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Reflexiones desde la tristeza

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Lo que está sucediendo actualmente con Hebe de Bonafini produce una gran tristeza. Creo, como muchos, que la lucha de Madres, Abuelas y familiares, no sólo fue por memoria, verdad y justicia, sino también fue una lucha que contribuyó a resignificar la idea misma de democracia, asociándola con los derechos humanos, algo que no aparecía en el discurso esquivo de ninguna izquierda argentina en la época.
Durante décadas las organizaciones históricas de Derechos Humanos levantaron la bandera de la independencia en relación con el poder político. Pero el kirchnerismo no sólo terminó con la bandera de la autonomía sino que distorsionó los objetivos esenciales de la organización de Madres, liderada por Hebe de Bonafini, convirtiendo a ésta en otra cosa, a saber, en una organización social más que vivía de los recursos del Estado. Sin embargo, la organización y Hebe de Bonafini siguieron actuando e interviniendo públicamente como si lo de ellos solamente tuviera que ver con la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, y no con viviendas, trabajadores, proveedores y vaya a saber cuántas cosas más ligadas a la construcción y su relación con el Estado.
No dudo de la culpabilidad de un delincuente serial como Sergio Schoklender, una figura siniestra y manipuladora, de múltiples negocios oscuros. Que lo digan si no, las organizaciones piqueteras que lo conocieron y lo padecieron, allá en Roca Negra, en Lanús, durante varios años. Creo, además, que la grandilocuencia del Poder Judicial –llamándola a declarar un jueves, día de las rondas y ahora pidiendo la captura– no es nada inocente. No podría serlo a menos que el juez sea ignorante, además de atrevido. Pero Hebe de Bonafini debería presentarse ante la Justicia porque en tanto responsable de una organización social que recibió recursos del Estado, no es inimputable.
Por eso lamento que no se haya presentado. Lamento que esto dé de comer a aquellos que confunden las cosas y disfrutan de la extensión del barro kirchnerista. Sobre todo lamento que los que hoy están condenados por crímenes de lesa humanidad, entre ellos los cincuenta genocidas que hace poco pasaron a arresto domiciliario, beneficiados por el nuevo clima creado por el gobierno de Macri, puedan llegar a estar festejando este espantoso episodio.
Ojalá dure poco y Hebe de Bonafini, que es alguien que pese a sus errores e hipérboles ha dado mucho por la sociedad argentina, se coloque a la altura de su legado en términos de derechos humanos, y se presente ante el juez. Somos muchos los que estamos esperando tal paso.