COLUMNISTAS UN SIGLO DESPUES


Recuerdos de la insurrección de Dublín

En el año en que se conmemora la rebelión contra la autoridad británica que condujo a la independencia de Irlanda en 1922, una miniserie y un libro recuerdan los hechos.

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El lunes 24 de abril de 1916, los dublineses comenzaban la semana con la “sorpresa” de una insurrección armada que tomaba edificios públicos y proclamaba el nacimiento de la República de Irlanda liberada de la dominación británica. Más allá de algún que otro rumor previo, nadie esperaba nada de inmediato, menos aún en momentos en que muchos irlandeses combatían en el frente junto a Inglaterra contra el imperio prusiano. Incluso los mismos Voluntarios, una de las organizaciones que resultaron protagonistas del alzamiento, no tenían en claro ni cuándo ni cómo pasaría a la acción ese sentimiento que atravesaba –y aún hoy atraviesa– la conciencia de gran parte de los irlandeses, es decir, una Irlanda unida y libre. El alzamiento resistió una semana exacta, mucho más que el más optimista de los pronósticos, hasta ser aplastado por el ejército británico. Si bien se sabía que la insurrección contaba con el rechazo de la mayoría del pueblo dublinés, sobre todo en las clases bajas y en las mujeres, finalmente, la ejecución de sus dirigentes, uno a uno y durante semanas, en un verdadero baño de sangre, provocó la ira popular y el viraje de la simpatía de la opinión pública hacia los insurrectos.
 
Resulta tentador, para explicar esta derrota anunciada, apelar a una máxima que diría Lenin un año después, en octubre de 1917, y cuya ejecución fría y certera llevaría al triunfo de la revolución en Rusia: “Ayer era temprano, mañana será tarde, ahora es el momento”. Pero así como es cierto que el alzamiento parece haberse desarrollado prematuramente y sin tener la fortaleza necesaria para tamaña empresa, no es menos cierto que, casi con seguridad, el objetivo de los insurrectos no haya sido la toma del poder sino una acción fundacional, el lanzamiento de una idea que culminaría tres años después con la constitución del IRA y el comienzo de la guerra de independencia irlandesa.

A cien años ya, la miniserie Rebellion, que estrenó Netflix este año, como la aparición del libro La insurrección de Dublín de James Stephens (1880-1950) que acaba de lanzar Ediciones Godot, dan cuenta de este momento trascendental en la historia de Irlanda con rigurosidad histórica y belleza. Algo en común atraviesa el relato en ambos soportes y no es otra cosa que la pasión. Como debe ser, tanto imagen como palabra escrita introducen al espectador/lector en el corazón de los hechos, ya que el punto elegido para contar la historia está ubicado, precisamente, en el corazón de sus protagonistas. Rebellion, durante 258 minutos de tensión, ofrece impecables y comprometidas actuaciones en una mezcla de hechos reales con ficción argumental que potencia la narración. Por su parte, Stephens (miembro de Sinn Féin partido político de la izquierda irlandesa), construye un relato peculiar, un diario personal, mientras todo estaba pasando, en el que testimonia y reflexiona no sólo sobre los hechos militares y políticos, sino sobre los terrores y las miserias de la vida cotidiana. Se agradecen y emocionan los últimos capítulos, en los que el autor y militante deja constancia de su compromiso político y, sobre todo, rinde merecido homenaje a aquellos que  hicieron correr su propia sangre en nombre de la igualdad y la libertad. Vale aclarar: Sinn Féin quiere decir “Nosotros mismos”.

Raúl Zolezzi