COLUMNISTAS DEL TRAJE A RAYAS AL PREMIO

Relato blanqueado

El Gobierno les abre los brazos a los capitales sucios y le pone épica a la claudicación. Los castigados de siempre.

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Ellos son cada vez más marxistas. Y nosotros, cada vez más boludos. Así comenzó mi columna de radio Continental que más revuelo generó. Provoqué la discusión por el inédito y colosal blanqueo que se transformó en un golpe letal para la mística militante emancipadora.

Aclaré que ellos, los del Gobierno, se aferran cada vez más a los dogmas de Marx, y nosotros, los ciudadanos, seguimos tragando sapos.

El volantazo que anunciaron los cinco Salieris de Cristina fue un cambio de frente a lo Bochini. La traen, la pisan, amagan a la izquierda, va, va y, de golpe, piff, pelotazo a la derecha. Cambio de frente y de convicciones.

Pasan con una gran velocidad de Karl a Groucho. Del Marx filósofo, nacido en Tréveris, al genial actor cómico norteamericano. Uno dijo: “El motor de la historia es la lucha de clases” y el otro: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”. Es la ideología del espasmo, de la desorientación disfrazada de progresismo. Viraje K: del “traje a rayas para los evasores” que había recitado Néstor a premiar a los delincuentes que lavan dinero. Grouchomarxismo puro. Si no le gustan mis principios, tengo otros.

Hasta hace 15 minutos, el dólar blue era un mercado ilegal, y ahora, a los que compraron esos dólares los felicitan y les hacen ganar más plata, más fácil. Venían proclamando a los cuatro vientos que el objetivo de este gobierno era pesificar la economía. La propia Presidenta lo hizo con sus plazos fijos y perdió una montaña de dinero con su apuesta a una soberanía monetaria que en dos minutos tiraron a la basura. Pero nada erosiona su fortuna. Esta noche, Lanata mostrará la mítica bóveda casera donde descansan en paz los billetes que, como Evita, volverán y serán millones.

Lo políticamente más grave es el ridículo que hizo por cadena nacional en su momento. Como dijo Perón, del ridículo no se vuelve. ¿Se acuerda cuando Cristina contó burlonamente cómo un empresario amigo le había dicho a Máximo que comprara dólares, que iban a estar a diez pesos? Estaban a 4,80 en ese momento. ¿Se acuerda que Cristina se mofó del dinero que iba a perder ese amigo de la casa? Bueno, el dólar superó los diez pesos. Es que muchas veces la realidad no encaja en el relato. La aritmética no es destituyente o revolucionaria, es una ciencia dura. A los números no se los puede engañar.

Hay que ser justos: no se puede responsabilizar de esta debacle solamente a Cristina. El cambio climático que se nos vino encima (como el mundo) generó una sequía terrible que está afectando al Gobierno. La sequía de dólares y de inversiones es grave. Pero peor es la sequía de ideas, de iniciativa y de coherencia. La economía está crujiendo cuesta abajo repleta de problemas. Y como gran solución, los cinco subministros de Economía anuncian un jubileo para los ladriprogresistas. Parece joda. Justo en el momento en que la sociedad está pidiendo a gritos que dejen de robar, cuando el Lázarogate puso en la mesa cotidiana de las discusiones la megacorrupción del Estado mafioso, en ese momento se abren las puertas para que los testaferros de los Lázaros Báez puedan traer el dinero negro y a cambio reciban aplausos, medallas y besos. No pagarán ni una multa ni un impuesto tardío. Pero cobrarán intereses. Y digo subministros porque hoy Cristina es la ministra de Economía, emulando a Néstor. Así nos va. Con medidas insólitas que sólo multiplican las torpezas que ellos mismos cometieron. Inventan remedios peores que la enfermedad. ¿O la virtual paralización de la construcción y de la actividad inmobiliaria no es consecuencia del cepo? ¿O la nula posibilidad de conseguir financiamiento de YPF no es fiel reflejo de la prepotencia y de la inseguridad jurídica que generaron? ¿O la alta inflación no es la que hizo estallar el termómetro malversado del Indec?

Preguntas de sentido común: ¿cómo van a hacer para que vengan los dólares si no pudieron parar la fuga de 80 mil millones desde 2007, cuando asumió Cristina? ¿Cómo van a generar confianza si todos los días tapan un hueco con otro más grande? ¿Cómo van a hablar de revolución y de ética con dos blanqueos destinados a favorecer a los estafadores?

El sabor amargo de la mayoría del pueblo (incluso muchos honestos votantes del oficialismo) puede resumirse en un cuentito de ficción de dos hermanos: Lázaro y Juan.

Tomaron dos caminos morales distintos. Lázaro sobrefacturó, cobró y dio coimas, no pagó un peso de impuestos, pesó los euros sucios y los lavó, los mandó en avión a Panamá y luego los dejó a buen resguardo en cuentas secretas en Suiza. Se atrevió a tanto porque se asoció con su amigo Néstor. Pero un día todo salió a la luz. Y el 70% de los argentinos creyó que era absolutamente cierto lo que iluminó el programa de Lanata. ¿Qué fue de la vida de Lázaro? Le pidió a un amigo no imputado que depositara en el Banco Central una parte de su fortuna. Toda no, porque es kirchnerista, pero no come vidrio. Por suerte, no le preguntaron nada y le llenaron otra vez los bolsos, pero con Cedin (Certificados de Depósitos para Inversión).

Juan hizo todo lo contrario. Nunca pasó un semáforo en rojo. Se rompió el lomo para estar al día con la AFIP. Tiene las uñas cortas y las manos limpias. Siempre creyó que el progreso personal debía ser producto del esfuerzo y la innovación. Cuando le dejan exportar los granos que produce, recibe 5,20 pesos por cada dólar, menos las retenciones. Y a Lázaro le van a dar 10 pesos más 4% de interés por cada dólar que evadió. Hizo los números y sacó la conclusión de que si hubieran tenido los mismos ingresos, Lázaro hubiese ganado el 70% más que él. Ser honrado le costó perder 7 de cada 10 pesos.

¿Qué fue de la vida de Juan? Por ahora está triste y desilusionado. Pero tiene una esperanza. Escuchó que el Gobierno está preparando un certificado de cancelación inmediata para él y tantos Juanes como él, llamado Boludín (Bonos para Lunáticos sin Dinero). Pobre Argentina: muchos decentes abajo y muchos corruptos arriba. Boludos abajo y marxistas arriba. Lo único que falta es que canten: “Groucho, Groucho corazón/ Acá están los pibes/ para la liberación”.



Alfredo Leuco