respetuosa de las formas, una sociedad que no se lleva nada ni nadie puestos, el Uruguay esperará hasta el 30 de noviembre para consagrar al doctor Vázquez como nuevo presidente de ese país.

Estas son las conclusiones principales de una realidad, la de Sudamérica, lamentablemente, bastante alejada de lo que acontece con nosotros en la Argentina.

(*) Emitido en Radio Mitre, el lunes 27 de octubre de 2014. 



Pepe Eliaschev