COLUMNISTAS CAMINO A OCTUBRE

Razones y estrategias de ganadores y perdedores

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Mientras los ecos de las PASO van quedando atrás, la carrera hacia octubre ya ha comenzado a esbozar tendencias.

En la provincia de Buenos Aires, los primeros sondeos parecen revelar que la brecha entre Sergio Massa y Martín Insaurralde se agranda a favor del primero, quien estaría orillando los 40 puntos de intención, superando por 10 al candidato oficialista, cuya intención permanece inamovible sin poder sortear un virtual techo de 30 puntos.

Para comprender esa tendencia cabe referirse a dos niveles. El primero, de índole descriptiva, implica señalar que Sergio Massa estaría sumando 5 puntos fundamentalmente a costa de capitalizar los votos Francisco de Narváez y, quizás, una pequeña fracción adicional de votantes de otras listas y hasta del propio oficialismo. En cambio, no parece recibir votantes de quienes se inclinaron por la dupla Stolbizer-Alfonsín, que se mantiene firme y con tendencia levemente creciente.

En cuanto al nivel explicativo, puede bosquejarse un incipiente abanico de conjeturas:

En primer lugar, cabe considerar el efecto del ganador. Según esta hipótesis, algunas personas tienden a tomar partido a favor del ganador por motivos disímiles. Si votaron por el candidato vencedor, el resultado –a modo de premio– justifica y afirma su elección. Si no lo hicieron (aunque tampoco evidenciaban rechazo hacia el mismo), pueden considerar la norma grupal como un indicador prescriptivo que –a modo de efecto imitación– incentiva una acción futura avalada por la mayoría.

En segundo lugar, puede considerarse el efecto del realineamiento del tablero político. Esto refiere al hecho simple de que el plano político-dirigencial (sobre todo cuando es de base peronista) comienza a virar sus alineamientos conforme se avizora la emergencia de un nuevo liderazgo.

En tercer lugar, cuentan las acciones de campaña emprendidas por el propio Sergio Massa. Al respecto, cabe destacar que su discurso pronunciado la noche del triunfo resultó consistente con su mensaje de campaña, esto es: un candidato que utiliza un tono amable y a la vez firme para declarar “basta de confrontación”; referir que la victoria “no es un cheque en blanco”; agradecer a los votantes que confiaron; apelar a la confianza de quienes no lo votaron; referir nuevamente la necesidad de resolver los problemas de inseguridad, inflación, carga impositiva y rechazo a la reforma constitucional, etcétera. Y hasta referenciar al mismísimo Papa para concientizar sobre la importancia de “buscar la unidad en la diversidad y la de concordia”.

Por último, resulta insoslayable considerar el discurso oficialista ante la derrota infligida, que se posiciona como la antítesis del anterior. En efecto, un discurso que arranca con una negación más bien austera expresada por la Presidenta en la noche del domingo, para luego ir tornándose en un virulento ataque generalizado a las fuerzas de la oposición, incluyendo algunas referencias elípticas a Sergio Massa y a su esposa, Malena Galmarini. Y con el agregado de ser expresado monolíticamente por los principales voceros del oficialismo.

En síntesis, explicar en términos de estrategias discursivas por qué la brecha electoral parece profundizarse a favor de Sergio Massa semeja casi un vano ejercicio de lo obvio en la medida en que el ganador parece replicar todo aquello que lo llevó al triunfo, mientras que el derrotado hace lo propio apelando a lo que lo habría condenado a esa suerte.

Comprender la razón de lo último obliga a especular sobre terrenos más sinuosos, que bordean la psicología de los actores políticos y que desbordan el presente análisis. No obstante, al menos pueden enumerarse los principales tópicos que deberían considerarse en tales especulaciones: quizás la Presidenta crea firmemente que, tal como prescribe Ernesto Laclau, la estrategia de confrontación terminará, a la larga, coronando el resultado esperado; quizás la Presidenta ya ha sido tomada por su propio personaje que, a fuerza de triunfos pretéritos, ha terminado internalizando y que, como tal, prescribe un libreto inflexible; quizás la Presidenta comienza a capitular ante la inminencia cierta de un final de ciclo y aspira al menos a una derrota de epopeya; quizás la Presidenta trama alguna medida exitosa sobre la que confía volcar los hechos a su favor; quizás insistamos demasiado en buscar explicaciones coherentes donde no las hay. Al fin y al cabo, a veces los actos humanos, incluyendo la política, se sitúan más allá de lo que razonablemente podemos aspirar a comprender.


*Director de Federico González y Cecilia Valladares Consultores.



Federico F. González