COLUMNISTAS ECONOMISTA DE LA SEMANA

Recrear un modelo virtuoso

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BANCO CENTRAL. Se subestimó el tipo de cambio.
BANCO CENTRAL. Se subestimó el tipo de cambio. Foto:Cedoc Perfil
Para no quedarnos con lo anecdótico del ruido que generaron los dichos del ex ministro Lavagna y aprovechar la ocasión para reflexionar sobre la economía, es interesante repasar las visiones en las que pueden agruparse los discursos económicos. Explicitar los supuestos y modelos que hay detrás de los diagnósticos sobre la situación actual y lo que es esperable hacia futuro, hará provechoso el debate.
Se detallan las cuatro corrientes más relevantes:

1. El gobierno sostiene que ésta es una etapa de transición. El sinceramiento de la pesada herencia y los escasos márgenes de maniobra de que dispone, más su debilidad política, expresada por la situación de minoría parlamentaria, limitaron su capacidad de realizar modificaciones. Pudieron llevar adelante parte de la recuperación tarifaria, la apertura de la cuenta capital del balance de pagos, el arreglo del default y la devaluación con quita de retenciones. Pero los resultados no fueron los esperados. Es central ganar poder político en las elecciones de octubre de 2017 para poder implementar el “modelo M”. Para esto consideran que deben transitar un camino que significa, en parte, profundizar los desequilibrios que planteaban corregir: déficit fiscal, endeudamiento externo, atraso cambiario, economía semi-cerrada.

Esperan que atrasando más el tipo de cambio, bajará la inflación y se recuperará el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, lo que sumado a la obra pública, reactivará el nivel de actividad con los desequilibrios maximizados. El supuesto optimista es que los estímulos al consumo funcionarán igual que lo hicieron en el modelo populista, a pesar del cambio de expectativas del consumidor, en un escenario de recesión y de-sempleo, y del desmonte de la represión financiera.

Luego de ganar las elecciones, arrancará el modelo M. ¿Cómo se logrará? Viendo fortaleza política que les asegura confianza en las reglas de juego, la inversión, extranjera principalmente, llegará a nuestro país. El interrogante es si habrá inversión genuina en sectores transables, con un TCR muy atrasado, que mina su rentabilidad. El crecimiento permitiría disminuir el déficit fiscal, esto, a su vez, el endeudamiento y la inflación, lo que permitiría bajar la tasa de interés y eso haría un poco menos atractivo el reciclaje de dólares financieros. ¿Pero cómo se recuperará después el TCR?

2. Los populistas consideran que, a fines de 2015, la economía sólo tenía pequeños desajustes, que se corregían con dosis homeopáticas de correctivos, pero estaba por el buen camino. Los problemas que atraviesa la economía hoy serían consecuencia deseada de las políticas aplicadas que buscaron generar una redistribución de la riqueza hacia los sectores opulentos (tarifazo, quita de retenciones, devaluación). También la desocupación es buscada para disciplinar la fuerza laboral y reconducir una reducción de los salarios. Ven detrás de la acción de gobierno una intencionalidad de la “CEO-cracia” de beneficiar a sus empresas y desatender a los sectores populares, dando de baja a programas sociales. Para estos, sólo puede esperarse un futuro peor y la eclosión del modelo liberal.

3. Los economistas ortodoxos son consecuentes con su diagnóstico de que la decadencia argentina se debe al despilfarro fiscal de la clase política. Que nos condena a vivir en el déficit público y el sobre-endeudamiento y a la economía cerrada, debida al poder corporativo de empresarios y sindicatos. En esta visión plantean que el actual gobierno es una continuidad del populismo con buenos modales, porque no hace el ajuste fiscal ni abre la economía. Todo el resto de los problemas (endeudamiento, inflación, tasas altas, recesión, desocupación, atraso cambiario, etc., etc.) se debe a esta falta de decisión política.

4. Los neo-desarrollistas consideraban que la economía populista era insostenible por los desequilibrios acumulados y las distorsiones introducidas para aguantar a la entrega del poder. En el cambio de modelo era central mejorar el TCR (y la liberación del cepo era la oportunidad) y cuidar los sectores más desfavorecidos. A partir de esa base se podía plantear una integración al mundo virtuosa del tipo apertura exportadora junto a un mercado interno
fortaleciéndose.

La operación de cambio de precios relativos sobre la que debía montarse el programa desinflacionario falló, a pesar de la devaluación realizada. Por otra parte, el Gobierno se vio desbordado por el agravamiento del problema de la pobreza, debido a la inflación reprimida, que emergió, y a la quita de las retenciones.

Las causas del fallo en el cambio de precios relativos fueron numerosas en un escenario muy estrecho, por la difícil situación de partida, en el que cada pequeño error se amplificó. El principal fue, sin duda, el error conceptual sobre la falta de convicción en la importancia del TCR competitivo para el despegue de la economía y su crecimiento de largo plazo. La autoridad monetaria afirmó desatenderse del TCR como objetivo de su política y, por ende, no puso instrumentos a este fin. No se priorizó el ajuste cambiario al tarifario, ni se llevó adelante el anunciado acuerdo social que acordara una política de ingresos, porque se pensó la solución al problema inflacionario como, únicamente, monetaria.

Una política fiscal laxa y una política monetaria contractiva llevaron a la apreciación de la moneda local; colocando deuda externa se generó un exceso de dólares en el mercado de cambios y emitiendo deuda interna se subió la tasa de interés, lo que, también, generó afluencia de dólares para armar “la bicicleta financiera”.  

La novedad que está surgiendo. Se está configurando un esquema que lleva, en el mejor de los casos, a inversión en no transables y en el núcleo agroexportador y minero con ventajas comparativas y, además, nos deja más expuestos al cambiante contexto financiero internacional, en momentos de alta incertidumbre. De la dinámica que se plantea, preocupa que los procesos de gran atraso cambiario, altas tasas de interés y sobre-endeudamiento no registran antecedentes de aterrizaje suave.

Partiendo de la buena fe de quienes conducen los destinos del país y de los que señalan preocupaciones desde visiones distintas y razonables, es una verdad que no es tarde para corregir el rumbo y poder dar lugar a un modelo virtuoso de integración al mundo con un mercado interno pujante, a partir de un sector productivo competitivo. No es tarea fácil y requiere de un amplio consenso político.

Pero esa fue la ilusión que despertó en muchos argentinos el Presidente cuando nos convocó para, lejos de las visiones extremas de la ortodoxia económica, dejar atrás años de populismo, inconducente a la búsqueda del bienestar.

*Ex subsecretario de Pymes.