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Redistribución de palabras y cosas

Me han pedido que deje de opinar sobre Mauricio&Cristina&Cristóbal. Escribiré sobre las papas: hay unas andinas riquísimas que siempre olvido cocinar. Justo hoy aparecieron en un aparador –un mueble de cocina que hizo las veces de aparecedor– cinco papines brotados.

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Me han pedido que deje de opinar sobre Mauricio&Cristina&Cristóbal. Escribiré sobre las papas: hay unas andinas riquísimas que siempre olvido cocinar. Justo hoy aparecieron en un aparador –un mueble de cocina que hizo las veces de aparecedor– cinco papines brotados. Las descubrió la señora que me ayuda en la cocina. No simpatizo con la institución del servicio doméstico, pero criando dos chicos chicos y un adolescente tardío dedicado al arte no me queda tiempo ni para corregir una columna de PERFIL.
La señora me preguntó qué pensaba hacer con los papines y le respondí que ya no servían:
—Son para tirar, señora Angélica.
Fue un error: la señora, que es peruana, me respondió enfatizando el verbo:
—Pues ahorita las “boto”…
En su país, donde igual que aquí votan a los políticos tramposos, “botan” la basura que nosotros “tiramos” y reservan nuestro verbo “tirar” para referir el acto sexual.
Todos los peruanos “tiran” pero no tiran cosas ni tiran de las cosas: las “botan” o “jalan” de ellas.
El pudor opera sobre el léxico. Ahora que hasta los chicos floggers de trece y los hombres de la Iglesia cogen, aquí nadie “coge un taxi” para llegar más rápido circulando por los carriles de ómnibus: los taxis se “toman”, como las bebidas. En la Argentina, tan sometida a la publicidad de vino, cerveza y de dañino fernet muchos “toman” porque “beber” se reserva al lenguaje escrito.
Por miedo al coger, aquí nadie “toma” ni “coge” nada con las manos: “agarra”. En todo el área hispanohablante, “caracol” designa a esos moluscos gasterópodos con cuernitos y, por extensión, a esa cáscara única que tanto lo sobrevive, pero mientras en las playas del Pacífico paseantes y coleccionistas caminan re-cogiendo conchas de bivalvos, los agarrantes argentinos “juntan caracoles”.
En Chile, no hay “picos” de ventas ni de fiebre: ambos son “peaks”, el tránsito se congestiona a la “hora peak” y los montañistas aspiran llegar a la “cumbre” porque “pico” no designa el tope de los cerros sino al colgante miembro de los varones. No obstante, los pájaros chilenos siguen teniendo picos y los pobres mineros siguen usando picos (“zapas”) pero son como especies en extinción y de ellos casi ni se habla en las ciudades del alargado país.
De paso anoto que los chilenos son tanto o más drogones que nosotros, producen poca, se toman prácticamente toda y casi no exportan droga. Tal vez por eso allí nunca el gobierno provocó “por error” una desradarización de dieciocho meses y jamás propondría una complementaria ley de blanqueo hecha a la medida de sus amigos.



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