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Reflexiones en torno a la violencia

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Todo comenzó con la trágica muerte de un joven rosarino a raíz de una brutal paliza propinada por un grupo que lo acusaba de un hurto. Luego, a modo de efecto contagio, sucedieron otros hechos que, aunque con desenlaces disímiles, presentaron un denominador común: el intento de aplicar justicia por mano propia. La profusa cobertura mediática de esos hechos (incluyendo declaraciones políticas diversas) generó un sinfín de acalorados debates. Se mezclaron argumentos, ideologías, simplificaciones, chicanas y pasiones diversas. Esto propicia algunas breves reflexiones.

Describir, valorar y comprender. A nadie escapa que el modo de nombrar un fenómeno revela cómo se lo piensa. En tal sentido, “linchamiento” apunta a describir un acto consistente en ejecutar a alguien a quien se acusa de un delito, realizado por un grupo y sin que medie proceso legal. En cambio, “ajusticiamiento” o “justicia por mano propia” connotan una valoración justificativa del acto. Por otra parte, la calificación jurídica o moral de un hecho no invalidan ni su comprensión existencial ni la invocación de sus posibles causas sociales o políticas. Por ende, la referencia a lo último no necesariamente implica desconocer lo primero.

Así, cuando el juez Eugenio Zaffaroni sostiene que el linchamiento “no es legítima defensa, sino homicidio doblemente calificado por alevosía y ensañamiento”, tiene plena razón en cuanto al orden ético-jurídico. Del mismo modo en que la diputada Alcira Argumedo también tiene razón cuando señala que los linchamientos son consecuencias de la impunidad de que gozan las cúpulas del poder. Y el diputado Sergio Massa, luego de condenar los linchamientos, también tiene razones para señalar que eso ocurre porque hay un Estado ausente en materia de seguridad.
 
Dilemas circulares. Otra consecuencia del debate refiere al modo en que se establece quiénes son víctimas y quiénes victimarios. Así, descriptivamente, los linchamientos parecen determinar un enroque entre unos y otros. Un axioma de la comunicación que el psicólogo Paul Watzlawick, su creador, denominó “puntuación de la secuencia de hechos”. Básicamente, se sostiene que las conductas se suceden en una secuencia ininterrumpida de causalidades que, al momento de ser explicadas por quienes están involucrados, se secuencian de modo diferente conforme a intereses o preconceptos. Watzlawick entiende que la falta de acuerdo respecto del modo de puntuar esas secuencias es la causa de incontrolables conflictos en las relaciones humanas. Nótese que en el caso analizado existen dos explicaciones antagónicas asociadas a sendas puntuaciones de los hechos. Por un lado, la “tesis garantista” insistirá en que la delincuencia no es sino la resultante de la inequidad social de la que, como en el caso de los linchamientos, los excluidos terminarán siendo víctimas. Por otra parte, la “tesis justiciera” insistirá en que los linchamientos no son sino la consecuencia obligada ante una violencia delincuencial imparable e impune. Lo intensamente dramático es que, en parte, ambos tengan razón

*Director de González Valladares Consultores.



Federico Gonzalez