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Relato nac & pop

Cuando cayó el muro de Berlín, se desnaturalizaron algunas revoluciones que habían nacido con la Guerra Fría y aparecieron caricaturas banales de los movimientos del siglo anterior.

Cuando cayó el muro de Berlín, se desnaturalizaron algunas revoluciones que habían nacido con la Guerra Fría y aparecieron caricaturas banales de los movimientos del siglo anterior. Hace pocos días se postuló para la presidencia de Nicaragua Daniel Ortega, quien mejor personificó elementos del relato autoritario nac & pop: poder perpetuo, nepotismo y el Estado entendido como patrimonio de la familia gobernante. La salud de Ortega es mala y, para conservar el poder en casa, eligió como binomio a su esposa, Rosario Murillo, compañera leal que le fue fiel incluso cuando su hija, Zoilamérica Narváez Murillo, lo denunció por abusos sexuales. A veces la ambición de poder logra aplacar los instintos maternales.

Los Ortega se formaron en la guerrilla, pero nunca fueron muy ortodoxos. Cuando la revolución triunfó, el sandinismo decomisó los bienes de algunos somocistas, entre los que estaba la millonaria mansión de Jaime Morales Carazo. Siendo presidente, Ortega se la compró en mil dólares. La escandalosa transacción produjo enfrentamientos judiciales que terminaron con un acuerdo en el año 2006: Ortega se quedó con la casa y Morales recibió unos pocos muebles, el escudo de armas de su familia y la candidatura a la vicepresidencia de la República por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los sandinistas fueron creativos para superar la aburrida estética verde oliva: cambiaron el himno del FSLN por la Oda a la Alegría, y la roja bandera de la revolución por una rosada. Eso sí, conservaron los elementos de fondo de su ideología: férreo control de todos los poderes del Estado, corrupción sistémica, libertad de prensa inexistente, celebración periódica de elecciones sin garantías para la oposición, derechos humanos para los amigos y atropello salvaje para los disidentes.

Los antiguos líderes revolucionarios fueron distintos: dirigían sus pulsiones y empleaban los bienes que conseguían para luchar por su causa. Ni Lenin, ni Mao, ni Castro ni Dilma Rousseff hicieron política para acumular riqueza. No pasó lo mismo con los dirigentes del socialismo nac & pop que dejaron como legado países quebrados y descendientes millonarios. El chavismo logró empobrecer a Venezuela durante la década más rica de su historia, mientras sus dirigentes amasaban enormes fortunas y la hija del coronel, María Gabriela Chávez, se convertía en la persona más rica del país, con 4.200 millones de dólares depositados en Andorra y Estados Unidos. Pasó lo mismo con Isabel dos Santos, hija del líder de la revolución angoleña, que gobierna su país desde hace 33 años y es la mujer más rica de Africa.

 El relato fue siempre el mismo: atacaban a los ricos, luchaban por los pobres, les repartían subsidios para convertirlos en clientela cautiva, los defendían del imperialismo. Su discurso ignoraba cómo funciona el mundo contemporáneo, estaba lleno de mitos xenófobos que asustaban a la gente, y fomentaban el nacionalismo, el aislamiento y la resistencia a la modernización y a la ciencia.

Evo Morales es un exponente de ese relato, mezcla de denuncia, épica revolucionaria y comedia. Algunas de sus frases revelan la profundidad de su análisis: “Nuestros abuelos lucharon históricamente contra todos los imperios: Imperio inglés, Imperio romano, contra todos los imperios, y ahora nos toca luchar contra el Imperio norteamericano”. “En países como Puerto Rico y Cuba, los indígenas prefirieron autosuicidarse antes que ser esclavos de los españoles”. En su última reelección organizó una ceremonia vistiendo una bata (unku) de lana de vicuña y un pectoral de oro, plata y cobre, para atraer las energías cósmicas hacia su corazón. Decía que su atuendo y esa ceremonia respetaban las tradiciones de la cultura tiahuanacota, una civilización megalítica ágrafa que desapareció hace más de mil años y de la que se sabe muy poco. En su discurso dijo que los indios murieron en América porque esa fue una condición para que existieran el capitalismo y el imperialismo. Una historia imaginativa: los mataron los norteamericanos hace más de 500 años.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.